Ser dueña de la propia vida. Estar preparada siempre para salir corriendo. Saberse sola, plena, profunda, enamorada de sí misma, de la existencia como única experiencia.

Poder huir de los amores tortuosos. Tener consciencia de los vicios ocultos en la convivencia. Tomar distancia. Salir de los caminos erráticos. Ser libre. Ser grande. Rehacer los mapas.

Descubrir en el otro un espejo de tu propio infierno, una lección del universo materializada. Una historia inexplicable, un cúmulo de momentos sobrenaturales. Arder en el choque de las fuerzas opuestas que dentro nos hacen la guerra.

Poder salir del abismo neurótico, despertar del sueño tártaro. Respirar a la orilla del fuego, saberte a salvo, a punto de arrancar al vuelo.  Pensar el rumbo, amar la idea, mirar y soñar lejos. Susurrarte la existencia eterna.

Reventar el agua de adentro hacia afuera, salir de la tina, sentir que respiras por vez primera; dejar de sangrar las venas de las muñecas. Abrir los ojos, descubrir la vida. Aferrarte a ella.

Lograr abrir los ojos, zafarse de la soga, aliviar el cuello; equilibrarse, pisar de nuevo el banco sobre el azulejo, respirar como por vez primera, descubrir una vida nueva.

El tiempo camina hacia atrás. Los cuerpos se mueven con ritmo al pasado, puedo ver nuestros días transcurriendo al reverso. Nosotros gritándonos, nosotros pegando los cuerpos desnudos, sonriendo al atardecer, mirándonos a los ojos. Enamorándonos entre luces y sombras.

Regresar al presente. Imaginar que has entrado en un agujero de gusano.  Empacar la ropa, los libros, el cepillo de dientes. Observar la cama, el mueble de enfrente, saborear lo salado de una lágrima, recordar lo amargo de muchas prácticas.

Atreverte. Dejarlo todo. Empezar de nuevo, como siempre.

Abrazar al otro, perdonarse frente a frente. Reconocerse. Clavar un bisturí entre los corazones. Separarse. Desearse buena suerte.

Ser la huésped de sí misma. Estar preparada para irse siempre. Saberse sola, representarse, envolver la existencia como lúdica experiencia.

Descifrar el aire, sonreír ante la infinitud del tiempo. Tocarse por dentro. Dejar de tener miedo. Crear. Crearse. Acompañarse por otras que también son un relámpago iluminando el cielo.

 

Imagen: Erika Craig / http://erikacraig.com

Escrito por MARISABEL MACÍAS

Nació en Los Mochis, Sinaloa (1986). Es sudcaliforniana por convicción, y ahora, habitante silenciosa y turbulenta de la Ciudad de México. Licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), exploradora eterna de la sabiduría. Feminista. Lectora. Amante de la docencia. Promotora de lectura. Ganadora del Premio Estatal de cuento Ciudad de La Paz, 2014, con el libro de relatos PENNY BLACK. Becaria de FESTIVAL INTERFAZ DE ISSSTE-CULTURA 2014 (Primera generación). Publica en su propio Blog y en algunas Revistas virtuales (RojoSiena, Liberoamérica, Sudcalifornios.com, ProyectoCascabel, Pez Banana, entre otras). También cuenta con publicaciones en revistas impresas de circulación nacional (CantaLetras, Grito Zine, Solar y Libélula nocturna)