1

Somos tres,
abrazadas.

Miro a mis pies y no hay nada.
Miro a mis manos y no hay nada.

Pronto vendrán los invitados que coloquen distracciones en el plato.

 

2

Brutal, seco.
La lluvia será este centro que te digo nuevamente.
Árbol, manta.
Que alguien venga aquí a escucharme, hace frío y esto es hace tiempo.
Hace mucho tiempo la ventana es una excusa.

 

3

coloco mi antifaz y me despojo del mundo.
entonces escucho mucho la música…

realmente oí los animales gruñendo,
realmente un movimiento de los zancos en la tierra,
pautas de ritmo escondidas en cuentagotas
son reales.

ahí les confiaré mi intuición.

Hay una voz que promete que esto ya no se trata de egoísmo, entonces me debe estar besando.
Me abrigo de la luz que se me ofrece gratis.
Sigo el movimiento que siguen los perdidos.

La democracia habla de libertad en términos de armas, y eso entra en este poema.

 

4

Yo tengo la suerte de que mis amigxs me enseñen a perdonar
(mientras las páginas del diario)
y convertirme en canal pequeño de grandes aspiraciones.

Y ver que la lluvia es agua y no confundírmela con la lluvia.
Así amo a mis amigxs y sé qué es el amor.
Sumergirme en ello y vestirla
cuando la lluvia es agua y no lluvia.

Y yo tengo suerte de esperar, sentada seré canal,
y dejaré que pase, y se aleje,
y no vuelva igual ni yo sea la misma.

 

5

Esos volantes de sangre,
esas pausas, las pautas fúnebres
que tiene la mirada de quien está enamoradx,
como anticipando un terror,
como sabiendo desde antes
todo,
las veces de insomnio que le esperan,
como redescubriendo al amor
como pauta fúnebre primera
en la dependencia de la carne.

 

6

Una nena aúlla.
Un animal la entiende, y posa su hocico sobre la ventana.
Agudo el sonido de vajillas que se rompen, algo está saturando pero no es el ruido.
Algo ocupa espacio pero no se ve.

Escrito por Eugenia Christiani

1998. Buenos Aires, Argentina. Poeta.