Hoy soy diminuta
soy una mosca perdida en habitación extranjera
y todos los que me miran son arañas
todo se mueve tan lento
y me entra una pena tan grande
que desde mis ojos se ve el río Thames

todo es tan exacto
que mi lenguaje oblicuo rebota en sus esquinas
todo es tan exacto
que mi rostro indio no entra en sus espejos
todo es tan exacto
que mis besos no caben en sus mejillas
todo es tan exacto
que después de un polvo
tengo que despedirme de lejos
como pidiendo disculpas
sin mirarlos a los ojos
todo es tan exacto
que me avergüenza mi cuerpo
la velocidad de mi lengua
y mis dos apellidos

mi pasaporte tiene una mancha debajo de la palabra
nacionalidad

me da pena

a él nunca le pude contar que yo también sonrío cuando veo una polilla
que me dan ternura las abejas
que me hacen llorar las hojas secas
y que cuando lloro no termina
y lo que se ve en mis pupilas
no es el río Thames
es el Rímac
y se me va a las rodillas
y que todos los días
me muero demasiado
quiero demasiado
necesito demasiado
pero solo miro una silla
pero solo miro una silla
pero solo
miro
una silla

el calor me abraza de nuevo
como a las bancas donde duermen vagabundos
vagabundos tan blancos
vagabundos tan rubios
y me pierdo en buses de negros para sentir calma
les sonrío grande y loca
me sonríen grande y loco de vuelta
no estamos en el primer mundo nos decimos con las cejas
les beso toda la cara
y me la besan toda de vuelta
y nos vamos a un barrio pobre
para sentirnos en casa.

 

Escrito por Astrid Soldevilla

Lima, 1995. Poeta y fotógrafa. Fundadora del colectivo cultural Pez de Fango.