Me recibiste, aparentemente con los brazos abiertos, aunque nunca sentí el calor de tus abrazos. No los sentí porque te negaste a dármelos; pensé que no los merecía.

 

Me prometiste un mar de oportunidades y de posibilidades, me hiciste creer que a todos nos aceptan por igual y que la discriminación es un viejo mito para los incautos.

 

Me dijiste que era buena en lo que hacia, que mi futuro brillaba, que tenia grandes capacidades y que te enorgullecías de mi. Pero me hiciste sentir frustrada, insuficiente, un poco tonta. Me hiciste sentir como un fracaso.

 

Me aseguraste que la cordialidad era la mejor virtud, mientras me maltratabas con tus palabras bien pensadas y tus miradas de desprecio. Dejaste de saludarme en el pasillo de la casa porque me salí de tus reglas, me salí con la mía, gané.

 

Me convenciste de que estaba viviendo en el mejor lugar del mundo, a pesar de que mi corazón sentía lo contrario. Pero insistí en creerte porque al imperio no se le cuestiona, a la mamá no se le cuestiona; porque los errores de enfrentan caminando hacia adelante.

 

Me prohibiste parar. Me prohibiste fracasar. Me prohibiste cambiar de opinión. Me prohibiste llorar y quejarme. Me prohibiste ser lo que soy para construirme un yo más fuerte.

 

Me vendiste la idea de que hacer lo que no me gusta y sacarlo adelante me haría mejor para lo que si me gusta. Me vendiste la idea de que mi motivación debía venir del mañana y no del hoy.

 

Te paraste frente a mi mientras lloraba y me ignoraste, porque para ti las lagrimas que estaba derramando eran un berrinche.

 

Me drenaste toda mi energía, mis ganas, mi fuerza, mi inteligencia, mi creatividad, mi humor, mi belleza, mi curiosidad, mi feminidad, mi independencia, mi confianza, mi esperanza, mis palabras, mis pasos, mi ropa, mis libros, mi estilo, mi música, mis bailes, mi sonrisa, mi calor, mi luz, mi soledad, mi amor, mi cultura, mi respeto, mi ser.

 

Me dejaste vaciá, rondando por las calles de una ciudad por la que han pasado millones y donde aun me siento sola. Porque no crecí ni me hice más fuerte, solo logré sentirme profundamente cansada.

Escrito por Laura Jaramillo Duque

Bogotana, lectora, actriz, escritora y artista. Profesional Estudios Literarios de la Pontificia Universidad Javeriana y actualmente se encuentra haciendo una Maestría en Literatura Infantil en Goldsmiths, University of London en el Reino Unido. Correo: ljaramillod13@gmail.com