El secreto para leer un haiku consiste en poder imaginar de manera vívida la situación exacta en la cual fue escrito. Respecto a esto debe entenderse que su escritura no responde a un ejercicio intelectual abstracto- una persona escribiendo en su hogar, imaginando escenas- sino a la necesidad expresiva de retratar con honestidad una experiencia concreta que el autor ha vivido [Alonso Belaúnde, Temporada de lúcumas (Hanan Harawi, 2016)].

Con esta referencia a uno de los poetas jóvenes seguidores de la tradición poética japonesa en el Perú, he intentado esbozar lo que significa para mí el haiku:  pinceladas  escriturales que intentan capturar instantes hermosos, efímeros e irrepetibles de nuestra vida cotidiana. Pinceladas que en su armónica simpleza pueden llevar a nuestro corazón y mente a disfrutar de pasos silenciosos entre bosques de haiku.

 

1.
hojas de té
una taza
el otoño

 

2.
ficus en verano,
bajo tu sombra
un gato sueña.

 

3.
tortolita inquieta,
la garúa limeña
refresca tus alas.

 

4.
flor de calliandra,
de su néctar se alimenta
un colibrí.

 

El título de esta entrada fue inspirado en la antología poética Pasos silenciosos entre flores de fuji, de Diego Alonso Sánchez (Paracaídas Editores, Lima: 2016).

Escrito por Elizabeth Peláez Sagástegui

Elizabeth Peláez Sagástegui (Callao, Perú 1992). Estudió Literatura Hispánica en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Es miembro virtual del Círculo de estudios japoneses Tenjin (天神学団). Ha participado en la plaquette colectiva "El mar del ángel solo"(Lima, 2018).