La poeta venezolana, quien actualmente reside en Lima, Perú, conversó acerca de sus espacios, su relación con la escritura, la poesía, el sueño y su experimentación con el formato de las entrevistas imaginarias, que ha dedicado a figuras de la talla de Miyó Vestrini, Marguerite Duras y Anaïs Nïn.

I

A Diana Moncada la obsesionan sus sueños. Sueña mucho, dice, y fue la necesidad de preservar los elementos de su mundo onírico lo que la llevó a explorar, desde temprana edad, uno de los géneros del yo: el diario. En su casa solo había un libro, Pregúntale a Alicia, que también estaba escrito en clave de diario y narraba la experiencia de una joven que se iniciaba en las drogas. Diana lo repasó una y otra vez, alternando la lectura con su propio ejercicio narrativo, con las muñecas, la bicicleta, la relación con los amigos y los juegos en la cancha de su urbanización, situada en Casalta II, Caracas.

El diario sería, entonces, el primer acercamiento a un oficio que desarrollaría a sus anchas años después, pasando del diarismo y la entrevista —Diana es periodista egresada de la Universidad Católica Santa Rosa— al ensayo y la poesía.  

II

Afirma que algunas personas han señalado su exceso de imaginación “quizá como algo no muy prudente en ciertas ocasiones”, sin embargo, defiende que la imagen y el sueño han sido relevantes en la construcción de lo que ella llama su “universo”, un espacio con toda una mitología, repleto de historias, imágenes, paisajes y música. Su capacidad para imaginar es la razón de que, pese a haber vivido en uno de los sectores más peligrosos de la capital, no sienta que su infancia se viera afectada en ningún momento por la violencia circundante:

«La Casalta II de mi infancia es una ficción. No sé si existió alguna vez en realidad, lo cierto es que cuando la recuerdo con los ojos de mi infancia parece un lugar completamente diferente al que dejé hace un año cuando migré. Era un lugar con mucha luz y mucho verde, con problemas a mi alrededor que estaban completamente anulados por mis juegos y por las historias que creaba en mi cabeza. Recuerdo asesinatos, disparos, peleas de borrachos, insultos, incluso suicidios, pero todo eso, como ya lo dije, era un telón de fondo desenfocado, delante del cual mi madre y mis hermanos me ofrecieron la mayor sensación de protección posible».

III

Le gusta caminar. Describe los detalles de sus recorridos caraqueños como si los acariciara en la distancia: habla de La Pastora —parroquia con más de 120 años de fundada— de sus puertas y ventanas que evidenciaban el paso del tiempo y la decadencia vertiginosa, “eran como síntomas, como cuerpos sobrevivientes”; repasa las visitas a la Biblioteca Nacional, los recorridos por el bulevar Panteón, los bares del centro donde se reunía con los amigos antes de que la inseguridad de la ciudad la arrinconara en el hogar… y pone énfasis en la luz, la luz del Caribe, “una luz limpia y despiadada” que echa de menos ahora que reside en Perú.

En su manera de expresarse denota la sensibilidad que acabaría volcando a la creación poética. La obra de Hanni Ossott fue un encuentro que marcó un antes y un después en el norte de su escritura. Luego de un proceso de revisión, de ensayo, de búsqueda, presentó el que sería su primer poemario, Cuerpo crepuscular, al concurso de autores inéditos de Monte Ávila Editores en el 2013. Ganó.

Aquí todo arde

las paredes humean

la vida

huye por la ventana para respirar

el techo todo lo condensa

risas

         cantos

                      letras

                                  luz.

[Fragmento de poema sin título].

En palabras del jurado del certamen, Cuerpo crepuscular (2015) es un libro donde «el cuerpo es asumido como templo y la sexualidad como rito oficiante de ese recinto sagrado que nos completa para liberarnos». Comprender la feminidad, contrastar o rechazar las opiniones respecto al cuerpo, dejarlo ser, son algunos aspectos que palpitan en esos primeros textos de la poeta. Durante una entrevista para el portal Digopalabra.txt. Diana habló del proceso detrás de ese trabajo en los siguientes términos: «Escribí Cuerpo crepuscular quizá para aceptarme, para aceptarme con todos mis desbordamientos, toda mi rabia, todos mis miedos».

Curiosamente, para ella, tener en manos su primer libro supuso una alegría breve: reniega de él, de sus errores, ingenuidades y flaquezas. No obstante, sostiene que la furia inherente a esos textos es algo que todavía siente y que la reconecta con la mujer que fue al escribirlos.

IV

Diana es dispersa. Lo asume. Por eso necesita silencio y concentración a la hora de escribir. Siempre está trabajando y, a su vez, las imágenes se mueven en su cabeza con la alarma de peces en aguas inquietas. En la computadora es costumbre tener abierta una hoja de Word para atrapar las ideas al vuelo y también lleva encima una libreta para apuntar las cosas urgentes cuando está en la calle.

«Siempre digo que lo que escribo tiene y no tiene que ver conmigo», comenta, «me interesa más la posibilidad de imaginar otros mundos, otras historias, otros personajes, en lugar de quedarme en mi realidad. Sin embargo, obviamente, mis deseos, mis ansiedades y miedos se cuelan en mis poemas, pero mi aspiración es que mi mirada no se quede detenida ante el propio espejo sino que mire el mundo y que en ocasiones cree otros. Mi primer poemario tiene mucho de impulso y de biográfico pero apenas se publicó me di cuenta de que simplemente representa una etapa primaria de mi escritura. Ahora mis problemas son completamente distintos porque uno cambia y con ello la escritura. Me encanta imaginar personajes y vidas posibles aunque a veces sean proyecciones de algunos de mis deseos no concretados o sueños, o simplemente imposibles».

Con todo, hubo un tiempo en el que pensó que no podría escribir una línea más. Después de las protestas antigubernamentales de 2014, la crisis en Venezuela recrudeció. El desánimo y la angustia se entremezclaban con el desabastecimiento de alimentos y medicinas, y con la escalada de la hiperinflación que reducía el poder adquisitivo a su mínima expresión y obligaba —y obliga aún hoy— a muchos ciudadanos a comer de la basura. La situación llevó a Diana a tomar la decisión de emigrar a Lima en 2017 pero antes, ocurrió algo: de un tirón, pese a estar sumida en la desesperanza que tanto ella como sus compatriotas conocen desde hace años, terminó su segundo poemario, intitulado Los derrumbes.

«Y a partir de allí, no sé si a partir de allí, pero desde entonces es consciente, leo, comprendo y represento el mundo a través de lo poético. Lo poético lo domina todo, en mi caso, todo. Supongo que en medio del desastre, de la realidad atroz, le he dado a la imaginación el lugar más alto, si no fuese una máquina de imaginar, no sé qué sería de mí».

V

Tiene un blog: Antología de la conmoción, en cuyas entradas principales figuran los nombres de Valentina Tereshkova —primera mujer en viajar al espacio exterior— Amelia Earhart o Anaïs Nïn. Los dos primeros casos son ejercicios literarios, a medio camino entre la poesía y el ensayo, en los que la escritora lanza interrogantes que no esperan ser contestadas sino que le sirven para tender puentes, para dialogar con esas mujeres más allá de las biografías y los datos de archivo, para darles otra historia: «Amelia, confundiste el hambre de los cielos con tus manos excitadas por el olor de las grutas, tus manos marcadas por los signos del revés de la tierra».

El tercer caso, por su parte, ofrece un formato peculiar al que Diana define como “entrevista imaginaria”. Las preguntas que formula en estos textos son respondidas a partir de fragmentos de la obra del entrevistado y conforman un diálogo atrapante que brinda una relectura de los autores:

«Las entrevistas imaginarias han sido todo un descubrimiento para mí. Es una forma de releer y también de dialogar con los textos de una forma diferente. Muchas veces leemos libros que tienen mucha resonancia en nosotros pero no sabemos a veces qué hacer con esos ecos que siguen y siguen sonando. Yo descubrí que hacer entrevistas imaginarias a partir de ellos me acercaba a otra forma de comprensión de los mismos. Comencé haciendo un ejercicio a partir de los Diarios amorosos de Anaïs Nïn, y a partir de allí no he parado de imaginar nuevos diálogos. Normalmente escojo los personajes cuando hay lecturas que en un momento dado me tienen muy concentrada, pero otras veces pienso en algún autor que me fascina y busco libros con los que pueda dialogar en torno a sus ideas acerca de la literatura o sobre su propia vida. La selección de los fragmentos es ardua, me toma mucho tiempo, primero leo muchas veces, subrayo, luego vuelvo a lo subrayado y comienzo a armar el rompecabezas. Encuentro el tema de la entrevista a partir de los fragmentos que he subrayado intuitivamente y por último pienso en las preguntas, indagando en las razones por las cuales esos fragmentos me hicieron ruido. Así nacen, lo demás es carpintería».

La poeta y periodista venezolana, Miyó Vestrini, también se encuentra entre sus entrevistados imaginarios junto con la novelista francesa Marguerite Duras.

 

Un panteón personal

—Cuando dices mitología, yo pienso en dioses. ¿Debo tomar que Anaïs Nïn y Miyó Vestrini tienen un panteón cada una en tu universo?

—Claro. Un espacio importante. Son dos escritoras que me han atravesado, me han sacudido y me han hecho comprender varios de mis propios procesos, tanto creativos como relaciones con concepciones sobre el amor, la escritura, etc., digamos que mi diálogo con ellas nunca termina, sobre todo con Miyó, a la que le he dedicado años de lectura. Cuando conocí la poesía de Miyó, al poco tiempo, haciendo un trabajo para Historia de la comunicación en la Universidad, me encontré con sus reportajes en las páginas de arte en El Nacional. Ambos trabajos, el poético y el periodístico, me sacudieron y me siguen sacudiendo.

Diana se ríe. Admite, entre la pena que produce recordar ciertos momentos de la juventud, que incluso le escribió cartas a Miyó, “unas cartas bien ingenuas”, enfatiza, y vuelve a reír. Luego prosigue:

De Miyó he aprendido a desacralizar las cosas, a burlarme de mí misma, a quebrar a patadas monumentos. Lo contrario con Anaïs Nïn, de Anaïs me atrapa el sueño, lo mítico y lo sagrado. Parece contradictorio, pero me balanceo entre esas dos corrientes. Para Anaïs, el sexo es todo un ritual, el erotismo, todo es un ritual mundano, por supuesto, pero ritual al fin y al cabo. Miyó pisa todo eso, no hay rituales ni un carajo, hay soledad. La soledad en Anaïs es un espacio erótico respecto a sí misma, y es un espacio de creación. En Miyó la soledad es una mierda pero también una palanca para la creación. En Miyó es el tema de la soledad, porque se está tan sola, que escribe pensando en el otro.

VI

—Y ahora que tienes entre manos otro manuscrito, ¿cómo es el proceso de ensamblaje, de edición?

—El manuscrito que tengo está terminado, a pesar de que siento que nunca un libro se cierra completamente. Ensamblarlo es todo un proceso también de creación: darle orden a los poemas, continuidad en su narración o a veces romper con esa linealidad requiere rigor y sobre todo tener plena conciencia de lo que se quiere decir. También tiene que ver con el ritmo y la musicalidad de los poemas, ellos de alguna manera te dictan algunas pautas del orden en el que deberían ir para convertirse en un cuerpo que viaja ininterrumpidamente. En todo caso, es un proceso que requiere de mucha atención y en él es de mucha ayuda la lectura de otras personas que te ayuden a ver lo que ante tus ojos pasa desapercibido. Decimos con el fondo pero también con la forma, de allí que sea tan importante la edición.

VII

Diana solo es fiel a dos cosas: The Doors y The Velvet Underground.

Bueno, y quizá también a la poesía, a veces…

diana moncada

Dos inéditos

De Los derrumbes

 

El hueso de la tierra

Yo fui la talla obscena de los devastados,

en mi sexo brillaron las velas de los navíos.



De los hundimientos recibí la ofrenda del letargo,

la enfermedad besó mi seno malogrado,

fui diosa,

rama erecta,

latigazo.



Jirones de lava descendieron de mi cuerpo obscuro

y mi corazón fue el absceso de todas las invocaciones.



Cuando caí,

indolentes espesuras atravesaron mi cabeza.

La caída me besó,

la caída me enseñó a nombrar el destemplado hueso de la tierra.

*

De un poemario en proceso…

El rapto

Martín, estás en el ojo de  la nave nodriza. Allí los tiempos tiemblan como cuerdas de seda y entierran sus cantos en el seno de la eternidad. No sientas miedo, tu lenguaje tiene la transparencia de quienes han escuchado los efluvios lunares. Sin demasiados obstáculos alcanzarás el hueso de las tres sinfonías. No debes llorar porque tus ojos descansan sobre la fina capa de las arenas. El menor movimiento desatará mi rapto definitivo, desapareceré de tus manos como la luz de un faro en las tinieblas, olvidarás mi rostro en tu castillo blanco.

Volveré al sueño.

Te convertirás en el espejo vacío de todos los abismos.  

Nacerás sin mí.

 

*

Diana Moncada. Poeta y periodista cultural (Caracas, Venezuela 1989). Autora del poemario Cuerpo crepuscular (2015) que resultó ganador del Concurso de Autores Inéditos de Monte Ávila en el 2013. Prologuista del libro Al filo Entrevistas de Miyó Vestrini de la editorial independiente Letra Muerta. Columnista en la revista brasileña Philos y administradora del blog Antología de la conmoción. Su trabajo periodístico ha sido publicado en las secciones culturales de varios medios de comunicación venezolanos como El Universal y Contrapunto. Poemas suyos han aparecido en la Revista Poesía de la Universidad de Carabobo, Revista Insilo, Círculo de poesía y otras publicaciones. Actualmente vive en Lima.

Fotos: Jonathan Contreras (principal) | Cortesía RRSS

Escrito por Natasha Rangel

(Caracas, Venezuela, 1994). Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Correctora de Estilo en @cronicauno. Colaboradora en la revista «Liberoamérica». Ha publicado en los portales «Qué Leer», «Digo.palabra.txt» y «Revista Philos». Administra el blog personal «Coyote de ventanas». Un pensamiento retorcido de la infancia de Freud. Escribe porque es más barato que ir al terapeuta. No toma café.