Hoy en día les presento una obra digna de rememorar. No solo porque me trae grandes recuerdos —entre ellos, risas cada 2 o 3 renglones— sino porque aún en la situación actual de mi país natal, Venezuela, son palabras vigentes y de eterna reflexión. Como diría el mismo autor: el cambio depende […] de humoristas que den impulso a nuestra inteligencia, satirizando nuestros defectos y descubriendo nuestra desnudez…
Hablo del libro El código bochinche (diciembre, 2004) de el agraciado humorista Laureano Márquez. Se nos presenta en principio como un error de la edición, un panorama ridículo con poca coordinación. Justo esta actitud es la que desea crear Laureano en nosotros —sus fieles títeres—, para luego obsequiarnos la deliciosa sorpresa. El bochinche, esta palabra coloquial diseñada para referirse a la locura, el desenfreno, un desenfreno feliz, que suele caracterizar a los venezolanos, es el núcleo de la historia ficcional que nos muestra Laureano.
Abre la trama la famosa anécdota de Francisco de Miranda, quien, resignado a retirarse de una tierra que amó sin que hubiera reciprocidad, se encontraba en la Guaira a punto de partir a su casa londinense, mientras los patriotas —entre ellos Bolívar— lo acusaron de traidor y deciden encarcelarlo. A lo que Miranda responde indignado: ¡Bochinche! ¡Bochinche! Esta gente no sabe hacer sino bochinche. A partir de estos «Hechos» comienza un viaje sin retorno a la normalidad, por una sátira fiel a sus columnas publicadas en Tal Cuál; época ideal para un trabajo humorístico tan desafiante con el poder. La autocensura era una manera de surgir, porque al pensar que te podían censurar, ya estabas censurado —siento la confusión, es que al leer estas reflexiones se te nublan las ideas.
Estos ejercicios de autocensura son ajenos al humor: al fin y al cabo, una representación de la vida, inconforme, incluso con la inconformidad. Esto muestra Laureano a lo largo de su obra. Oriundo de las Islas Canarias, aunque más venezolano que un pedazo de casabe. Ha erigido su «fama» especialmente hacia la crítica política, una práctica que es, como diría él imitando —quizás exagerando un poco— a Carlos Andrés Pérez «el autosuicidio de uno mismo».
El código bochinche se enhebra con inteligencia en la trama de la novela de Dan Brown, El código Da Vinci —el título no es la única similitud que podrán encontrar. Parte de este ambiente ficticio para destronar a todas las piezas intocables, poderosas. Escudriña acerca de la identidad que nos hace tan peculiares, y bombea ideas partiendo de sus ídolos, como el extraño personaje de Miranda, descrito impecablemente por otro de sus ídolos, Uslar Pietri; y así como este polifuncional personaje, busca Laureano concluir la historia con una personal Oración para Despertar —claro que, mucho menos seria y pretenciosa que las de Pietri. Da con este libro un golpe sobre la mesa del humor para explicar que todo puede cambiar según te lo creas y lo hagas suceder, sin dejar de lado que con bochinche se goza un poco más.

Escrito por Samuel De Aguiar

Caracas, 1997. Escritor de vivencias, reportajes y crónicas. Estudiante de Letras en la Universidad Central de Venezuela. Coordinador editorial con la Profesora Carmen Verde Arocha (autora del libro como editar y publicar un libro) directora de la editorial Eclepsidra. Como diría el político, poeta, periodista, novelista, profesor (el escritor de mayor relevancia en venezuela en el siglo XX) Arturo Uslar Pietri: "Saludos a ustedes mis amigos invisibles".