“Maldito el soldado que dispare contra su pueblo”
-Simón Bolívar

Han pasado cinco meses
desde que inició la insurrección civil,
y en el aire se siente todavía
el olor a sangre, a muerte,
que dejó el cruel mes de abril.

Lo saben todos y hasta las piedras.
Los cementerios están repletos de cuadernos

y lápices, tareas.
En las penitenciarías hay más estudiantes
arrestados que asistiendo propiamente
a la academia.

Suben los costos en los mercados,
están cerrando las empresas.

“Solo el pueblo salva el pueblo” –dijeron–
los que ahora están presos,
en la Modelo y en el Chipote,
ya sin fajas, con los zapatos sin cordones, 
solo en shorts, y en chinelas
asediados por los grandes barrotes de hierro
que, como frutas maduradas antes de tiempo,
han de pudrir sus almas, en los tristes galerones.

Mientras afuera una masa
bicolor y enorme,
grita, inmoladamente:

¡No a la guerra! ¡No a la guerra!

Con los pechos cubiertos de flores,
y amarradas en sus frentes nuestra bandera,
pidiendo la libertad de la juventud
que se pudre, poco a poco, en tristes celdas.

 

                                                                           Septiembre, 2018′

 

Escrito por Salvador Zambrana Gutiérrez

Salvador Zambrana Gutiérrez (Managua, Nicaragua, 1997) es comunicador y poeta.