Hondo respiro.
Profundo.
Primera bocanada.
Me sumerjo.
Un silencio hueco.

Abrazo lo que percibo como un vacío naciente.
Al fin, vuelvo del nido del que un día salí
y me reencuentro con los brazos de una niña.

Una brazada,
Otra, tras otra.

La mecánica de este instante
me hace pensar en el corazón.
Pero no es lugar para pensar.

Me coordino, me sumerjo.
Una bocanada nueva,
otra.

Vacío. Burbujas flotantes
se turnan en mi cráneo.
Fuerzo un poco más
para dejar espacio suficiente.
Sosiego,
el tiempo diluido en nada.

Me sumerjo.
Permanezco en la quietud.

Me hundo en la flor de loto
y observo el fondo.
La retina hace un amago de ahuecarse,
de voltearse sobre sí misma, reducida.
Establezco así un enfoque nuevo.
Una bocanada más,
otra.

Sé que estuviste al final, donde el ojo cansado,
pero a esa revelación
llegaría más tarde. Fuera.
Lo que me consuela.
Porque aquí
ya no puedes estar.
No hay lugar para ti
en este mar de cosmos.

Me sumerjo de nuevo,
sobreviene otra bocanada,
Tras otra.

No cabe más aire en mi pecho ardiente.
Los engranajes del corazón quieren romperse,
pero yo no los suelto.
Sigo en esa danza desbocada.
Otra más. Otra.

Me quedo ahí, sigo deslizandome
al ritmo de una corriente imaginada,
Tiempo en que todo se para.
Mi interior descansa en este instante.
Y la inmortalidad, por segundos,
parece ceder a una caricia.

Todo corre, mientras yo fundo
Mi isla en esta agua que no es mía
Pero cuyo aire me pertenece.

Aquí, forjo mi escudo, mis brazos
Son quienes se tuercen y se envuelven.
Adquieren la vida que a veces me falta,
Se desvinculan: autodidactas.
El Tiempo, el Vacío, la Nada,
aquí debajo,
existen.

La carne es lo único que me separa
Entre el instante y el acto de existir.

Mi boca, que se abre y se cierra
Mis dedos, sienten y se encuentran
la lucha de mi cuerpo en esta frágil gravedad.
La rebelión de la carne que se doblega,
extediéndose más allá de sus propios límites.

Al fin, me encuentro con mi cuerpo
y me centro en todo él,
En su fuerza, su capacidad de expansión.
Llega la bocanada final.
Descanso.

Ahí debajo todo pasa,
nada me pesa.
El cuerpo sale indemne de su órbita,
sabe que volverá más pronto que tarde,
al lugar en donde todo se comprime.

 

 

Escrito por Sandra Fuentes de Azevedo

En un eterno 'mutatis mutandis'. Original de Cantabria (1994, España) Estudió el Grado en Español: lengua y literatura por la Universidad de Valladolid. Actualmente se encuentra terminando el Máster en Estudios literarios por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado poemas en la cuadragésimo tercera y cuarta edición de la revista "Así vivimos y así gritamos" (2016)