La lógica del juego parece ser la siguiente: la HCAN (Hans Christian Andersen Now) es una editorial que existe y que no existe. Es decir, existe porque Bárbara González (escritora y publicista) y Roberto Rosales (arquitecto y diseñador editorial) han trabajado en ella en su taller de Ciudad de México, porque han tirado 300 ejemplares del Joven Club Werther, porque tienen entre manos la materialización impresa de otros imaginarios, porque así, Hans Christian Andersen Now, se llamó el Tumblr de Bárbara que alimentó de 2010 hasta hace unos cuantos meses y en donde fueron trazados los primeros lineamientos estéticos de este imaginario, divertida mezcla de aristocracia en bancarrota, nostalgia de los sesenta, humor negro, post punk y decadentismo finisecular.

No existe, porque la HCAN no tiene licencia editorial en México, ni ISSN, ni depósito legal, ni nada; al menos no por el momento. No existe porque la HCAN es en sí misma un imaginario: la longeva y prestigiosa editorial sueca cuyos productos estuvieron a la altura de publicaciones tales como The New Yorker o Lapham’s Quarterly, e incluso la revista Sur o la Revista Moderna, y cuyos legendarios ejemplares todavía se pueden conseguir en subastas y bazares alrededor del mundo.

Ocurre un poco lo mismo con el Joven Club Werther, una revista imaginaria publicada por una editorial imaginaria. El juego se monta sobre la misma dinámica ya descrita. En base a la primicia de una desaparecida y elegante revista del corazón que vuelve a ser publicada, se ha convocado a diecisiete autores (entre poetas, ensayistas, ilustradores y preadolescentes) a desarrollar contenido para el número cero de la nueva época dedicado a la temática de los instructivos.

 

La lista de colaboraciones no es nada despreciable: ensayos de José Velasco, Guillermo Núñez y Atahualpa Espinoza; artefactos textuales y no textuales de Yehosafat Ríos, Diana Cuevas, Laura Balboa, Cuauhtémoc Padilla, Carlos Ruiz Palominos, Victoria Veytia, Paulina Magos y Elizabeth Calzado; diez ejercicios de escritura creativa por Horacio Warpola, ilustrados por Luciana y Simona Solórzano; un relato inédito de Gerardo Arana; y consejos de parte de  Danna y Mildred, dos chicas de 12 años de edad que contestan las preguntas de amor que Ian Curtis y Steven Morrisey formulan desde las azotadas letras de sus canciones.

La constelación de nostalgia en la que armonizan estos elementos, lo mismo que la meticulosa labor editorial, hacen de esta revista un objeto valioso, material y simbólicamente hablando. Se trata de una apuesta por el producto físico y por la experiencia de lectura que ello implica. Mediante un proceso de producción autogestiva, en donde el involucramiento de los editores con el proceso de impresión ha sido fundamental, la HCAN es quizás uno de los esfuerzos editoriales más prometedores.

La HCAN ha presentado el Joven Club… en la feria de libros de arte TirajeMX en Querétaro y en Alumnos 47 en Ciudad de México. Recientemente ha organizado un campeonato de ping-pong entre narradores y poetas en Casa Tomada de donde la prosa salió victoriosa una vez más representada en esta ocasión por la paleta del novelista Daniel Saldaña París.

Como ejercicio colaborativo, el Joven Club Werther surge precisamente como aquello que sugiere; un club de corazones rotos o de suicidas bienaventurados, una fiesta de té, un fuerte en la sala, una casa del árbol; o mejor dicho una casa del cactus, tal y como parece ser la silueta de su falso sello editorial. De esta manera el lector comienza a tener la vaga sensación de pertenecer a todo esto, de formar parte de parte de este club en donde el único requisito pareciera ser no encajar en ningún otro lugar, o como escribe Graciela Romero: “el Joven Club Werther me dejó unirme a él y, al fin, pertenecer a algo en donde no tengo que pertenecer”. Un hallazgo al final de la revista recompensa al lector: la credencial oficial para ser llenada por el interesado y firmada por la persona amada; una credencial que lo acredita, entre otras cosas, a saltar en la cama, sostener retas de ping-pong a muerte y llorar en espacios públicos. Sean bienvenidas y bienvenidos a este club, las puertas están abiertas para sus miembros.

Ejemplares del Joven Club Werther pueden pedirse aquí.

Fotos: Horacio Warpola

Imagen de cabecera: cortesía HCAN.

Escrito por Antonio Tamez

(Ciudad de México, 1984).Ha publicado los libros de cuento Bengala (Herring Publishers, 2010) y El templo de los animales disecados (Montea, 2017). Es Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Querétaro y estudió el Diplomado en Creación Literaria por la SOGEM. Actualmente cursa los estudios de la maestría en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Guanajuato.