Desde que tengo memoria me ha gustado conversar con la gente, sobre todo cuando tengo la certeza de que no volveremos a encontrarnos y, entonces, podemos hablar con cierta libertades. De entre todas esas conversaciones que he sostenido con desconocidos, las que mejor recuerdo las he mantenido con taxistas, aun cuando cada persona, independientemente de su oficio, es capaz de contar anédcotas increíbles.

Alguna vez, por ejemplo, le conté a un taxista que por lo menos tres veces en entornos completamente diferentes me habían preguntado si conocía a cierta persona y las tres veces había respondido: “Claro, es un idiota”; naturalmente, las tres veces me habían respondido: “Pues es muy amigo mío”. Entre risas, el taxista me contestó que eso no era nada. Él, una ocasión, mientras estaba en turno, recibió una llamada muy importante de la esposa de su mejor amigo: Julián había intentado suicidarse. Ya de camino a casa de su amigo, subió a una señora porque iba para el mismo rumbo y en el transcurso del viaje la señora le preguntó si estaba bien, porque se veía preocupado.

-Sí, sí. Lo que pasa es que un amigo se trató de matar y como no pudo voy a ir a verlo.

-Pues espero que se mejore.

-Sí, yo también. Pero es que ese cabrón también se busca todos sus problemas.

-¿Ah, sí?

-Sí, y tampoco le ayuda su pinche suegra. Todo el tiempo reclamándole cosas, revisando si ya pintaron la casa, si ya terminaron de construir no sé qué, si los niños, si la comida, si la luz. No se le quita de encima.

-No me diga. Qué mal…

-Y además ahí vive, con ellos, entonces es diario. Ya me había dicho que estaba harto.

-¿Y cómo dice que se llama su amigo?

-Julián.

-Ah, mire nada más…

Cuando cayó en cuenta de que su pasaje era la suegra de su amigo, apagó el taxímetro y se fue callado el resto del camino. 

Así pues, aquí reuno cinco conversaciones más que, como ésta, me parecen, cuando menos, peculiares.
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23 de noviembre, 2014

Ayer un taxista me venía platicando de los coches que le gustan: los Audi, el Corvette, algunos Volvo, pero no todos. Dijo también que el Camaro es un coche muy feo, de esos que se compran los pendejos en cuanto les cae algo de lana. En respuesta, le comenté que siempre me han gustado los Jaguar, aunque en realidad no sé nada de coches. El taxista se quedó callando unos segundos, pensando si contarme algo o no. Pasada la duda, comenzó:

-El cabrón que ahorita está de director de Impacto Ambiental del Estado de México o no sé bien qué puesto, pero que trabaja en algo de eso, antes vendía jitomates en la Central de Abasto. No sé bien cómo llegó ahí, pero nomás se juntó una lana y lo primero que hizo fue comprarse un Jaguar.

-Es que están bien chingones.

-Pues ese güey lo primero que hizo cuando me vio fue preguntarme que cómo lo veía. Y yo le dije que qué pinche coche tan feo se fue a comprar. Pero se lo dije con una de esas envidias cabronas, ya sabe. Tuve que escupir para no envenenarme con mi saliva. Pinches vestiduras de piel bien bonitas, pero yo le dije que estaba bien pinche feo, le dije: “No mames, sí dejan los jitomates, ¿eh, cabrón?”. Ja, ja, ja. Pinche envidia, joven.

* * *

1 de julio, 2015

-¿Ya de la chamba, joven?

-Algo así. Vengo de dar una clase.

-Ah, va. ¿De qué?

-De jiu jitsu.

-Uy, uy, uy, ¿a poco sí muy locote? No se me vaya a enojar.

-Ja, ja, ja, ja. No, para nada. Sí hasta me he vuelto más tranquilo. En la prepa sí era más pesado, pero ya se me pasó, y con esto, todavía más.

-Fíjese que el otro día se subió acá un ala defensiva de las Águilas Blancas. Grandote el cabrón. Nomás se sentó y el pinche taxi se fue de lado ja, ja, ja. Me venía contando que estaba bien locote, que lo quisieron tranquilizar, pero más bien era intimidar. Le mandaron a unos polis y que se los madrea. Dos pinches años en la cárcel. Pinche loco, me dijo que él ya no madreaba que ya destrozaba a la gente. Me venía contando sus desmadres con el taxi todo ladeado ja, ja, ja.

-¿Y usted nunca le hizo a las artes marciales?

-No, pero hay una película que me gustaba mucho. No me acuerdo como se llama. Un día llegó mi nieto cuando la estaba viendo y me dijo: “Abue, abue, ¿qué son las katas?”. Y que me pongo a hacer katas con él. Al otro día me dolía todo, ni me podía mover. Ja, ja.

-Ja, ja, ja. ¿A poco sí?

-Aja, pero, no me lo va a creer. Después vi una caricatura, no sé si la conozca, la de Gokú. Y entendí que la defensa personal no es para madrear, es para detener. No sé cómo se llama esa energía que sacan de la mano, porque todavía me falta, pero está cabrón, pinche Gokú.

* * *

18 de julio, 2015

-¿Qué les estaba vendiendo el carnalito ese que decía que sí podía vender 100 en un día?

-Ah, no, nada ja, ja. Es el gritón del sitio, pero dice que en su día libre chambea vendiendo Vive 100. Se supone que en ocho horas tiene que vender 100 de esas cosas y le tocan 300 pesos.

-Chale, es bien poquito, qué hijos de puta. Igual que los de Bon Ice.

-Pues sí, pero le pagan más que aquí en el sitio. Creo que le tocan 200 por día.

-Ah, qué mal pedo, eso está más gacho.

-Pues sí, por eso se emociona.

-¿Y usted nunca trabajó en algo de eso de ventas?

-No, o bueno, no directamente. Yo sólo he tenido dos trabajos: tuve una pollería que me regalaron, me la regaló el señor con el que trabajaba ahí porque se fue a Tehuacán, Puebla a abrir una bodega de aceites, huevo y pollo. Como le iba a ir más chido allá, me regaló el changarro en el que trabajábamos ahí en el mercado de las Águilas. Y pues con la lana que salía de ahí,porque sí sale, con esa lana me puse otros changarros. Tuve un videoclub y una carnicería-verdulería-pollería. Nombre, ya andaba de vacaciones en Acapulco y Puerto Vallarta porque sí sale, en serio sí sale.

-¿A poco así de buenas le regaló el local ese señor?

-Ajá, nomás tuvo que firmar que me cedía el local en un documento y ya. Yo hice lo mismo. Estaba bien arriba, todo emocionado, sacando lana chido, y que le regaló el local a los chavos que me ayudaban. Eran bien buen pedo. Me ayudaban en las mañanas o en las tardes, en sus horas libres, y yo los dejaba ir a la escuela. Ahorita varios ya tienen carrera, son contadores y quién sabe qué más cosas. Pero me ven y me agradecen. Me dicen: “Usted nos enseñó a trabajar”.

-¿Y qué pasó con los otros negocios?

-Pues el videoclub tronó como al año. O bueno, no tronó. Como empecé a hacer lana, me empezaron a seguir las mujeres. Y en corto me casé con una. Pues igual de rápido me divorcié y se quedó ese changarro, pero igual quebró. Duró como 10 años, pero ya ve que ya nadie renta películas. Igual estuvo bueno, en esos viajes conocí a la esposa del gerente de Videomax y me dijo “yo te hago el paro par que mi esposo te venda barato”, y pues que me emociono y que me surto, una copia o dos de cada una, pero de un chingo de películas. Pinche lanota, pero ps sí salía.

-¿Y cómo acabó acá?

-Me harté de pagar todas las cosas y de trabajar tanto en la carnicería-verdulería-pollería. Me iba bien, vendía un chingo a domicilio. Es más hasta empecé a llevar pollos vivos allá por El Oro, por Toluca, porque allá la gente está acostumbrada a que les mates el pollo en frente. Pero ps me harté y lo traspasé. Ahora tengo este taxi.

-Ah, ¿el taxi es suyo?

-Sí, tengo tres, pero ps no gano igual. Estaba más chida la pollería del mercado, más popular. Todo se vendía en chinga. Les hubiera regalado el videoclub a los chavos esos.

* * *

6 de agosto, 2015

-¿A dónde va, joven?

-A San Pedro de los Pinos, pero por favor váyase lo más rápido que pueda, ya se me hizo bien tarde.

-¿A qué va, joven, si no es mucha indiscreción? Se ve que lleva prisa.

-Tengo que dar una clase a las 7, a ver si llegamos en 20 minutos.

-Sí, cómo no, vámonos rápido, ahí me va diciendo. ¿Y clase de qué, maestro?

-De jiu jitsu brasieño.

-Ah, mire. Qué padre. ¿Y lleva mucho en eso, maestro?

-Pues poco menos de tres años, pero ahí va la cosa.

-¿Y nada más da clases de eso?

-Sí, ahorita sí. Pero hace años daba clases de guitarra a un chavo de por mi casa.

-Ah, qué bonito, maestro. ¿Y no toca el acordeón o el bajo?

-No, nada más guitarra.

-Ah, es que el acordeón es bien bonito, maestro. ¿Y siempre ha dado clases o cómo es eso? Es que yo trabajé en contabilidad toda mi vida, apenas el año pasado me jubilé y agarré este taxi. Como que no me imagino eso de dar clases.

-Ah, ya. No, pues un tiempo vendí tarjetas de crédito, pero no le deseo eso a nadie, pinche chamba horrible. Esto me tiene mucho más contento. Dar clases está chingón, la verdad.

-Pues cómo no, maestro, sí se ve que le gusta un montón. Yo estaba contento con eso de la contabilidad, pero ya era un chingo. Me quitaron un montón de tiempo en esa chamba. 30 años de mi vida se me fueron en eso.

-Pero ya tiene su pensión. A mí a ver si me alcanza para pagarle completo ahorita jaja, porque nada más traigo como 100 pesos y mire nomás este pinche tráfico.

-No se preocupe, maestro, ahorita que lleguemos allá vemos. Ojalá que le vaya mejor pronto. Mire, mis sobrinos de 16 y 17 años ahorita están dando clases de box. Bueno, no ahorita, ahorita, pero a eso se dedican. Llevan unos años entrenando, por eso les puso un gimnasio su papá y ellos dan las clases. O sea, él compró todo, les puso piso, aparatos, y esas cosas y ellos dan las clases.

-Están bien chavitos, ¿no?

-Sí, maestro, bien chavitos, pero ya le dije a mi primo: “No seas cabrón, págales bien. Si te caen explotándolos va a ser un pedo porque son menores de edad”. Entonces, ojalá sí les pague bien. La verdad no sé cuánto ganen, maestro, pero yo veo que sí se compran sus cosas. Espero que les vaya bien.

-Esperemos.

-Mire, la cosa es hacer lo que le gusta a uno. A mí esos de ICA ya me chingaron 30 años y la neta esto del taxi no está mal, pero igual no deje que le pase eso.

-No, pues no. Mire, ya es aquí en la siguiente esquina. Le doy los 100 pesos, muchas gracias.

-No se preocupe, maestro, aquí andamos. Ya es bien tarde, ojalá sigan ahí sus alumnos.

* * *

22 de septiembre, 2015

 

El sábado pasado conversé largo rato con el taxista que me llevó de Barranca del Muerto y Avenida Revolución a Plutarco Elías Calles y Eje 8. El señor, no recuerdo cómo, se puso a hablar de su infancia enseguida.

-Viví en un orfanato desde los siete años.

-¿Cómo?

-Desde los siete años viví en un orfanato. Fue algo muy culero, porque ninguno de los niños que vivían ahí tenía mamá y yo sí tenía. Yo creo que sentían envidia y por eso me chingaban como me chingaban, pero era una pendejada porque mi mamá me había abandonado, me llevó al orfanato ese y ellos nunca la habían visto. No tenían idea de lo que era eso, que tu mamá te dejara en una casa hogar, pero igual me chingaban.

-¿En dónde estuvo internado?

-Ahí en el Olivar del Conde, por el mercado. Ahí hay un orfanato de San Juan Bosco o no sé qué, en ese estuve.

-¿Hace cuánto?

-Pues échele, tengo cincuenta y dos años, eso habrá sido hace unos cuarenta y cinco, pero me salí a los nueve. Ya no aguantaba y me escapé. Dejé a mi hermanito ahí solo, porque yo ya no podía.

-¿A poco su mamá también llevó a su hermano? ¿Cuántos son en total?

-Somos tres. En ese momento teníamos siete, cinco y tres años.

-Ah, ok. ¿O sea que se quedó con el más pequeño?

-No, la de enmedio es niña y mejor se la quedó a ella y nos dejó al de tres y a mí en el orfanato.

-¿Y cómo dio con su mamá cuando se escapó? ¿Qué pasó con su hermano menor?

-Pues una vez iba en un taxi con una de las monjas del orfanato y me dijo que por ahí por donde pasamos vivía mi mamá -hizo un ademán con la mano como señalando un área incierta casi con desprecio- y me acordé. El día que me escapé me fui caminando del orfanato hasta Periférico. Para mí eso era un chingo, ahorita ya no es nada, pero ese día sentí que caminé un chingo y cuando me di cuenta ya estaba en la calle que me había dicho la monja. Estuve buscando un rato hasta que volteé hacia arriba y vi a mi mamá lavando la ropa en un balconcito y le grité: “¡Mamá, mamá!”. Se sorprendió mucho de verme, pero nomás me preguntó que qué hacía yo ahí y que dónde estaba mi hermano. Le dije que seguía en el orfanato y me pidió que regresara y lo cuidara, pero yo le dije que no, que no iba a regresar nunca. Y mire qué cabrona era mi jefa o no sé si se traumó o qué, pero se tardó una semana en aceptar que tenía que regresar por su hijo, que no podía dejarlo ahí olvidado Yo no sabía qué hacer, pensaba que estar ahí le cambiaba la vida a mi mamá, pero no iba a regresar. Pensaba: “Ya nos tuviste, ahora nos das de comer”.

-No sé qué decirle.

-Pues así pasan las cosas. Después de que nos cuidó unos años nos volvió a dejar. Nos corrió de su casa porque ya no podía con nosotros y tuve que trabajar desde entonces. Yo tenía quince años.

-Y sus hermanos trece y once, ¿no? ¿Y qué hizo después?

-Ajá. Pues cada quien es dueño de sí mismo y de su vida. Pero pa qué le miento, tuve muchos problemas de soledad. Yo sabía que tenía que buscar una religión porque me sentía muy solo. Entonces conocí muchas religiones. Una vez estuve en una secta o algo donde degollaron a una gallina encima de una muchacha desnuda. La muchacha estaba en cuatro sobre una mesita y después de que el sacerdote mató a la gallina se levantó la sotana y se cogió a la morra. Alrededor de ellos, cuatro parejas más tenían relaciones en el piso, como viles perros. Me acuerdo que era en los puntos cardinales y que a mí me dijeron “tú siéntate allá, en esa piedra”. No sabía qué estaba haciendo, pero sé que no era una misa negra porque era a san Hipólito, nada de que el demonio y eso. Habré tenido como diecisiete años. Después de eso pasé por otras religiones, pero ya al final me hice budista. Llevo treinta y cinco años de budista. “¿Quieres ser como yo? Haz lo que yo. Yo no sigo a nadie”, eso dice Gautama. Y eso hago, yo soy dueño de mi vida. He vivido en Zacatecas, en Durango. Los últimos diez años viví en Querétaro y traté de hacer una familia, pero no pude. Esa vida no es para mí. Y llevo siete meses de regreso en la ciudad.

-¿Y no volvió a ver a sus hermanos o a su mamá?

-Sí, claro, somos familia. De hecho regrese un poco por eso. Estos meses he tratado de reunirlos, pero fui a ver a mi mamá y tiene mucho miedo de que mi hermano le haga daño o la lastime.

-Pues ni modo que no le guarde rencor.

-Pues sí, pero yo no le voy a hacer nada. Y creo que mi hermano tampoco le haría nada. Eso pasó hace casi cuarenta años. Yo sólo quiero reunir a mi familia.

* * *

 

Escrito por Ulises Granados

Ulises Granados (Distrito Federal, 1984) ha publicado minificciones, poemas, ensayos y cuentos en revistas como F.I.L.M.E., Deletéreo, La liebre de fuego, Primera Página, Lee+, Mígala y Punto en línea. Desde 2009 elabora el blog Antología sin poesía (www.antologiasinpoesia.blogspot.com). Es guitarrista de la banda de rock swing Cotton’s. En 2013, lanzaron Cotton’s, su primer EP, el cual reeditaron en 2016 con dos tracks nuevos. Es practicante de jiu jitsu brasileño y judo.

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