Todos me dicen que se fue y que no volverá, yo no entiendo a qué se refieren porque todos estamos aquí. A medida que pasa la tarde van llegando personas a la casa, yo no conozco a nadie, aunque todos se me acercan a decirme que me conocieron cuando era muy pequeña y que lo sentían mucho, ¿por qué se disculpan conmigo sí apenas nos conocíamos?

Estoy muy aburrida, todos son grandes y están muy serios. Yo no alcancé a empacar mis colores. Mi mamá está muy ocupada atendiendo a la visita, mi hermano está fuera del país y mis tías están hablando con unos señores vestidos de blanco en el cuarto de mi papá. Así que tampoco tengo con quien hablar. Ya quiero que sea de noche y que todas estas personas se vayan de la casa para poder estar con mi papá en paz. Podríamos ver una película, aunque él ya se las vio todas. Decidí sentarme un rincón a esperar a que algo pasara. Y así me quedé por un largo tiempo, esperando y observado como cambia todo a mi alrededor.

Mi mamá me levantó muy temprano. Pasé muy mala noche, siempre que duermo en un lugar distinto a mi cama paso mala noche. Tengo que organizarme rápido, sólo hay un baño para todos y vamos a ir a misa. No me gustan las misas, son lentas y aburridas, pero sí no me organizo rápido seguramente me van a regañar; no estoy de ánimo para que me molesten…en la iglesia veo a todos los que nos visitaron ayer. Como era de esperarse ninguno me saludó, aunque varios me miraron con una sonrisa forzada y condescendiente, y otros me dieron una palmadita en la espalda. Esta situación me estresa, tengo sueño y me siento sola. A pesar de todo, lo único que puedo hacer es seguir a todo el mundo, pues al parecer todos vamos al mismo lugar…

Llegamos a un cementerio. Mi papá ya estaba aquí, supongo que no quiso ir a misa. Se ve muy raro, envejecido y triste. Nadie le habla, él tampoco le habla a nadie, ni siquiera a mí, ¿estará bravo conmigo?, ¿cómo envejeció tan rápido?…después de un largo sermón sobre la muerte, el cura pidió que metieran un ataúd al horno crematorio. Caminamos hacia los carros para devolvernos a la casa. Mi papá se quedó al lado del horno como si estuviera esperando a que algo pasara. Se quedó en el cementerio y no volvió.

Lo he estado esperando por mucho tiempo. La vida ha comenzado a pasar frente a mis ojos, sentada en el mismo rincón y puedo ver cómo cambia todo mientras espero. Comienzo a recordar cosas que no me gustan. Comienzo a recordar la verdad. Mi papá estaba muy enfermo; mi mamá, mis tías y una enfermera debían ayudarlo constantemente y las esperanzas de verlo vivo por más tiempo eran cada vez menores. Ahora entiendo que las personas vestidas de blanco venían a dar su diagnóstico final; que toda la visita estaba en la casa por mi papá; nadie me estaba pidiendo perdón; el señor en el cementerio era sólo una ilusión. Mi papá había muerto…

Necesité de mucho tiempo para darme cuenta que te habías ido. Prefiero pensar que estas de viaje o en alguno de esos trabajos que obligan a las personas a alejarse de sus familias por un tiempo. Pero de cualquier manera vas a volver. Te voy a ver y me vas a abrazar. Seguramente vas a estar en mi grado y en mi cumpleaños. Mientras tanto todos vamos a seguir con nuestras vidas. Pero no te preocupes, yo te voy a escribir todos los días para que sepas como estamos y qué cosas van cambiando en tu ausencia, así puedes volver tranquilo ya que nada te va a parecer raro o ajeno. Y cuando necesite un consejo tuyo, sé que me vas a mandar una carta lo más rápido posible.

Por ahora estoy haciendo algunos cambios en mi vida. Quiero que estés orgulloso de mí en todo sentido, y es por eso importante no generarte ninguna preocupación, sólo felicidad y tranquilidad. Empecé a estudiar juiciosa. No busco ser la mejor, pero sí quiero pasar todos los logros, aprender de verdad. Me acuerdo muy bien que me contaste de todas las bromas que hacías en el colegio, pero nunca podían sacarte porque eras muy buen estudiante. Mis tías también cuentan muchas historias tuyas. No pretendo ser así, pero recordarlo y tratar de imaginarlo me hacen sentirte más cerca.

También decidí no volver a tomar ni un trago. Una vez tú me sentaste en la sala a prevenirme de todas las cosas que iban a empezar en mi vida. Convencida te respondí que una persona con carácter fuerte sabría decir que no, pero tú lo tenías y no supiste decir que no. Ahora no haces nada malo, realmente me hiciste entender que esto era un asunto importante. Y aunque nunca tomé mucho, decidí no volver a hacerlo, ni siquiera para probar un trago exótico traído de otra parte del mundo. Prefiero pasar la noche tranquila y divirtiéndome sin necesidad de tomar. El problema es que no hay mucho de qué hablar, pues todos están más ocupados jugando con la finalidad de emborracharse y de superar retos bobos. Yo casi nunca juego porque no tomo, no les parece que lo haga sí no voy a pagar la penitencia, así que me quedo mirándolos y riéndome de vez en cuando.

Por eso comencé a leer. Mi mamá me cuenta que tú leías mucho, aunque yo nunca te vi. Pero sí me explicaste una vez que Cien años de soledadera un libro para leerse de una sentada, y tú lo leíste en cuatro horas. No sé dónde quedó ese libro. Me gustaría tenerlo y leerlo. Me hace sentir muy tranquila leer. Es la perfecta excusa para pensar en la vida y los problemas de otros sin tener que preocuparme por ellos. Sencillamente puedo encontrar otro mundo que me saque de este.

Soñé contigo. Íbamos de viaje por carretera, estábamos bajando la línea, en un carro pequeño como a ti te gustan. Veníamos de Armenia, estábamos visitando a los abuelos y a las tías. Lástima que siempre vayamos tan poco tiempo. Habíamos ido a despedirnos, porque decidimos hacer un viaje en carro los dos solos. En el camino nos pareció buena idea que nuestro destino fuera África, sin importar la manera como debíamos cruzar el Atlántico. Estábamos felices y tranquilos. Teníamos todo el camino por delante. Pero todo esto es mentira, nunca va a pasar, aunque me haga muy feliz verte en mis sueños, preferiría dejar de engañarme constantemente.

He estado intentando por mucho tiempo evadir la realidad. Me cuesta mucho aceptar que te fuiste y saber que no vas a volver. Y sin embargo te sigo escribiendo, aun con la esperanza de algún tipo de respuesta. Todos los cambios que he hecho no te han acercado más a mí. No importa lo que haga continuas distante, callado, ausente. Ya me gradué, la ceremonia fue bonita. Como te lo prometí, fui una buena estudiante. Fuimos a comer todos juntos y pasamos una noche bonita. Hubiera sido mejor contigo allí, así podríamos reír y renegar de tu falta de modales en la mesa para sacarle la piedra a mi mamá. Seguramente tendrías puesto un traje comprado para la ocasión, el cual un par de meses después estarías regalando porque no lo usas, porque no te gustan los trajes.

Voy a entrar a la universidad. Tú nunca la terminaste, pero siempre fuiste un excelente profesional, tu memoria te evitaba el papeleo y el trabajo de escritorio. Definitivamente yo no heredé eso de ti. Todo se me olvida con mucha facilidad. Aunque tampoco me interesa mucho recordar ciertas cosas. No sé por qué uno tiende a evocar lo más triste, sabiendo que hay muchas memorias bonitas y alentadoras. A veces siento que recuerdo muy poco de ti, y no puedo soportar la idea de olvidarte, ni siquiera que los demás te olviden. No estaría bien; tú no puedes morir del todo. Por eso lleno libretas y libretas como loca. Tal vez en una de ellas encuentres un hogar. Podría encontrarte allí todo el tiempo, todo el que quiera conocerte sólo necesita abrirla y mirar. Te verán en los colores, las formas y los materiales. Prometo evitar el gris y el café, sé que no te gustan. Y sí no pueden verte allí, pues te encontraran en las palabras, porque también voy a escribir. Todos tendrán tu recuerdo de primera mano. Sobre todo los más cercanos a ti.

Aunque en el fondo sé que todo esto no es más que un intento fallido. Nada de lo que haga te va a traer de vuelta. Mis libertas no te pueden guardar verdaderamente. Es así de sencillo: no estás y no estarás. Aquí todo sigue como si nada hubiera pasado. El planeta sigue dando vueltas alrededor del sol; las personas continúan riendo y trabajando; mi mamá rehace su vida y mi hermano comienza una nueva etapa de la suya. Mientras tanto yo sigo perdida y sola, a pesar de que los días pasen como sí nada.

Todo pasa. Continuo viendo como las cosas cambian frente a mis ojos. Ya es definitivo que no vas a volver. Ahora sólo puedo pensar en todo lo que pude haber hecho por ti, para ti y contigo que no hice. Normalmente, después de que un ser querido muere los familiares conservan las cenizas y hacen con ellas lo que el muerto pidió en vida como deseo final. Normalmente lo hacen unos días después de la muerte. Nosotros hemos dejado pasar tantos años, que pareciera que tú último deseo nunca importó. ¿Cómo es posible que te dejáramos de lado?

No es justo contigo, porque te olvidamos. Tampoco es justo conmigo porque te fuiste y me dejaste desubicada. Y no es justo con ninguno de los dos que no podamos descansar de verdad. Sé que no querías ser un anciano, y lograste partir en el momento indicado. Pero yo estaba muy pequeña. Continúo siendo una niña. Ya no tengo un papá para que me de consejos. ¿Cómo pretendes que viva sin ti? ¿Cómo pretendes que viva sabiendo que no compartí contigo lo suficiente?; que fue muy poco lo que te conocí; y que los recuerdos que tengo de los dos se pueden contar con los dedos. Quisiera hablar contigo, saber qué piensas de la vida, de mis novios y mis amigos, de la ropa que me pongo, de mi cuarto. Perdí la apuesta que hicimos y no te pagué nunca. No logré ser más alta que tú a los 15 años. Pero estoy segura que mi cuarto ya no te parecería tan desorganizado y lleno como antes, a pesar de los libros y los cuadros. Ahora sólo me queda conocerte a partir de las anécdotas de aquellos que te conocieron, formarme una idea de ti.

No entiendo por qué querías irte tan joven. No pensaste, ni esperaste a que mi hermano y yo fuéramos más grandes, lo suficiente como para aprender de ti sobre la vida. Debí haber compartido más a tu lado, incluso cuando estabas enfermo. Pero no lo hice por pereza y miedo. No quería que me vieras llorando, pues necesitaba que fueras fuerte y te mejoraras. Pero tampoco podía verte sin derramar un par de lágrimas. Evité la situación, siempre al margen y esperando a que todo mejorara mágicamente. Y me quedé esperando tanto, que aún sigo sentada en el mismo lugar preguntándome y culpándome por no cumplir tu último deseo.

No quiero quedarme más tiempo así. Estoy cansada de esperar y de no hacer nada. No vas a descansar nunca sí no te dejo ir. Yo no voy a estar tranquila si tus cenizas no están en el aire como siempre lo quisiste. Tú lugar no es en una caja en un cementerio. Por eso estoy aquí pidiendo por ti…

La circunvalar siempre me ha parecido una vía muy larga. Está llena de potreros y de curvas, a veces de un par de edificios muy altos. También es una vía muy solitaria. Casi no hay personas ni carros, el silencio se siente mucho más. Una casa por ahí te habría gustado mucho, es frio, solo y silencioso. Hasta que llegas a Monserrate y la calle se llena de vendedores, turistas, paseos en llama y taxis. Guardamos el carro en el parqueadero de siempre, justo al frente. Propuse subir caminando, pero a nadie le parece buena idea. Es una montaña muy alta y empinada, aunque mi hermano y tú la subieron varias veces trotando. Me hubiera gustado acompañarte a subirla, paro caminando y en la tarde, después de un helado. Compramos las boletas, hace mucho no funciona el funicular, así que subimos por teleférico. A mí me da mucho miedo, suelo imaginar que el cable se va a romper. Pero siempre llega bien hasta arriba.

Monserrate nunca cambia. Incluso con la tecnología y los celulares con cámara, continúa el mismo señor ofreciendo fotos instantáneas de la familia. Las escaleras de piedra, las flores y la gente parada en el mirador, apuntando a los lugares de la ciudad que logran reconocer desde las alturas. Y la iglesia blanca e imponente en el punto más alto de la montaña. Entramos a ella, está en remodelación. Todos los cuadros están cubiertos con telas especiales que los protegen del polvo; el techo tiene un plástico que no permite ver que está más arriba; y hay un par de andamios cerca del altar. La iglesia tiene un fuerte olor a húmedo, combinado con pintura y escombros. Nos sentamos en una banca de atrás, todos juntos, pensando en ti por separado. Esperando estar todos listos para cumplir tú último deseo. Yo estoy muy asustada, no sé qué va a pasar de ahora en adelante. No sé cómo afectará esto a nuestras vidas, ni si quiera como se va a acabar el día.

Nos paramos uno por uno, cada cual en su momento. Seguimos en silencio, incluso fuera de la iglesia. Caminamos al mirador y buscamos un lugar vacío, donde las risas y las conversaciones no pudieran molestarnos, donde el silencio y la tranquilidad siguieran presentes. Caminando hacia abajo abrimos la bolsa donde estaban guardadas tus cenizas. Cada uno lanzaba un poco a la montaña, siempre con mucho cuidado, siempre caminando hacia abajo. Lo último dentro de la bolsa lo dejamos salir juntos, agarrándola entre los tres. No hay viento, así que las cenizas cayeron sobre la tierra con mucha suavidad.

 

Ilustración relalizada por Luis Morán

@luis.moran.art

Escrito por Laura Jaramillo Duque

Bogotana, lectora, actriz, escritora y artista. Profesional Estudios Literarios de la Pontificia Universidad Javeriana y actualmente se encuentra haciendo una Maestría en Literatura Infantil en Goldsmiths, University of London en el Reino Unido. Correo: ljaramillod13@gmail.com