Claudia Ulloa Donoso (Lima, 1979) estudió Turismo en Perú, Filología Hispánica en España y Sociología en Noruega. Es autora de El pez que aprendió a caminar (Estruendomudo, 2006), Séptima Madrugada (Estruendomudo, 2007) y Pajarito (Los libros del Laurel, 2015, Laguna Libros, 2016 y Pepitas de Calabaza, 2018). Actualmente reside en Bodø, Noruega.

Vos viviste en Perú, España y ahora Noruega, en uno de los recorridos personales más singulares de la literatura contemporánea. ¿Qué te llevó a tomar la decisión de marcharte de Perú en primera instancia, y cómo fueron las circunstancias que terminaron conduciéndote a Noruega?

Todas fueron circunstancias personales y prefería no entrar en detalles, pero lo que puedo decir es que si tomé la decisión de mudarme de un país a otro siempre fue por un deseo de cambio, de búsqueda; por curiosidad.

Debutabas en el campo editorial hace ya doce años con tu primer libro de relatos, El pez que aprendió a caminar (Estruendomudo, 2006). ¿Qué tal recepción encontraste con aquella primera obra cuando aún no habías cumplido los 30 años?

Todavía no lo sé bien.  El libro lo hice estando en Noruega, asistí a la presentación en Perú y luego volví. Creo que la distancia no me dejó ver de cerca cómo fue recibido ese primer libro.  La primera edición de mi libro fue de quinientos ejemplares. Se vendieron todos, pero mi familia, que es bastante numerosa, seguro compró (por lo menos) una décima parte de esa edición. En el año 2005 no estaba entre mis planes publicar un libro. Estaba en los últimos semestres del bachiller en Sociología y mi único plan era continuar con una maestría. Trabajaba como profesora de español y disfrutaba de ese trabajo. Pensé que también podría estudiar algo relacionado con pedagogía. Seguía escribiendo ficción, sí, tenía muchos cuentos acumulados, me entretenía escribiendo un blog, pero no había pensado en publicar. Un amigo, escritor también, me lo sugirió durante una conversación y yo me dije “por qué no”. Por entonces, en Perú, empezaban a surgir editoriales independientes y eso me animó a armar un libro porque me entusiasmaba trabajar con ellas. El entusiasmo fue fundamental.

Repetiste al año siguiente con Séptima madrugada, publicada también en Estruendomudo y con la virtud de haber sido «el primer texto en Perú que dio el salto del ciberespacio libro tradicional»[1]. Con el perfil de un blog en primera persona y colindando entre la autoficción y el falso diario, se trató de una propuesta extraordinaria que comenzó a proyectarte internacionalmente en el panorama literario. ¿Qué te habías propuesto cuando te surgió la idea de escribir esta obra? ¿Tenías en mente desde el comienzo la posibilidad de publicarla en papel?

No me había propuesto nada. Otra vez fue una cuestión de curiosidad. Había leído un artículo sobre tecnología y fue por ese artículo que me enteré de lo que era un blog y cómo se hacía uno. Me divertía hacerlos. Hice más de uno como pruebas, más técnicas que otra cosa. De esas pruebas salió Séptima Madrugada. Me entretuve mucho escribiendo ese blog y creo que lo hice en el momento preciso, pero eso lo puedo ver ahora, por entonces escribía el blog porque estaba aprendiendo noruego y había empezado a pensar y soñar en noruego y eso me asustó un poco. Tenía miedo de perder mi propia lengua o que los dos idiomas se me volvieran un borrón. Así que escribía para agarrarme al castellano, algo así como una bolsa para respirar tu propio aire cuando hiperventilas. Era algo nuevo y la gente que se hacía blogs tenía un interés genuino por escribir o compartir algo, pero no de la manera como ahora se comparten cosas en Facebook o Twitter. Nos tomábamos el tiempo para elaborar posts, tomar fotos, hacer dibujos o comentar artículos. No había “likes”, no teníamos un pizarrón donde exponíamos a nuestros contactos, ni mucho menos lo que comíamos o a dónde viajábamos. En mi caso, a pesar de que mi blog tenía comentarios y hasta llegué a hacer algunos amigos y amigas, blogueros también, siempre recuerdo la escritura de ese blog como una etapa muy solitaria. Le propuse a Álvaro Lasso hacer un libro de “Séptima Madrugada” porque yo ya me había propuesto dejar de escribir en el blog. Creo que fue un deseo de convertir todo eso que flotaba en internet y que significó varios años de mi vida en algo tangible. Así como mandar a imprimir algunas fotos que uno subió a su Instagram para guardar el álbum.

Con los años, se diría que Estruendomudo se ha ido consolidando como una de las editoriales independientes de referencia en Perú. ¿A qué responde su ascenso en esta última década? ¿Qué rol pensás que pueden jugar las editoriales independientes peruanas en el campo literario contemporáneo?

Es cierto lo que dices, pero quizás una respuesta más acertada sobre la consolidación de Estruendomudo te la podría dar Álvaro Lasso. Creo que las editoriales independientes, tanto en Perú como en el resto del mundo (si lo puedo decir así) son necesarias. Considero que es importante que exista el criterio de un editor o un grupo de editores dedicados que lean y se involucren con el autor en el proceso que va desde la recepción del manuscrito hasta la publicación. Me parece más valioso para una publicación el punto de vista de un editor que lee y se involucra con el trabajo del escritor que las tendencias del mercado. Claro que los sellos independientes también quieren vender, tener varias ediciones y lograr vender derechos y traducciones a todos los idiomas sería estupendo. Las ventas son lo que mantienen a la editorial en marcha, las editoriales independientes y sus autores queremos que se vendan los libros, pero lo primordial es apostar por cosas nuevas, esto es muy importante para visibilizar y difundir a los autores debutantes porque más allá de lo que puedan vender o no, creen en el trabajo de escritor.

Este año publicaste en España tu libro más reciente, Pajarito, que ya habías publicado con Libros del Laurel y que Pepitas de Calabaza decidió incorporar a su catálogo. Se trata de un libro de relatos que en mi opinión tiene su mayor fuerza en la diversidad de sus historias y el mimo por el detalle, donde cada relato propone un pequeño mundo diferente de los otros y donde la lectura da lugar a una traslación enorme para la persona que lee. Parte de esta diversidad se sustenta quizá en la variedad de los espacios –de Perú a Noruega, por ejemplo–, pero también en la singularidad de los personajes, los ejes, las propuestas. ¿De qué manera concebís vos tus relatos a la hora de escribirlos? ¿Qué te lleva a plantear una historia en América Latina o en Europa, alargar una y darle potencial de nouvelle o condensar otra en apenas un esbozo?

Es una cuestión de intuición porque lo primero que me llega a la cabeza es una imagen. Si fuera dibujante, entonces seguramente sería construir un cuadro a partir de uno de esos garabatos que unos hace mientras habla por teléfono. A partir de esa imagen que nunca tiene un lugar de desarrollo preciso o una forma voy sacando las palabras. A veces, con la imagen llega también una frase. Es un poco difícil de explicar y perdona si me enredo aquí, pero puedo ponerte un ejemplo. Por ejemplo, tengo un cuento que se llama “Pasatiempos de escritor”; es sobre un tipo que se dedica a coleccionar tornillos. Por entonces me encontraba tornillos regados por la calle. A veces los recogía y los guardaba. A partir de esto tenía asociaciones como “a alguien/algo le falta un tornillo”; después me puse a pensar que si la gente me observaba cuando recogía estos tornillos de la calle se preguntaría que para qué los querría ¿Para qué quiere uno tornillos regados? ¿A quién se le podría ocurrir coleccionar esas cosas? Quizás a un escritor, pensé. Así llegó el cuento.

Creo que ese caleidoscopio creativo en la propuesta de Pajarito hace que sea una de las obras más agradables de leer que tenemos actualmente en América Latina. Como lectora, ¿vos buscás obras similares? ¿Cuál es la literatura latinoamericana contemporánea que más te llena en estos años?

Me gusta mucho leer cuento y poesía. Creo que una de las razones por las que he escrito cuentos y textos cortitos es porque mis lecturas, en su mayoría, se han inclinado por estos géneros. En el colegio me mandaron a leer a Ribeyro, a Vallejo, a Eguren, a Bryce Echenique. También leí a Cortázar, Rulfo, García Marquez, Arreola, Piñera… Hace poco, no más de un par de años, descubrí los relatos de Hebe Uhart, Elena Garro y Griselda Gambaro y realmente han sido descubrimientos. Debo decir que me molestó y me apenó no haberlas leído durante mi adolescencia, cuando empecé a escribir.

En parte gracias a Pajarito, vos fuiste una de las autoras seleccionadas en el Bogotá 39-2017, una lista donde hubo nombres que generaron mucho consenso –Valeria Luiselli, Brenda Lozano, Liliana Colanzi, vos misma– pero que también causó muchos disensos por contar con sólo trece autoras por ventiséis autores. ¿Listas de este tipo reflejan la realidad de la literatura contemporánea latinoamericana en el gran momento histórico del feminismo, del 8M, del #metoo, donde las autoras parecen estar tomando la delantera cultural con más fuerza que nunca?

Es una pregunta bastante compleja, pero lo que puedo decir es que una lista, de cualquier cosa, nunca va a reflejar la realidad de algo complejo. Solo son criterios de selección. Puede darnos pistas e indicadores sobre algún tema, pero creer que algo como la literatura latinoamericana contemporánea se pueda reducir a una lista de treinta y nueve personas, es un disparate. Sería como creer que toda la agricultura y ganadería de una región se reduzca a una lista del supermercado. Y sobre la presencia de mujeres en la lista: faltan muchas. Pero es que es eso: es solo una lista. Mira, yo misma leyendo mi respuesta a la pregunta anterior me doy cuenta de que por mucho tiempo solo leí a escritores. ¿Por qué? Porque las escritoras no figuraban en las lecturas del currículo escolar. Por eso decía que me causó enfado no haber sabido de cuentistas mujeres antes, en esos años de formación como lectora, cuando empecé a escribir. Claro que pude buscar o indagar más allá de lo que me daba la escuela, pero ¿cómo buscar algo que crees que no existe? Admito, con vergüenza, que por mucho tiempo me llegué a creer el cuento de que no había mujeres cuentistas. Es terrible admitirlo, pero es cierto.

Aunque Pajarito desembarcó recién en España, hace ya varios años que lo escribiste. ¿Tenemos cerca un próximo libro tuyo? ¿Por dónde pasan tus próximos proyectos?

A veces pienso y, lo que es peor, me creo que Pajarito podría ser mi one hit wonder, mi Wonderwall si fuera la banda Oasis. Me causa incomodidad, pero más me causa risa. Sé que no será así si decido que no lo sea. Tuve un largo periodo, años, que estuve sin escribir nada; pensé que ya no escribiría más y me dije que no había nada que hacer porque yo no había buscado ser escritora ni escribir, eso llegó a mí y así como llegó también se podía ir. Quizás era una excusa que por ese entonces me ponía a mí misma para sobrevivir, en general y en muchas situaciones todavía la uso. Después de varios años de estar sin escribir se me ocurrió el cuento Pajarito y las palabras regresaron. Sí, estoy escribiendo. Intento escribir una novela, pero no sé cuándo ni cómo la terminaré. Intuyo que será pronto.

 

[1] Wladimir Chávez Vaca: Blog and cyberidentity. The case of Séptima Madrugada (2007). http://revistacaracteres.net/revista/vol2n1mayo2013/blog-y-ciberidentidad-el-caso-de-septima-madrugada-2007/

Escrito por Darío V. Zalgade

Edgar Díaz Oval (Islas Canarias, 1983), más conocido como Darío Zalgade, es Licenciado en Letras Modernas (UNC) y Máster en Literatura Comparada (UAB). Se especializa en el estudio de la literatura latinoamericana contemporánea y el análisis estructural de la identidad. Es colaborador regular en las revistas literarias Quimera, Librújula y Oculta Lit, y fundador de la plataforma Liberoamérica.