Hace ahora ocho años:
no puedo olvidarlo.
Miento cada vez que digo
que me cuesta enfocarlo.

Necesito versarlo.

Fue más que un ‘click’,
fue un certero pinchazo.
Arrollada entre las zarzas,
mi razón anémica:
la foto de mi padre
bajo una manta isotérmica.

google fue el mentor,
el punto de vista marcó la fractura;
google me partió en capítulos,
como una novela desdentada,
que no descubre a nadie nada.

Frío silencio,
escaso titular,
crónica de sucesos.
Desenlace fatal.

Mi padre bajo una manta isotérmica,
fue más que un click,
fue un certero pinchazo,
la sangre de mi padre, seguro –la imaginaba–
el nudo marinero
de mi encorsatada seguridad
en la normalidad.

Una risotada inmensa
en mi cráneo de infusión,
el ‘click’ me devolvió la imagen de mi padre
con información
rápida de noticiero;
la sangre seguía brotando,
buscando su cauce
informativo.

Esto no es lo que yo quiero que sea
Esto no es lo que yo pensaba que era
Esto es una manta isotérmica.

Tres horas antes hablé por teléfono
con el cuerpo inerte, un cuerpo de nadie
que yacía debajo
de la manta isotérmica
y miré la llamada registrada
en mi teléfono,
para asegurarme de que así era.

Tres horas después, él ya no era él,
él era un dato y una información,
una foto insulsa,
mil veces replicada,
carretera SA- 314
y me senté delante del ordenador
y tecleé con un tic de ojo
y una pupila hinchada.

Desde entonces un punto de libro clavado en mi alma
marca el inicio del siguiente capítulo,
aunque duela transitar
el inevitable flashback.

Escrito por Vicky Martín

Vicky Martín (Barcelona, 1982) es escritora y traductora. Reside en Barcelona, donde imparte talleres de escritura y ofrece sesiones de cuentacuentos. Escribe novela de fantasía, poesía y relato corto y ha publicado traducciones, poemarios y reseñas literarias para diferentes editoriales y revistas (A les Barriades!, 2013; Barcelona Review, 2016).