Desde mi ventana veo el Pichincha

No es una suave brisa sino un vendaval
Que nos eleva del suelo
Y de pronto lo desaparece
Dejándonos suspendidas.

Nuestro plumaje se mece
Y se confunde con el celaje cromático
Que no encuentra patrones de vuelo,
Pero lleva un ritmo incesante.

Parece que se pierde el norte,
Se desasocia en el respiro profundo
Por solo segundos
Que se forman en el vacío de la caída.

Porque existimos en ciclos,
Y al extender las alas
Retomamos el aliento,
Y el impulso.

Y las nubes en su transitoriedad
Nos recuerdan que somos por momentos
Y que somos siempre
Porque nos evaporamos después de llover

[volcán Pichincha en un atardecer de Agosto, 2018]

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