está frente a la pantalla
mirando a nadie, riendo
un pie se le pudre junto al otro
mas se diría que está aún bajo el árbol
dibujando con ambas manos
reclinada en una piedra
reabsorbida y                                      dispersa
casi invisible y esperando
la hora de hablar concretamente

 

 

Escrito por Salenka Chinchin

(Quito, 1998)