(Espacio de un epígrafe que no llegó a tiempo)

Por la muerte que te pertenece comienza mi nombre

soy el pueblo en donde murió mi padre,
me siento bajo el árbol azul,

me encuentro sucia sobre los cráneos y son míos los espantos de esta noche en la que me abandono.

Mi alma teje ruidos entre los muertos,
canto al olvido.

[Veo el pasado y flota en el río mi pecho]

mi alma le suplica borracha a la noche una flor,
la imagen de mi infancia es un vértigo,
ahí va mi vieja vestida de naves que destrozan la tierra de los dioses.

Mi joven cadáver redescubre las sombras.

Esta es la noche de mi muerte y mi cuerpo ha de correr con el impulso de un espíritu devastado.

Descubro
la
violencia
de
mis
ojos
rojos

enciendo mi camino y voy quedándome entre los espejos.

Tengo en mis manos la esperanza que me heredó mi país.

Todo fue devorado en este poema,
los espacios y la risa,

el dolor desgarrador y la alegría en los ojos de mi hermano con su primer carrito de madera.

Me derrumbé y ahora a todos nos llaman los caídos,
así suena mi canto,

canten,
canten,
canten,

canten debajo de la lluvia y por esta tierra desaparecida.
Ya no sé a quién hago oraciones,
pero llevo en la piel clavada una plegaria como una hojilla.

Supe que estaba viva cuando aprendí a escribir,

eso era yo en mi país,
otro fantasma lleno de tinta sin horizonte.
La paranoia llora las grandes avenidas,
soy un océano interior,
los pájaros cantan a la madrugada de los pueblos solitarios,
todos han muerto en mi país.

Quiero perder el cuerpo y soñar que mis pasos se enredan con los iluminados,
y vagar entre ustedes que están en las pasturas humanas,
vibraciones celestes,
corro entre las botellas de vino,
corro solo.

Ahora que mi padre se ha ido,
vengo con las manos tendidas en señal de paz,
con los ojos sangrando la soledad impugnada,
mis pasos tienen el sonido de los pies de otro mundo,
soy el capitán flagelado que huye de su propia imagen.
Conozco la región de las despedidas
porque es el retorno de mi madre,
el día que vuelva a Venezuela,
voy a besar a mi vieja y mis lágrimas le darán la bienvenida a la infancia que dejé en sus manos tibias y cansadas,
me esconderé de la muerte,
seré una roca pálida,
como mi padre.

Venezuela es un nombre, solo y enfermo, en el bar de otro país.

Escrito por Mar Guerrero

Escribiente, fotógrafa, payaso de hospital, ilustradora. Nació el 10 de mayo en San Cristóbal – Edo. Táchira, Venezuela. Actualmente reside en Buenos Aires - Argentina. Estudió Letras: mención lenguas y literatura clásica en la (ULA) Universidad de los Andes. Participó del “IV ENCUENTRO LITERARIO DE JÓVENES CREADORES” Edición Mérida 2015, en calidad de escritor. Fue ganadora del PRIMER PREMIO MODALIDAD POESÍA en el XXV CONCURSO ANUAL DE CREACIÓN LITERARIA “CUENTO, ENSAYO Y POESÍA” Mérida, Abril 11 de 2015.