Tuve la suerte de poder asistir a un taller intensivo gratuito dictado en 2018 por Raúl Zurita en el marco del FILBA (Festival de Literatura) en Argentina. Raúl Zurita nos dedicó unas palabras en un aula súper luminosa de capacidad máxima de treinta personas en el Centro Cultural de la Ciencia, ubicado en el barrio de Palermo.

Zurita empieza explicando que somos hijos de la muerte y la poesía. La poesía es el arte futuro y morirá cuando se extinga el último ser humano.
La poesía también es el sostén de lo humano, lo que le otorga bondad y compasión.
Asimismo, la razón por la que se escribe es porque no hemos sido felices. «Felices los felices», escribió Borges, queriendo decir que allá ellos. Todos cargamos con una derrota. El arte es la muestra del fracaso colosal y es la prueba de que esa lucha se continúa dando. Hay medio metro que nos separa de la dicha y sin embargo es un abismo. La poesía es para los que están mal, la poesía es esperanza. Ella tiene el don de ofrecer una sepultura simbólica a nuestros miedos.
La poesía es la forma más profunda de expresarse. Usar el lenguaje es mantener a raya a la muerte.
¿Cómo será el último momento en el que uno está muriendo torturado? Es la muerte más atroz, es preferible morir por una bomba atómica que morir en manos de otro ser humano. Esta reflexión del poeta chileno es muy interesante y auténtica, dado que él fue torturado en manos de la dictadura militar de Pinochet.
Existen dos estados: se es viejo o se es joven. No hay punto medio. El viejo sabe tomar precauciones, como parte de la madurez. El joven comienza proyectos. Zurita nos habla de su juventud, de cuando comenzó a escribir y sentía angustia en la búsqueda de su propia voz y se daba cuenta de que le angustiaba porque le importaba. Cuando él leyó el libro Relación personal de Gonzalo Millán, casi se desmaya. Sintió angustia y envidia de ese joven de 20 años, apenas dos años mayor que él.
Zurita nos recita un verso de un autor admirado: «Sabía que éramos las únicas pupilas verdaderas aunque muy empañadas». Desde el llanto, los ojos llorosos ven realmente la muerte. Eso es la poesía, el mundo de los ojos llorosos. La poesía está cerca del llanto. Sin la herida, no hay arte. Sin dolor, no existe la poesía. Maldito aquel que busca el dolor, porque lo va a encontrar sin duda. A su vez, la poesía es lo que salva a Zurita de enloquecer.
Todos los humanos sienten dolor alguna vez en la vida. Zurita menciona el ejemplo de Pablo de Rokha, poeta chileno que se suicidó luego de que se suicidara el hijo y le  dedicó a este un poema. Pablo de Rokha, el mejor poeta del siglo XX en palabras de Zurita, representa a un poeta que carece de ironía porque siente que lo real es tan duro que la ironía se hace añicos. Zurita concluye que la poesía chilena siente la necesidad de construir un lenguaje que sea más fuerte que el dolor.
Les dejo a continuación un poema del querido Raúl Zurita:

Monólogo de amor de las llanuras nevadas

Sueño un mar nuevo, una nueva planicie, un
blanco que se extiende y se extiende
al sur de este mundo
Sueño con unos ojos nuevos, con una nueva
vida, con el aire humano silbando
las orillas del ventisquero y la Patagonia
Sueño con los nuevos hermanos de las
heladas praderas viniéndose
como vendrá el nuevo mundo, como se
congelarán los fríos de alma hasta el fondo
de la escarcha
Sueño con un nuevo poema en las congeladas
planicies
Sueño con tu amor, con los párpados nevados
de tu amor flameando
sobre la libertad final de nuestros aires

(1994)

Escrito por Denise Griffith

Escritora argentina. Publicó con la editorial Escritor de la legua un poemario llamado Antojos de desorden y participó de la antología El gran libro de los perros de la editorial española Blackie Books. Trabajó en el Ateneo Grand Splendid (una de las librerías más hermosas del mundo). Asistió al taller literario dictado por el escritor Luis Mey y colaboró en diversas revistas digitales. Se desempeña como crítica de teatro para la página GEOteatral. Contacto: griffith.denise.03@gmail.com