Rubén Guerrero nació el 29 de mayo de 1982 en Avellaneda. Actualmente vive en Adrogué. Es Redactor publicitario y Licenciado en Letras por la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Formó parte de la editorial Zindo & Gafuri. En el año 2013 publicó el libro No transpira y en 2016 salió su segundo libro Ahora que estamos en verano.

En su último libro Champú, publicado por la editorial artesanal La Carretilla Roja, Ruben Guerrero, nos lleva con sus poemas a una zona: el río.

Con destreza en el manejo del lenguaje y los climas, genera una atmósfera apacible y veraniega: El bote se hamaca/ en el agua/ El bote se hamaca en el agua/ amarrado al sauce/ El bote se hamaca/ amarrado al sauce/ que le pertenece.

Hay una historia: la de una pareja que se aleja del ruido y la agitación de la ciudad. Pero también cada poema es una historia en sí misma, y se puede ingresar al libro por cualquiera de sus partes.

Entre remos, nados, asados, juncos y oleajes, nos metemos en la charla distendida utilizando una de sus sentencias: Un obrero no es una máquina de coser.

¿Cómo surgió el libro? ¿En cuánto tiempo fue escrito?

El libro tuvo un proceso largo. En principio iba a ser un libro con imágenes, un libro a dúo, digamos. O sea, lo había pensado así, después, por cuestiones de organización, tiempos, etc. no avanzó, y decidí pegar el volantazo y rearmarlo. Ahí tuve que ver la nueva forma que iba a tomar el libro, recalcular, diría un GPS, y decidí trabajarlo con Fernando Molle, quien fue de gran ayuda para que Champú saliera a la luz así como está. Yo creo que habrán pasado algo así como tres años desde que creí que había un libro y su publicación.

¿Cómo llegaste a la publicar en La carretilla roja?

No sé por qué pero este libro siempre lo imaginé para la carretilla. Me gusta la editorial, su catálogo, como funciona, cierta lógica de circulación, de trabajo, de ponerle el cuerpo a la cuestión. Mi idea se empieza a manifiestar desde una charla que tuve con Mauro Quesada, en la que le comenté que tenía algo que me gustaría que mirara porque tenía ganas de publicar en la editorial, pero que le faltaba mucho aún. Le dije que se lo iba a mandar cuando lo tuviera más armadito; y una vez que tuve el libro más armado, se lo mandé. Pasó bastante tiempo desde aquella charla informal, pero mi idea seguía firme y, por suerte, a Mauro le copó también. Viste cómo es esto, la palabra es la palabra y uno intenta sostenerla. Continuando con tu pregunta, a La Carretilla Roja llego por afecto, porque es de una zona cercana a la que vivo, yo soy de Adrogué, Mauro es de Monte Grande,  nos une el conurbano, y eso me genera cierta cercanía emocional, y me atraía la idea de publicar algo que saliera íntegramente desde acá, made in conurbano.

¿Qué valor agregado tiene para vos la edición artesanal?

Bueno, un poco lo que comentaba la pregunta anterior, esa lógica medio corporal de encarar y sostener un proyecto de las características que tiene la Carretilla, o sea,   publicar poesía en el conurbano, digamos que es alta apuesta en abismo, el nicho del nicho del nicho del mercado, bueno, eso sí convenimos que hay un mercado, que lo hay. Eso me parece que está bueno, ese plus de no me importa, lo hago igual. Lleva un re laburo y es toda una apuesta llevar a cabo un proyecto editorial, y encima Mauro la lleva re bien. Esta editorial, como muchas otras, tiene una lógica de circulación, edición, cercanía, autogestión, que va a contrapelo de lo que se espera de un producto, en este caso, libros de poesía. Es una apuesta de tiempo, guita, o sea, dos de los pilares fundamentales de nuestra manera de relacionarnos con cualquier cosa que insertemos en el mercado o saquemos de él, y acá están como suspendidos, y a pesar de que todo eso está puesto en duda, La Carretilla sigue editando libritos de poesía. Con esto no quiero ponerme en viejo apocalíptico, lo que digo es que se hace difícil sostener este tipo de proyectos artesanales en el tiempo, y más en un tiempo de crisis económica como esta época macrista que nos toca atravesar.

¿Tu pasado en la editorial Zindo & Gafuri te sirvió a la hora de ponerte a escribir y corregir?

Claro, como todo lo que fui haciendo en el tiempo. La experiencia que tuve en Zindo supongo que está ahí presente, sin que yo la llame, o que yo sea consciente de eso. Como cuando aprendés a andar en bici, una vez que ya mantenés el equilibrio ya no pensás en eso, y eso te da lugar en la cabeza para relajarte y pensar en otras cosas, pero ese aprendizaje primero siempre está. Con esto quiero decir que Champú no sería Champú sin yo haber pasado cinco años en Zindo & Gafuri, yo no sería el mismo.

El obrero es el protagonista. ¿Se puede salvar o está condenado irremediablemente?

Efectivamente es un obrero ese yo que aparece en todos los poemas, más precisamente, un obrero de la construcción, alguien que levanta casas para que allí vivan otros. No sé bien de qué debería salvarse, no más que cualquier otro, digo, si te referís a lo material, a las condiciones de vida, está jodido, no hay muchas alternativas. Pero me gusta la idea de imaginar este o cualquier otro obrero por fuera de su estereotipo, no solo pensar en la guita, mejor, en la falta de guita, aunque eso está siempre presente, sino construir, valga la comparación, otras cosas, pensar en otras cosas, hacer otras cosas: escribir, nadar, vacacionar, no querer volver, dudar, volver a escribir, enamorarse, yo que sé, lo que le pinte. El mundo obrero puede que sea un motivo que me atrae y uso mucho. Una vez Sebastián Realini me comentó que leyó mis anteriores libros como que una trilogía de este “personaje” obrero, este librito vendría a ser la tercera aparición de ese obrero.

En tus libros siempre está presente tu pasado como futbolista. ¿Es una cuenta pendiente o solo una obsesión poética?

Jaja, es una cuenta pendiente, me hubiese gustado llegar a primera, no se dio, abandoné antes, pero es uno de mis tantos fracasos que me acompañan. En cuanto a que sea o no una obsesión poética, la verdad es que no es que quiero hablar de eso cuando me siento a escribir, a veces aparece, y después veo qué pasa.

Además de poeta, sos músico. ¿En qué proyectos musicales estás ahora?

No soy músico poeta tampoco pero me gusta cantar, tocar la guitarra y hacer temas. Esa es mi relación con la música hoy, y por ahora. Antes tuve otra: estudié guitarra y después canto, pero ya no. Pero a pesar de eso, siempre estoy intentando armar proyectos musicales, o algo así. Ahora está por salir el video de una canción que hicimos con el músico Pablo Tozzi a partir de un poemita que hice hace un tiempo. El diálogo se generó y aparecen textos de los dos, melodías, etc. Estrellitas se llama el tema y tuvimos la suerte y el honor de grabarlo junto a Teresa Parodi y Liliana Herrero.

Por último, ¿qué es la poesía para vos? ¿Qué lugar ocupa en tu vida?

Realmente no sé qué es la poesía, quizá puede reconocer cuando hay poesía y no qué es, y eso se da cuando aparecen ciertas combinaciones de la lengua. Una forma que me produce cierto placer estético. La poesía en mi vida ocupa un lugar dentro del trabajo, la ocupación y el placer, claro.

Cerramos con lo quieras decir, es tuyo el espacio:

Copio la canción de Ramón Ayala que estoy escuchando en este momento

Retrato de un pescador

Cabellera de betún
Y dientes de palo santo
La boca como un quebranto
Y piel de pira-guazú

Lamento de urutaú
Su voz es como una queja
Del río trae la leyenda
De algún perdido pacú

Pescador del río bravo
Canoero, canoero
Nacido entre los sauzales
A orillitas del Paraná
Tomador de mate amargo
A la lumbre del lucero
Hace noche sobre el agua
Y defiende su libertad

Partir, reír, hogar, soñar
Un cigarrito en el andar
Y una coplita pa ésperar
El alba que ha de llegar

Escrito por Jesús Iribarren

Jesús Iribarren nació en Coronel Pringles, Provincia de Buenos Aires, en 1985. Actualmente reside en Olavarria, Provincia de Buenos Aires. Es abogado y escritor. Publicó como finalista del III Premio Internacional de poesía Jovellanos el poema "Los fracasos llevan tiempo", incluido dentro de la antología de ediciones Nobel (2016, España). "Vergüenza", se editó en 2017 (Zindo & Gafuri Ediciones). "Pasó el reviente", se editó en 2017 (El ojo del mármol)