Me gusta el fútbol, la cerveza, la naturaleza y los animales. Por lo general uso ropa holgada,  lloro –sin complejos- cuando algo me emociona, mis gustos musicales son amplios. He llevado el pelo largo y ahora corto. Me gusta reparar objetos, no sé nada de carros y no me gusta el color rosado.

Si me preguntan qué soy les respondo: una persona. Como todas, tengo gustos y preferencias. Además, soy mujer. No porque tenga vagina o porque cumpla con algunos de los requisitos, que según la sociedad, se consideran apropiados para ser mujer, sino porque así lo siento.

No creo en las frases que afirman que esto o aquello es “cosa de chicas” o “cosa de hombres”. No creo en las identidades de género como características que nos diferencian los unos de los otros. No creo en eso de que el azul sea de ellos y el rosado mío.

¿Quién lo inventó? ¿A quién se le ocurrieron estas ideas? No lo sé, pero que existan debería bastar para querer abolirlas.

Desde que se supo que Ángela Ponce, mujer trans, representaría a España en el Miss Universo, es común leer o escuchar frases como la de Valeria Morales, también participante en dicho concurso de belleza: el concurso es para mujeres que nacemos mujeres.

Me da curiosidad saber qué es ser mujer para personas que piensan igual que Valeria Morales, porque si es algo tan simple como nacer con vagina, no quisiera compartir algo que siento mío con personas así.

Por siglos las mujeres hemos luchado por la igualdad, el sexismo y la misoginia, hemos sufrido maltratos, hemos sido consideradas minoría, y aún así hay algunas que ignoran todo esto y deciden que Ángela Ponce no es mujer.

Hoy, cuando la guerra es entre mujeres y no una batalla en la que todas nos tomamos de la mano y avanzamos, muchas deberían quitarse el “mujer” y ser primero que todo, personas.

Escrito por Daniela Hibirma

Daniela Hibirma (Venezuela, 1991). Estudió Comunicación Social, trabajó en distintos medios de comunicación tradicionales, digitales y audiovisuales. Actualmente reside en Santiago, Chile.