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Meditaciones

Tiempos venideros
entonan el latir del corazón.

En un día como hoy
tiembla el flujo de las venas a los dedos,
imaginan los sentidos polvorientos.

Justicia    -digo.
Atreviéndome al desafío.

Adentro de la pupila
se agitan las sombras.

Negrillas redondas,
¿con cuáles ojos me miran?

¿Qué hay de mis acciones incomprendidas?,
¿desconozco el ardor del origen?

¡No perturben a las almas!
grito temiendo el desastre.

Sombras que no tienen sombra
son atraídas a la vida.
Muerte escondida en todas partes
como el suspiro de oscuridad estremece la espina.

Es agua helada- advierten con sigilo,
una figura saliente del metal fundiéndose.

Tierra volcánica activa
surgió como emblema metálico
entre en los vapores ígneos del mar.
Rojo ennegrecido, por
la cólera de su nacimiento,
tomándome de una mano, exclamó:

¡No se adentre sin la llama certera!,
¡sin luz en el sendero!

Soy término de vida
que consume al instante;
con ella revivo en el final de los finales.

Solo el amor
acoge al fuego en el seno de las aguas.
Así le amo a usted,
permítame quedarme.

Las llamas vaporizaban su cuerpo
y derretían la forma… 

A costa de su vida
nutre la tierra a todos los seres,
no importaría la derrota contra mí misma.
Si me ama, ¿hace cuánto que lo amo a usted?

Queda el humo vaporoso
cálido a la piel,
dulce en la sangre como un elixir,
penetrante cual veneno mortal.

Ecos retumban por la caverna:
Se ha negado a vivir entre los muertos…

Me espera la incertidumbre del camino,
Hombre de las Calderas.
¿Volveré a escuchar tu voz?

Escrito por Valentina Villalpando W.

Capitana que nace lejos de las olas (Santa Cruz de la Sierra, 1990). Escribe y actúa.