Aprendo el arte de cuidar plantas.

Observo, acaricio pétalos, resto tallos, espero.

Que si mucho sol, que poca luz, que demasiado húmedo el ambiente.

Debo buscarle a cada una los lugares adecuados, el aire preciso, el fondo iluminado.

Aprendo a esperar. Espero el capricho de las flores de crecer en donde sea.

Porque es un capricho, el mío y el suyo en la misma tierra. El antojo de la reproducción, de no ver para ser vista, de desaparecer en invierno y aparecer quién sabe cuándo. El capricho de la sorpresa y la sonrisa.

Las flores hablan, dicen, significan. Por eso los jardineros son personas silenciosas.

Esto es un gusto adquirido. Los años hacen que me guste ver crecer las flores.

El arte está en saber permanecer.

Mi amor es, ciertamente, una extraña planta.

Quiero que a mi corazón le dé un ratito el sol.

Escrito por María Choza

Sinaloa, 1994. Poeta amante de la literatura infantil, la vainilla y el mar.