*

Olga Lucía es la mujer,
tiene los ojos negros,
alegres como abril.
En cada parpadeo se oculta un paisaje
o la ciudad más hermosa.
Sus manos
largas como un sueño
caen sobre la flor abierta que soy.
Es alta, Olga Lucía, como un edificio.
No tiene perro ni gato que la aguarde.
Olga Lucía sabe lo que es despertar con luna
los cinco días de todas las mañanas.
Pero no de mi presencia que la observa,
de mis ojos que resbalan por su espalda lisa
como piedra de río.
La noche comienza en la punta de sus pies.

*

Olga Lucía, su mirada,
es una puerta entreabierta al final del pasillo
y un espejo.
Dentro, la imagen de una niña que duerme
en posición fetal.
La misma niña que desde la ventana del miedo
inventa estrellas de diversos colores
y cae la noche más triste.

*

Mientras tú, Olga Lucía,
lavabas tu ropa adolescente,
yo vivía entre muñecas
y te nombraba en mis adentros.
Ineludible el destino nos reunirá
veinte años después.

*

Olga Lucía se fue o más bien la dejé ir. Así como llegó se fue. La casa entonces se pintó de gris. Meses después o quizá años, regresó. Era la misma pero otra, distinta por el lunar de su espalda. Dos veces la eché a la mala, la amenacé a punta de cuchillo. Pero esta vez, nada la asusta, nada impide su presencia. El viaje fue largo y quiero descansar, sentencia.

*

Los tres días siguientes descansó.
Sin tocarla, acaricié su cuerpo,
sus piernas desnudas,
los mismos labios que besé el último día.
Piedra para el hueco de mis manos,
la primavera y la llama.

*

[Final]

Olga Lucía es el mar.
Largas sus piernas, ademanes del agua.
Es la arena donde mi cuerpo reposa
y esta barca de horas que no vuelven.

Escrito por Nadia Contreras

Escritora. Autora de poesía y relatos cortos. Dirige Bitácora de vuelos ediciones (https://www.rdbitacoradevuelos.com.mx/) y en la página Incendio de imágenes (https://www.nadiacontreras.com.mx/) comparte recursos, libros, talleres, videos, relacionados con la Poesía.