Entrevista a Amanda Pazmiño Torres* (Quito – Ecuador, 1993).

¿Cómo, cuándo y dónde llegaste a la poesía?

Desde niña el asombro activó poleas que me aproximaban, en un nivel consciente y subconsciente, a varios lenguajes. La música, las películas y las ilustraciones de los libros que mis padres me obsequiaban y que luego elegía, se registraban en mi memoria. Puedo mencionar autores, cantautores, ilustradores y directores que en esa etapa me trajeron a la realidad con una perspectiva nueva: Christine Nöstlinger, José Martí, Warwick Goble, Mercedes Sosa, Michael Jackson, Phil Collins, y Francis Ford Coppola con Jack (1996).

Ya en la madurez, estudiar Literatura me permitió acercarme con mayor perspectiva a los textos poéticos, asumir mi oficio de escritura y cuestionarme más en ese contexto. Había llegado a la poesía con el deseo de expresar una lectura y una visión particular del mundo. Y entonces supe mío a aquel discurso por el nivel de confrontación, provocación y radicalidad en la palabra que me ofrecía. Yo sabía que ese lenguaje estaba vivo, que había una respiración de por medio, que había sido dispuesto por una imaginación e inteligencia capaz de movilizar y modular niveles semánticos, intensidades, musicalidad, ritmo que finalmente vuelca la mirada hacia algo no visto antes.

 ¿Qué te parece que le sobra o que le falta a la poesía actual, pensándola en comparación con el lugar que ha ocupado en los primeros años del siglo XX?

La poesía actual me parece tiende a ser mucho más confrontativa y franca, y es que las experiencias que atravesamos en el mundo actualmente requieren una autoconsciencia y criticidad enormes, que se construyen a partir de la sensibilidad que ejercemos. Debe haber lucidez en esa lectura del mundo cada vez más plural y diversa. Celebro voces que pertenecen a grupos humanos que eran invisibilizados, perseguidos, o vulnerados, nos estamos  volviendo visibles. Y en este punto acojo una convicción de Raúl Zurita: “creo en un planteamiento, en una obra con una ambición artística; no ambiciones personales”.

Teniendo en cuenta tu propia experiencia, ¿es el discurso del poema realmente un discurso involuntario?

Creo que el discurso del poema se moviliza de manera preconsciente a través del deseo y por lo tanto, visiona una voluntad y puede llegar a alcanzar una soltura de manera natural y casi involuntaria, es posible. Como un caballo del que no siempre se puede tener las riendas absolutamente, pero al cual confías las rutas de exploración que toma, porque ya sabe andar con determinación por sí solo y, finalmente, te bajas sonriendo porque ya no necesita un jinete.

¿Qué libro de poesía nadie debería dejar de leer y por qué?

El libro de poesía, que no es exactamente un libro de poesía, pero que la logra y que nadie debería dejar de leer es el Popol Vuh  (versión de Adrián Recinos). Digo que la logra en el sentido en que la poesía activa una consciencia anterior a la forma en que estamos habituados a leer el mundo. Todo lo que considero que nos enlaza está ahí, nuestro pasado está ahí y también nuestro futuro. Es una cosmogonía que acoge la verdad de los dioses, la humanidad de los dioses, el sentido y la visión de comunidad, la sabiduría primera, la concepción del tiempo.

 

Amanda Pazmiño Torres* (Quito – Ecuador, 1993).Licenciada en Comunicación con Mención en Literatura. Profesora de Literatura y de Lengua Inglesa. Embajadora Cultural en FIL, Lima, 2012. Obtuvo la tercera mención en el VI Festival Internacional de Poesía “Ileana Espinel Cedeño”. Sus textos poéticos integran las antologías 8 Poetas Ahorita (Amaru, Dadaif y Camareta Cartonera, 2014), Mujeres y disidencias al frente: nueva poesía ecuatoriana (Escrituras Indie, 2018) y Alma Adentro (El Conejo, 2018). Su plaqueta Recorrido del abismo fue seleccionada y publicada por el sello editorial Despertar (Loja, 2017).

 

ph: Laura Cófreces

 

Escrito por Vanesa Almada Noguerón

Vanesa Almada Noguerón nace en la ciudad de La Plata (Buenos Aires, Argentina), en 1980. Tiene estudios en Letras y en Gestión Cultural. Actualmente, reside en la ciudad de Mar del Plata. Su labor literaria ha recibido diversos reconocimientos tanto a nivel nacional como internacional, entre los cuales se cuentan el Premio Poesía de las Américas (2008), Premio Municipal de Cultura CMC (2012), Premio Latin American Intercultural Alliance (2013) y Premio Raúl González Tuñón (finalista, 2017). Parte de su trabajo se encuentra disponible en las revistas de creación literaria Desnuca2, La Avispa, SEA Digital (Arg.), Pangea (Ciudad de Salamanca), Ergo (Universitat de València) y El Humo (Querétaro, México), así como también en diversas antologías poéticas de Europa y Latinoamérica: Colectivo Literario Ó (Puerto Rico; Erizo Editorial, 2012), Poetas y Narradores Contemporáneos (Buenos Aires; De los Cuatro Vientos, 2013), FIPA (Mar del Plata; Editorial Martín, 2014), Entre realidades y poemas (CABA, Editorial Dunken, 2015), Poetas Argentinas (Euskadi; Biblioteca de las Grandes Naciones - Colección Digital, 2015), La Juntada-Festival de Poesía Joven Argentina (Buenos Aires; Ediciones La Guillotina, 2015-2016), El Círculo (Lima; Submarino Ediciones, 2017) y Ahora que calienta el corazón (Madrid; Verbum, 2017), entre otras. Forma parte de la Red Federal de Poesía y colabora en Liberoamérica, revista y plataforma literaria. Recientemente formó parte del FIPMAD (Festival Internacional de Poesía de Madrid, 2017). De su autoría: Entre los ruidos© (Baldíos en la Lengua, 2015), Quemar el fuego© (Autogestivo, 2017).