«Más tarde me di cuenta de que todo estaba ahí, en aquel estrecho mundillo: las relaciones entre los sexos como nunca las vería»

 

Este texto lo pensé varios meses, ya que esperaba encontrar ese hilo explicativo que me permitiera aterrizar una novela de la que, ahora con su reciente edición al español en Sexto Piso, se ha hablado ya tanto. No me ha resultado extraño encontrar críticas y reseñas que hacen referencia reiterada a la idea de la supuesta relación problemática que existe entre madres e hijas, tratada como un lugar común más del imaginario social.

No fue hasta que releí, con el cuidado que merece, uno de los ensayos más potentes de la teoría feminista Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana de Adrienne Rich, que di luz al que pienso puede ser el trasfondo de esta obra, aunque tal vez sin ser éste una de las intenciones explicitas de la autora. Gornick es reconocida hoy como una de las escritoras feministas más importantes, esta novela autobiográfica publicada por primera vez en 1987 nos habla de una conciencia política ya consolidada, nacida en la ebullición de la lucha feminista de los años 70 en los Estados Unidos.

Contrario a ese imaginario social sobre las relaciones femeninas, expondré cómo la relación entre madres e hijas no es la que determina sus apegos y destinos afectivos sino precisamente la relación de las mujeres con los hombres en la base de su heterosexualidad. La heterosexualidad según Rich no es únicamente ni cercanamente una orientación sexual, sino una ideología, un sistema de valores, prácticas y creencias, con incidencia en el plano de lo social y económico, que lleva a las mujeres a poner en el centro de sus vidas a los hombres, con acciones concretas de cuidado, amor y aspiraciones hacia amantes, esposos, hijos, hermanos, padres, etc.

Es decir, la imbricada red de apegos se entreteje por el significado que los hombres marcan en la vida de las mujeres por encima de ellas mismas y de otras mujeres. En esta novela confesionaria, Gornick habla de esa lucha constante por salir de los destinos femeninos, que empiezan a ser consientes con la muerte de su padre, hecho que marca una ruptura entre ella y su madre. Disyuntivas por las que se ve atraída y al mismo tiempo rechaza, deseos contradictorios entre elegir una vida normal/legitimada o alternativa/estigmatizada; ser la mujer sufriente y entregada a la idealización del amor que representa la madre, la mujer hermosa, vulnerable e incorrecta que representa Nattie, ambas dependientes totalmente del reconocimiento y aprobación masculinas, o la mujer abocada a su trabajo intelectual pero irremediablemente sentenciada a la soledad, o por lo menos a la falta de un compañero romántico.

«Era como si hubiera escogido hombres que garantizasen que acabaría llegando a este momento, deprimida y paralizada por el fracaso del amor (…) me aferré al trabajo cotidiano: tampoco es que se me diera muy bien, pero nunca dejé de creer que el escritorio –y no la resolución satisfactoria del amor- podría ser mi salvavidas».

Para Rich las mujeres están atrapadas por socialización en una dependencia emocional y aspiracional hacia los hombres, sin miras a elegir una vida alternativa al mandato heterosexual, a pesar de la insatisfacción, el dolor, y la opresión que traen los hombres a la vida de las mujeres, están convencidas de que ellos son componentes inevitables en sus vidas. Este, parece ser un apego incuestionable y natural para muchas, un impulso casi místico-biológico que da sentido a la vida femenina.

La narradora, con toda la añoranza por entablar una relación romántica y tener éxito en el amor, pasa por una serie de desencuentros con hombres infantiles, desapegados, y narcisistas, y supera no sin pesadumbre esos destinos femeninos para abocarse a su proyecto intelectual. La interpelación que sostiene con la madre, a través de una serie de diálogos que conducen la trama de la novela, constituye ese puente explicativo que da cuenta sobre la realidad de muchas mujeres ante las opciones bloqueadas y la ausencia de elección para el acceso a construir, como dice Rich, la autodefinición de una vida libre y asumida.

«–¿No te das cuenta? –ruega en voz baja–. Lo único que yo tenía era el amor. ¿Qué tenía? No tenía nada. Nada. ¿Y qué iba a tener? ¿Qué podía tener? Todo lo que dices de tu vida es cierto, entiendo que es muy cierto, pero tú has tenido tu trabajo, tienes tu trabajo. Y has viajado. Dios, ¡has viajado! Has recorrido medio mundo. ¡Lo que habría dado yo por viajar! Yo sólo tenía el amor de tu padre. Era la única dulzura de mi vida. Así que amaba su amor. ¿Qué podía haber hecho yo?».

Esta novela me deja claro lo que menciona Rich en su ensayo; aunque exista una profunda unión emotiva y afectiva entre las mujeres, fuente de poder, supervivencia y creación, la heterosexualidad nos impulsa a mantenernos separadas, pues irónicamente la lealtad erótica y emocional sólo está dirigida hacia los hombres. Si bien, la protagonista de la novela logra trascender esas aspiraciones amorosas, un triunfo que le lleva a la independencia profesional, no parece encontrar una opción alternativa amorosa válida fuera de la institución de la heterosexualidad, diría Rich, no trata la existencia de otras realidades y fuentes de amor positivas, que quizás le habría hecho ser más potente.

«El amor es una función de la vida emocional y pasiva, dependiente de otro ideal para alcanzar una resolución satisfactoria: la postura primitiva en la que nacemos. El trabajo es una función de la vida expresiva y activa y, aunque fracase, uno conserva el conocimiento fortalecedor del yo que actúa. Sólo cuando se niega el acceso a la vida imaginativa, uno se entrega por completo al amor».

Escrito por Teresa Valdés (México, 1991)

Tiene una licenciatura en Literatura Comparada y una especialidad en Familias y Prevención de la Violencia. Ha realizado investigaciones sobre economía y arte feminista. Ha sido promotora de los derechos sexuales y reproductivos de las jóvenes. En 2012 fue becaria de la flm. También ha publicado en diversos medios como Oculta Lit y Debate Feminista. Actualmente estudia una maestría en Ciencias Sociales.