Paulo Scott es un escritor que está siempre en el entre límites con su literatura.  Son los límites de un gaucho (Porto Alegre, 1966) que vive y expresa su ser brasileño desde una perspectiva abierta al mundo, en diálogo con la otredad. Estos límites también pueden pensarse desde una actitud hacia la vida de aquellos que nacieron en esa basta región gaucha que bien se nutre de lo lógico-racional como de lo mítico y lo ancestral. La misma región que comparten plenamente Argentina, Brasil y Uruguay, y que en la concepción del “gaucho” puede extenderse a estilos de vida en regiones de Paraguay, Chile y Bolivia. A todo ello, Scott le suma su esencia negra; raíz que está en su genealogía y que también trata literariamente.

Pero también los límites por lo que anda se refieren a las influencias de diferentes expresiones de las que se ha nutrido para sus libros. Desde el cine (una de sus grandes pasiones) hasta el Samba, pasando por el teatro, por las novelas gráficas, el skate y el arte urbano en general. Y también del Derecho, la profesión a la que se dedicó de tiempo completo hasta casi sus cuarenta años.

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Y es que Scott es un hombre de cambios, que transita por diferentes estilos y se propone retos. De rapado y con lentes a greñudo y con barba; de una sala de clases de crudo Derecho a una pista de skate; de dejar la sureña Porto Alegre a vivir en Río de Janeiro; una ciudad que como dice, “es un epicentro de este Brasil tan grande, donde el negro se siente orgulloso de serlo, donde cada día encuentras un nuevo lugar fabuloso, pero que a la vez es una ciudad que si te descuidas, te traga, una ciudad donde rige esa idea del paraíso que te destruye”.

En cuanto a los géneros Scott revela que no le son una traba, porque en esencia lo que desea es contar historias, y en ese orden de ideas lo musical, pero también el lenguaje cinematográfico –los guiones− pueden servir como punto inicial de un texto que puede terminar en un cuento, en una novela. Por qué no, ser la semilla de un poema.

Autor versátil, que publica libros de poesía como libros de prosa. Una poesía que ha recibido comentarios elogiosos en su país por una cierta búsqueda de lo sublime en lo cotidiano, pero también por la creación ficcional que se inserta en los versos, permitiendo en algunos casos leer los poemas como pequeños cuentos.  Sobre Scott ha dicho el poeta y traductor Paulo Henriques Britto, refiriendose al libro Mesmo sem dinheiro comprei um esqueite novo (Companhia das Letras, 2014) que tiene “plena consciencia de lo que se exige de su generación… donde cada poeta tiene que construir su lenguaje a partir de un legado diversificado y aplastante, sin las rutas de recorrido alternativas que marcaron, para bien y para mal, aquellos que los antecedieron*”.

Vale decir que él también trata –y reflexiona si se quiere− sobre el oficio literario. Pero no cae en la ruta trillada de muchos escritores, que escriben siguiendo el estilo de la autoficción imperante, desde el narrador que se posiciona como el ombligo de la historia. No, en el caso de Paulo, hay una cierta mirada del tú hacia el yo; una segunda persona que bien aparece en la prosa como en la poesía y sin ambages puede expresar cierto patetismo y banalidad en el que ha entrado el escritor. Así lo escuchamos en su poema “Talvez uma carta”, de su libro Mesmo sem dinheiro comprei um esqueite novo,  cuando una voz dispara:

diz que você está se tornando
tão patético quanto as personagens
que inventou
o que de tudo ficará? literatura?
para que diabos serve a literatura
quando você está feliz e tem amor?
(amar é algo que não se completa)

Y también en su prosa, como en su última novela O ano em que vivi de literatura (2015) donde de forma satírica el personaje Graciliano nos adentra a ese mundo (o mejor dicho, mundillo) de apariencias que es el mundo literario. ¿Será que un escritor puede vivir de la literatura, o más bien la literatura es el medio para vivir?

Es así que cinco libros de poesía, cuatro novelas y un libro de cuentos Ainda orangotangos (2003) – adaptado al cine en 2005 por el director Gustavo Spolidoro − constituyen hasta ahora la obra de Scott; una obra merecedora de varios premios y traducida a diferentes idiomas, destacando su novela Habitante irreal (2013) con sus versiones en inglés, alemán, croata, entre otros.

Y sin embargo −tal vez por esa cierta barrera de intercambio cultural entre Brasil e Hispanoamérica− no tiene ningún libro vertido a la lengua de Cervantes.

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A continuación algunas respuestas suyas para entender mejor su literatura y para conocer un poco de la relación peculiar del ser brasileño con la literatura.

¿Cómo ves el panorama de la literatura brasileña actual?

Creo que la literatura brasileña debe exigirse más. Sin presiones ni reglas, y sin el dilema de si se privilegia la historia o el estilo. Sin seguir modas, como veo en algunos escritores preocupados por entrar en la moda, como si no entendieran que todo es cíclico, y que los estilos y movimientos vuelven.  Además, me han cobrado en diferentes espacios de reflexión literaria, charlas, debates, principalmente fuera del país, sobre una literatura brasileña que es muy previsible, sin variedad; historias habituales, por lo general de hombres blancos, clase media que cuentan sus problemas personales, todo contado desde el yo que se cree el centro del mundo. Y creo que hay mucho más que eso. Pero no todo es así, claro, siempre hay gente escribiendo sin seguir modas o estilos, y hay creo que salen cosas diferentes.

Sobre esto que comentas, en tus historias suelen encontrarse personajes, varios de ellos indios, que son ejes centrales de tus historias. ¿Alguna búsqueda especifica con esto?

Bueno, es verdad que hay algunos personajes en mis historias que no son los clásicos personajes de ciudad, personajes patrón, tal vez se debe a que en un país tan grande como Brasil poco se trata del indio. Su figura muchas veces es menos que la de un bicho. Pero si bien es algo que sucede en Brasil, lo cierto es que es algo mundial.

Como puede verse en el caso de Brasil en tu novela Habitante irreal, pero también sobre otro tipo de nativos, como en el caso de Ithaca Road, novela que su argumento ocurre en Australia.

Sí. Y además el caso de una mujer nativa. En ese sentido, y creyendo yo que cada vez intento hacer un libro diferente, pero eso digo yo, aquí en mi cabeza, y no se refiere a como otros consideran mis libros, me propongo en cada libro indagar nuevas visiones, situaciones de vida que me atraigan.

¿Qué es lo clave o más importante para un escritor que se toma el oficio en serio?

Principalmente la entrega, el profesionalismo. A eso le sumaria la búsqueda de diferentes voces y posibilidades. Creo que el escritor que se cierra en su mundito se quita la posibilidad de crecer, de tener una cosmovisión amplia. En ese sentido a veces veo autores cerrados, que tienen sus referentes y no se abren. Siento esto a veces con nuestra literatura nacional, quedando muy entre nosotros, a veces sin abrirnos para el resto del panorama que nos rodea, que en primera instancia es el hispanoamericano.

Para concluir, y dándole la vuelta a la moneda, ¿cómo consideras al lector brasileño en ese binomio?

Sucede que a la mayoría de lectores brasileños no les interesa una literatura muy elaborada ni que apele a muchos recursos. Creo que de forma general al lector brasileño le gusta la literatura que llamamos agua y azúcar, historias ligeras, leves, sin mucho esfuerzo intelectual. De ahí que varios autores sean un total éxito aquí, y que sean muy aclamados por un público que se siente identificado con sus obras. Y no está mal, pero la capacidad de análisis y el crecimiento como lectores, que al fin al cabo es un crecimiento general como seres pensantes, se estimula y mejora asumiendo otras lecturas, siendo más abierto.

Pero sobre esto también hay que entender que hay unas políticas que incentivan esta falta de espíritu crítico. No le interesa mucho a los poderosos que la mayoría de la gente salga de su zona de confort. Porque saben que la literatura puede ser muy rica y trasformadora. Sobre todo porque es una de esas artes que significa construcción a partir de ti mismo. Ese acto de hacer la historia al momento que se lee. Lo cual es único de la literatura.

*  Traducción de cita: Juan Quintero Herrera

Foto: Divulgación Paulo Scott

Escrito por Juan Quintero Herrera

Escritor y periodista. Licenciado en Comunicación Social. Aspirante a Maestro en Literatura Española e Hispanoamericana (Universidad de Sao Paulo-USP). Es editor del blog Disco Cultural del diario El Universal de Cartagena y del blog En busca de la verdad. Enverdades.blogspot.com. En nuestras caras (Hadriaticus Editores, 2016) es su primer libro de narrativa (cuentos). Actualmente trabaja en un poemario y en una novela. Twitter: @JuanQuinteroH