A ti:

Te amo a ti. Y a tú. Y a veces también te odio y quisiera arrancarte un brazo. Y después besarte porque sí, porque tienes grande la superficie del cráneo. Hay veces en que me dan ganas de incendiarte, de volverte cristalino y etéreo, mantenerme al borde de tus pestañas y brincar. En qué momento me volví tú y tú yo, y dejamos de ser el día lento que avanzaba rápido, veloz, como la navaja en el abdomen. ¿Recuerdas las vendas en las muñecas? ¿El corte vertical? ¿La agilidad de la sangre para correr? El agua se iba de manera infinita, células y piel a su paso, pedazos de un rostro que no reconocía: vómito y el agua incomparable. Esa noche, en esa habitación, el cristo negro me sonrió. Creo que se burlaba de nuestro destino, dijiste ahora vuelvo diez años y perdido en el cuarto. Esa noche, en ese hotel, tu enfermedad y yo. Tu aura en mí. Amanecimos despacio como la navaja en el abdomen. ¿Recuerdas la historia de Beatriz? La de Dora que se dio un tiro en la boca y le salió por la cabeza. La historia del hombre que dejó a su mujer por otro hombre, su compañero de trabajo. ¿Recuerdas que soy alcohólica y que ronco cuando estoy despierta? ¿De mis gritos de histérica al amanecer? ¿Recuerdas que tengo una pistola que se ríe de mí todas las noches? De inventarme que tengo alas y aventarme por la ventanas de edificios altos y caer en ti. ¿Recuerdas? Estuve mucho tiempo enferma de la sangre o eso me hicieron creer. Recuerdo la corteza de los árboles y mi nombre, la montaña que nunca llegó, el avión que planeaba encima de la cabeza cuando dormía. ¿Recuerdas las tardes dentro de las sábanas? Tu madre que siempre me sonreía hasta que murió, o el cráneo que se balanceaba con el viento, la falda que como cortina el viento mecía y se suspendía en el aire para luego desaparecer. Vete te dije, y en lugar de irte lo que hiciste fue verte por dentro. No te amo. Amo la realidad que aparece cuando estoy contigo. No sé cómo cabe tanto drama en un metro cuarentayocho. Y cómo se desarman mis engranajes en cada madrugada y luego vuelvo a ser. Y soy un ave con la lengua herida y digo coma pero nada de palabras se separan. Algo parecido a un demonio marino come de mi sexo. Digo alto y aparece algo semejante a la informalidad del tamaño del cielo, edificios que tiemblan a manera de Adolfo, y eres tú con cara de espejo y soy yo con cara de Edificio que se derrumba pero permanece al instante intacto y es la crisis del corazón que se astilla y se interrumpe. Dime qué se siente no tener tantas ganas de llorar, hace tanto tiempo que no estoy seca, hace tanto tiempo que me humedezco al instante, algo cruza el espacio de las piernas, algo parecido a un punzón caliente, algo parecido a ti cuando hiciste el desastre. ¿Recuerdas cuando besabas a Ella y que no era yo? Tanto dramatismo me enferma. Vivo a cada día esta enfermedad. Vivo a cada día esta enfermedad. El punto en el que todo converge y luego todo se hace. Refractar. Marea de puerto. O una playa donde nace el carbón. ¿Recuerdas? Lo dije hace tanto tiempo ya no estoy aquí. Estoy, pero ausente. ¿Recuerdas? Te dije, esperanza del olvido, que importaba más lo que no digo aquí que lo que estoy diciendo. A veces aún creo en la palabra. A veces aún creo poseerla, o me poseé. Y me hago una N y firmo espaldas y cuerpos que agonizan en planchas de cadáveres como Dora que no aguantó la vida y se ha dado un tiro en la boca y le ha salido por la nuca o como el otro cuerpo de al lado cuya etiqueta era N/I  y a veces creo estar en ese espacio de los cuerpos no identificados. ¿Recuerdas? Te dije que era un hada, te dije que era un ángel, que tenía las alas grandes, azules, que solía planear encima del mar, que a veces jugaba a rescatar a las personas que amaba, que a veces solía ir por las noches, a través de las ventanas a espiarlo. ¿Recuerdas?  Hubo un momento que de las paredes salían manos que me detenían, que no me dejaban volar. ¿Recuerdas? Te dije que viví mucho tiempo con la sangre infecta. ¿Recuerdas? Te dije que estuve dos días sin despertar. Signos vitales pero no realidad. ¿Recuerdas? Alguien abrió mi espalda con la navaja, alguien se encargó de arrancar pluma por pluma y encima de todo me quitó el Azul. Y encima de todo me quitó los ojos, me volvió terrenal. ¿Recuerdas? Yo morí en 1948. Morí ahogada. Fui niña. 6 años. Era veloz. Pero no tuve la fuerza para aguantar la respiración. No tuve la fuerza. El agua. ¿Recuerdas? Le tenía mucho miedo al agua. ¿Recuerdas? Tengo mucho miedo. ¿Recuerdas? Aún te tengo miedo. Y la simplicidad de los muebles. El fuego que está, pero intermitente. La sensación. ¿Recuerdas? Dije Te amo y las puertas crujieron. Y las paredes se derrumbaron y el viento aventaba las ventanas hasta caer. ¿Recuerdas? Aventamos un puño de arena. Quemamos todo recuerdo en el bosque: fotografías-cartas-anillos. ¿Recuerdas? La botella al mar. Poema sin nombre y tú, cuando saliste, lo único que te preocupaba era la alarma. No sirve. Nada servía entonces. ¿Recuerdas? Ya nunca amaneció. Si pudiera rescatar un solo recuerdo, sería la primera vez que me sostuvieron mi padre y mi madre en el quirófano, ese lugar en donde anestesian, ese lugar al que han ido mi madre, mi padre, mi hermano y que yo, como he podido, lo he evitado, porque no quisiera saber adónde van los anestesiados, porque no quisiera estar tendida en una cama como Dora, que se dio un tiro en la boca y le salió por la nuca. Te amo, lo dije, ¿recuerdas? Pero no sé cuántas veces lo he dicho, ni a cuántos rostros, pero siempre has sido el mismo: el hombre que arranca ojos y alas, el hombre cuya etiqueta en el pecho dice N/I y reside en la parte de los cuerpos no reclamados. ¿Recuerdas? Te dije que tenía frío, que me iba a dar un tiro en la boca como Dora, pero luego pensé que me saldría por la cabeza y no, quiero que salga por el corazón. Un tiro por ahí y desaparece todo. O aparece todo: tu mano de tinta y agua, tus dedos de versos alejandrinos, tu lengua como caballo en la garganta. La hora de irse con el corazón y los muertos hacia otro lugar. Y en la pérdida y en la nada todo se descubre, y se olvida, y se refracta: demasiado drama para una sola tarde.

 

Escrito por Leticia Cortes

Guadalajara (México) 1980 Autora de los libros de poesía "Lámparas de sueño" (2005, 2005, 2006) "De tu ausencia y mis pérdidas" (2011) y "Habitar la muerte" (2015) Ha sido traducida al catalán, al francés y al inglés. Obra suya se encuentra recopilada en distintas antologías y revistas nacionales e internacionales.