En Espadaña queremos presentar vuestros compromisos con la sociedad. Hay quien cree que todos tenemos voz  aun cuando hay quien no la reconoce, quien no la atiende, quien no la considera, quien no la asocia a ningún verbo. Siendo un instrumento no todos son útiles para componer. Encontramos, también, quien lleva la voz cantante, quien tiene voz y voto, expresiones que realzan ese sentido autoritario que se sigue manteniendo hasta ahora. En muchos casos ha reinado el silencio, como una ley secreta que se aplica a nuestro alrededor. Se escucha a quien lidera, a quien representa y normalmente, más que escuchar las voces se buscan los votos.

Por esa razón, reclamo a quien tenga una queja, una exposición, un deseo, un testimonio para enfatizar, nos envíe sus poemas para mostrar su desacuerdo. En esta ocasión, Ana Patricia Moya acerca su realismo poético a nuestro día a día. ¡Disfrutad!

ANA PATRICIA MOYA

METAFÍSICA DE UNA INDIVIDUA CORRIENTE (Y, PARA MÁS INRI, SIN EMPLEO Y SOLTERA)

Habrá que continuar
Que seguir respirando
Que soportar la luz
Y maldecir el sueño
Que cocinar sin fe
Fornicar sin pasión
Masticar con desgano
Para siempre sin lágrimas.

(Idea Vilariño)

Me río
de todos los que creéis
que podéis ir a más en la vida.
Me río.
¿A más qué? ¿Hacia dónde?
¿A costa de qué?
¿Y de quién?

(Rakel Raro)

Yo no soy nadie.

Hay un corazón irónico y torturado,
una cuenta corriente en alarmante descenso,
una aspiración a jugar a la supervivencia en días despreciables,
a apurar madrugadas de apuntes, lágrimas y tazas calientes
– hasta arriba de asqueroso edulcorante -;
meses sin derramar versos en cuadernos garabateados
– no, no me ha abandonado la poesía:
lo siento, “queridos”, no os consentiré ese triunfo -,
porque yo estoy sin estar,

me ubico en un espacio idéntico

a la habitación acolchada de un psiquiátrico
– esa mancha negra, esa mancha que se nutre de temores,
que crece cuando lloras y enmudece con pastillas -,
decorada con fotografías en escala de grises
– mi calle, el parque, la oficina del INEM, el supermercado –
y reduciendo mi mundo al aroma de las hojas secas
– este maldito otoño, esta memoria traicionera
que acumula recuerdos:
extraño el levantarme temprano para ganarme el sueldo,
extraño el cariño, tu cariño
extraño a la niña que era antes -,
a tranquilos paseos con el perro por las aceras,
a repartir mi esperanza en papeles con datos académicos y formativos,
a las pequeñas labores del hogar y al escritorio desordenado

los libros de poemas, escondidos -,

la agenda con recordatorios sobre temarios inacabados

– detesto, repudio los pasos hacia atrás –

y citas rutinarias, obligadas o nostálgicas.
Y todo esto es nada.

Nada.

Porque yo no soy nadie:
soy un número más,
soy un trozo de carne más,
soy una inútil más.

Porque no tiene sentido la batalla con las manos desnudas,
porque, por muchas lecciones de moral gratuita que nos chillen,
sabemos perfectamente que con la voluntad no basta.

Y, precisamente por eso,
no soy nadie
ni tengo nada:

el precio para escapar del fracaso

es despojarte de la dignidad,
ése que están dispuestos a pagar algunos
por una plaza ficticia en el paraíso de los necios,

y no puedo deshacerme de aquello que me levanta
de la cama de lunes a domingo y que me encomienda a patear
los imprecisos límites de la realidad

hasta que mis nudillos se descarnen

hasta que mis ovarios rabiosos estallen

hasta que mi paciencia agonice en una tumba

aunque conozca el final exacto de esta historia.

Ш

FÁBULA DEL ETERNO DESEMPLEADO DE NUEVA GENERACIÓN (LA ORACIÓN DEL ETERNO BECARIO: TRABAJAR POR POCO O GRATIS ES TU CRUEL DESTINO)

“Tan sólo un pensamiento me conforta:

Las casas están llenas de frustrados.
De seres, como yo, sin aptitudes
para ser singulares en enjambres
pese a aspirar brillara su luz propia.

Y poco a poco fueron acogiéndose
a un amor, profesión, final destino
que no era el que anhelaran. Y están solos”.
(José María Fonollosa)

“Haz rechinar los dientes
todas las noches si quieres,
escupe sobre cada paso que das
para ahuyentar la mala suerte
si quieres
quéjate a diario del mal gobierno
de las guerras
de la indiferencia
de la apatía
de la injusticia
de la repugnancia que te invade
algunas mañanas con sólo asomarte al mundo.
Pero no dejes ni un minuto
De luchar por lo que crees.
Ni uno solo.
Morirás igual
pero con todos los dientes”.
(Rakel Rodríguez)

¿Discapacitada?
¿Tienes menos de treinta?
¿Estás dada de alta como autónoma?
¿Quieres aportar valor a nuestra empresa con prácticas?
¿Te agradaría adquirir más experiencia como voluntaria?

Destino final del currículum
(a pesar de que lo “admiran” con cierta exageración):
la papelera
(también denominada como “archivo común de candidatos”).

Y otra vez esa sensación de fracaso que se reproduce
todas las mañanas, a la hora del desayuno:
este ciclo sin fin aburre al cerebro
y amarga al estómago con el café
(la diarrea es una excusa ideal
para no procurar otro esfuerzo en vano;
aparte, la diferencia entre visita al váter y entrevista laboral
es que eres tú el que siente placer arrojando mierda).

Durante una temporada,
una fuerza “invisible” te impulsa al intento
una y otra vez, una y otra vez,
pero las semanas y los meses transcurren,
las negativas se suceden, encadenadas,
y te das cuenta de que estás indefenso, muy indefenso.
Toda esa existencia idílica que te pintaron
– un piso hipotecado, vacaciones exóticas,
una pensión de jubilación, quitar a tus padres de trabajar –
cuando memorizabas apuntes
y currabas de becario, como un cabrón,
se disipa, ante tus ojos,

y todo es gris,

y las ganas de batallar te abandonan
porque la esperanza de algo mejor no está en el suelo que pisas.

Y yo, por mi parte, no quiero seguir.

                                                      No quiero seguir.

                                                                                                                 Estoy cansada.

He confinado los títulos, papeles y demás
en la caja más recóndita de mi armario;
para que los antidepresivos no me vuelvan a arrastrar,
he renunciado a que se follen mi dignidad
con los cuentos de siempre
– esos que me hacen sentir inútil, vieja, estúpida: inservible -,
para concluir esta fase de apatía y mala leche,
de este puto mal genio de los cojones
que aflora con quienes menos lo merecen,
y que borra sonrisas de mi rostro,

porque la poesía ya no desprende efectos anestésicos

no me sana
no me llena
me da asco.

He sacado algunas maletas de viaje del trastero,
las he colocado en un lugar apartado de mi habitación,
para observarlas, siempre con resquemor,
y así mentalizarme de que, aunque me desgarre el alma,
posiblemente, sea la llave para huir de toda esta miseria.

Ш

DIOSES DE BARRO

Los héroes del pueblo regresan exhaustos
al hogar por un sueldo miserable

lloran por el exilio de los hijos que aún confían
en los títulos que resguardan en sus maletas

con una sonrisa amarga comparten
la pensión, engañan al hambre
con pan duro o yogures caducados

renuncian al suicidio por amor
los héroes del pueblo no escriben

no tienen voz

querido “poeta”: no puedes ser el protagonista
que predique la revolución desde un nido

tu única conciencia es el aplauso de los seguidores ciegos

los resilientes heredarán las ruinas de la tierra
y tú los efímeros momentos de gloria.

Ш

ANA PATRICIA MOYA
Licenciada en Humanidades. Ha trabajado como arqueóloga, documentalista, bibliotecaria, correctora de textos, profesora, gestora cultural, etc. Sus poemas aparecen en distintas publicaciones, de Europa e Hispanoamérica, así como en antologías literarias. Su último libro, de poesía, es Píldoras de papel (Huerga & Fierro, 2016). En la actualidad, prepara el poemario La casa rota (Versátiles Editorial, próximamente) y se busca la vida como puede. Eterna finalista. Misántropa. Aspira a hipoteca de casa con perros grandes y gatos negros.

BASES

  • Podrán participar poetas españoles que me remitan una selección de entre 3 a 5 poemas a la siguiente dirección: emocionesencadenadas@gmail.com. Indicando en el ASUNTO: ESPADAÑA.
  • Los textos podrán ser inéditos o ya editados, publicados en otros medios (revistas, libros, fanzines, etc…) mas se valorarán preferentemente los primeros.
  • El nombre del archivo (en formato DOC O DOCX) será POEMAS Y NOMBRE (Nombre y primer apellido de autor). No se aceptarán textos firmados bajo pseudónimo.
  • Deberá incluirse otro documento con una breve biografía (no es necesario exceder las 8 líneas).
  • Aquellos correos que no cumplan con los requisitos expuestos no se tendrán en cuenta.

Escrito por Gema Albornoz

Amante de las palabras, anglófila, lectora, aprendiz de poeta, aprehendiz de escritora, observadora, capturadora de momentos, comunicadora a ratos.