Cierro los ojos y lo veo tan cerca de mí, tan feliz, que me da miedo abrirlos y no encontrarlo a mi lado… Decido quedarme así e imaginar nuestros momentos juntos, nuestros viajes, nuestras caminatas… Lo veo asomado en la ventana mientras el carro va en movimiento, él hace maniobras para no caerse y yo me río y lo sostengo… No quiero abrir los ojos, la realidad duele… Cuanto lo extraño.

Es muy difícil hablar de él en pasado, me duele tanto y lo siento tan presente que pienso que en cualquier momento lo escucharé y despertaré de esta amarga pesadilla… Siento que lo veré, lo acurrucaré en mis brazos y empezaré a hablarle y a besarlo. Siento que a las 5 de la tarde él comenzará a llamarme con su ladrido y saldremos a pasear. Pero no, nada es real, él se fue a un mejor lugar y estoy feliz por eso, pero me dejó triste y sola.

Por más que sea ley de la vida uno nunca imagina que un ser querido dejará de existir, nunca se está preparado para eso, la muerte es fría, triste y dolorosa, luego de eso la cotidianidad es pesada y atormentadora… El corazón duele, la garganta tiene un nudo y existe un inmenso vacío… Cuesta mucho volver a la normalidad y aceptar que por más que quieras tu ser querido solo estará en tus recuerdos, solo ahí será eterno.

Los recuerdos ayudan, liberan, hacen que escapes y seas feliz, son un tesoro, es lo único que queda después que alguien se va de este plano. Esta dolorosa experiencia me mostró lo importante que son los pequeños momentos, los detalles, el valor del tiempo compartido con otros… Al final solo eso quedará en nuestra memoria.

La tristeza no se va pero siento que soy dichosa y le agradezco a la vida, al universo y a Dios porque me premiaron al enviarme a un ser tan hermoso para que me cuidara, me guiara, me amara y me enseñara el amor más puro e incondicional que puede existir. Tuve una conexión única que solo pocos tenemos el privilegio de sentir.

Yo fui muy afortunada al tener a alguien que me amara, que me esperara al llegar a casa y que se volviera loco al verme, yo fui muy afortunada al tener a un hijo, y es que sí, para mí Golfito no era un perro, para mí él era mi hijo.

Ahora lo recuerdo cada instante y cierro los ojos porque así siento que estamos juntos.

 

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Golfito

Escrito por Joelnix Boada

(Ciudad Guayana, Venezuela, 1997) Estudiante de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello extensión Guayana. Todo comenzó a sus 13 años cuando escribió la historia detrás de su sonrisa. "Detrás de una sonrisa" La Vida de Nos (2017)