«…extendió las manos hasta tocar el vidrio, sabía que su imagen estaba allí, mirándolo, la imagen lo veía a él, él no veía la imagen», José Saramago.

La bestia invisible comienza de manera inesperada. Festiva y misteriosa, es como si el tiempo se detuviese. Observamos un grupo de jóvenes que bailan y no se sabe bien cuál es la conexión entre ellos. Se distingue primero una mujer en un vestido negro y sensual pero a la vez discreto (con el encanto de Emmanuelle Cardon). Ella está incomunicada con el resto.
Con una fotografía exquisita, los actores y las actrices tienen unos movimientos de lo más pintorescos. En verdad parece que hay algo más que no podemos ver. Las luces de distintos colores en la oscuridad, las caras golpeadas por la iluminación como quien cuenta un relato terrorífico. En una instancia, una chica hace movimientos espasmódicos como sacados de una película japonesa. La puesta no solo es atractiva visualmente, escuchamos a cada rato música de diferentes matices que crea intimidad.
Que ellxs sean la juventud, comúnmente llamada «el futuro», no quiere decir que no tengan conciencia del pasado. Ellxs viven el pasado de una manera poco nostálgica, más bien aguda y punzante. No necesariamente es su pasado, en algunos casos, es el de un abuelo o abuela. Los recuerdos podrían ser difusos pero en este caso son tan nítidos como un pedazo de hielo que quema. También está el pánico a hablar sobre eso, como si exorcizarlo pudiese ser tan traumático como el hecho en sí. Aunque sepan que es un ritual necesario.
Se expresan, hacen música, circulan por el espacio como almas perdidas. ¿Qué lxs atormenta? ¿Cuáles son sus pesadillas? Les sorprendería saber que pueden llegar a ser miedos habituales como los del chico neurótico que encarna Nahuel Saa. Ésta es una obra con más preguntas que respuestas.
Los recuerdos van desde la más tierna (pero no tan tierna) infancia de algunxs jóvenes y algunxs abuelos hasta el holocausto. A veces, los padres son abandónicos. La chica que tan bien interpreta Rocío Bertinat habla de la extrañeza de verse reflejada en una lagartija como la imagen misma del asco y el horror que a la larga termina acercándola al padre. Por otro lado, el personaje de Germán Leza como quien no quiere la cosa cuenta que esperó horas y horas a que lo pasen a buscar del jardín. Lo más fuerte es la carta del amigo de un señor al que mandaron a un campo de concentración leída en perfecto francés por Cardon pero también en español por Leza con todo el sentimiento, como si él estuviera vivo. Leza logra conmover por completo. Hay más: un diario como una pequeña joya; lo que es la salvación en la cara de un cura para el abuelo del personaje de Lucía Szlak. No nos olvidemos de la abuela a la que las monjas le enseñan lo que es el bien y el mal, cuya nieta queda con muchos interrogantes.
thumbnail_PH Matias Aimar 4

En la foto, se observan Emmanuelle Cardon, Lucía Szlak, Germán Leza y Florencia Halbide.

El vestuario es sencillo, cotidiano, porque son otros aspectos los que deben resaltar. Como lo inefable en la boca de Loló Muñoz o las reflexiones iniciales y finales del personaje de Pipo Manzioni.
Pareciera que la dirección de Nayla Pose lxs organiza pero no lxs contiene, les da autonomía para que alcen vuelo. El elenco se mueve con naturalidad, como si estuviese en una juntada al igual que los personajes. Los monólogos están entrelazados de tal forma que fluyen y hay algo de humor (en especial por los personajes de Leza y Saa) que alivia un poco. Es una experiencia muy intensa y sensorial que el público por momentos espía a través de un vidrio que puede o no reflejarlos pero está ahí, al igual que el monstruo.
La obra recalca la importancia de la memoria. Lo leído y lo visto se inscriben en la personalidad y lxs demás nos hacen darnos cuenta de esto. La bestia invisible nxs persigue pero también nxs une en una puesta original que se sale del molde.
Esta fue la última función y marcó el cierre de un ciclo a la manera de un portazo para ahuyentar a los fantasmas.

Recomiendo seguir el recorrido futuro de lxs artistas a continuación:

Textos de Emmanuelle Cardon, Florencia Halbide, Germán Leza, Paola Lusardi, Pipo Manzioni, Loló Muñoez, Julián Ponce Campos, Nayla Pose, Nahuel Saa, Mariano Saba, Lucía Szlak y Marian Vieyra.
Actuaciones de Emmanuelle Cardon, Lucia Szlak, Florencia Halbide, Nahuel Saa, German Leza, Loló Muñoz, Pipo Manzioni y Rocio Bertinat.
Asistencia de dirección de Gabriela Paz López Leal. Dirección de Nayla Pose.

Presentada con dos temporadas en Teatro El Brío.  Buenos Aires, Argentina.

Escrito por Denise Griffith

Escritora argentina. Publicó con la editorial Escritor de la legua un poemario llamado Antojos de desorden y participó de la antología El gran libro de los perros de la editorial española Blackie Books. Trabajó en el Ateneo Grand Splendid (una de las librerías más hermosas del mundo). Asistió al taller literario dictado por el escritor Luis Mey y colaboró en diversas revistas digitales. Se desempeña como crítica de teatro para la página GEOteatral. Contacto: griffith.denise.03@gmail.com