Poemas pertenecientes a la plaquette El vacío de los cuerpos que aman.

 

EL AMOR DE LAS HORMIGAS
Usted me dijo que el amor sería esto:
Esperarlo en una esquina.
Contar el número de hormigas feroces
que devoran el vientre de una mariposa.
Escuchar el sonido del agua
cuando limpia sus líquidos de mi uniforme.
Ser la hija ajena de un hombre
que me lame el ombligo
como un buen padre jamás lo haría con su hija.
Pero usted no es mi padre,
solo se ve como él.
Lejano. Ausente.
Esquimal en el verano de mis días.
Yo me veo como mi madre,
aunque nunca quise ser como ella.
Vivo en la espera de una palabra
que agonice mi miedo.
Esta constante de aniquilarse
en los labios del desamor.
De intuirse como una barca
abandonada en una isla.
Escucho su carro aproximarse y comprendo
que escogí ser esta mendiga de afecto
porque así, alguien, también piensa en mí.
Así también soy el humo de un volcán
a punto de extinguirse.
Papá ya no es coordenada ni hemisferio,
solo el sonido de un río congelado en la sangre.
Y usted es lo único cercano a mi herida.
Usted me ofrece algo parecido a la ternura.
Cuando estoy en sus brazos, recuerdo la niñez
como una muñeca de plástico
a punto de caerse
de las manos de una niña,
que llora de rabia y de recuerdo.
Usted no es nada en esta historia,
solo consecuencia.
¿Quién puede desear algo más,
cuando se arrastra hacia una orilla
como una estrella perdida,
de un cielo que no existe?
Usted puso sus dedos en mis caderas
que se columpiaban
en el regazo del infortunio.
Usted es una pelota que yo estrello
contra una pared
cuando ha llegado al punto máximo
de su gravedad.
Yo soy esto.
Esto que hacen los padres cuando no quieren hijos
y los dejan ahí, a un lado del camino
con un cartel en el cuello, que dice:
Cuarto en alquiler para un solo inquilino.
Usted me dijo que el amor sería esto.
Y dentro de mí no hay nada que lo contradiga.
Solo la voz de mi padre que se va,
que siempre se está yendo.
Y uno se queda contando las hormigas
que devoran un vientre, vacío de mariposas.

 

CURARSE
Curar
se.
De la soledad.
De la apatía.
Del poema carnívoro
que hace un festín de mi cabeza.
Cu-rar-se
Caminar apátrida en mi cuerpo.
Desconocerme.
Romper los límites de mi sexo
y darle el nombre de una fruta
que crece en el desierto de las
definiciones.
Curarse de la verborragia del silencio.
Decir las cosas que duelen para sanar:
El cielo desde mi ventana
se conjetura como un carboncillo
con el que dibujaré el fin
de mi derrota.
Es preciso derrotarse.
/Es preciso amputar la raíz del alma/
Es preciso llamar a la sombra que dibuja nuestro rostro
y decapitar su albedrío de la noche.
Es preciso saber que se está enfermo para -querer-curarse.
Curarse de las fronteras que amarran nuestros sueños
y que nos hacen levantar la bandera del imposible.
Curarse del amor que sigue soñando en ser el centro del mundo.
(Es la ausencia la única que define nuestros nombres)
Curarse del espanto-de la carne-de las vacas sagradas del hambre.
Curarse-masacre del dolor que nos lleva por diferentes paisajes.

Curarse
De la madre
Del padre
De toda tu familia
Al contrario:
Per-te-ne-cer-se
Como un pájaro que dentro del cascarón
devora sus alas
para soñar con todo
lo que pudo haber sido.
Solo así curarse…
Cu-rar-se
de todas
las muertes
que nos hacen sobrevivir
a la vida

 

CANSANCIO
Atar palabras que huyen como pájaros
dentro del mar de la memoria.
Usar la voz como un pretexto para sentirse viva.
Soy el éxodo de mi propia suerte.
La flecha que apunto hacia mi felicidad.
El juego sin reglas de niños pequeños,
que yacen heridos de inocencia.
Soy infinitamente pequeña
y sostengo entre mis manos
los cadáveres de horas
que se ríen de mi cansancio.
La soledad es una bestia que muerde mis uñas
llenas de su sangre.
Amo, digo, amo. Pero querido espectador,
esto no es una afirmación.
es una amenaza.


HÁBITOS CIRCADIANOS

Habitar la nieve como el rastro de un ángel caído.
Insinuar que el verano es pulsión de vida
del sol, que diluye las ramas secas del silencio.
De palomas sobrevivientes del milagro,
que nunca desapareció el designio de la muerte.
Habitar el lodazal de la conciencia
como un piano que deconstruye el dolor
en el síncope eufórico de la belleza.
Habitar el dolor como un venado
que llora a su madre muerta
y toda una audiencia toda una audiencia
llora junto a él, el fin de su inocencia.
Habitar el sufrimiento que nos destruye
a solas en medio de los otros.

 

FORASTEROS DEL SILENCIO
Opacas el cielo nocturno con tus dientes de niebla
y todas las palabras son abejas que mueren
en los pétalos carnívoros de tu boca.
Caminar de rodillas sobre la arena del tiempo.
Dejar migas de sangre al recuerdo.
Poblar la tierra con la marabunta salvaje
de la tristeza,
nos hizo creer que podíamos conquistar
el paisaje solipsista de los miedos.
Somos animales nerviosos que devoran
su identidad y la convierten
en el montículo de su olvido.
La lluvia es un síntoma de huida, dices
y ya eres una lágrima en mis ojos
que desaparecen
como un pájaro devorado por la noche.

 

EL VACÍO DE LOS CUERPOS
El teléfono suena…
Mis manos resbalan por el espejo
y dibujan un rostro similar a tu ausencia.
Si alguien pregunta sobre la felicidad
les muestro una foto
sin filtros -de ti y de mí y
digo que –aun-puedo soportar tu lejanía.
Pero miento,
y lo hago tan mal
que me devuelven una sonrisa
como si me dieran un pésame.
Me dicen que salga -que tome nuevos aires y
no quiero decir que estoy a punto de asfixiarme.
Las lágrimas se desnudan detrás de mis ojos,
si callo es porque estoy tan débil
que si confieso mi verdad
no podré hacerle frente.
Te extraño.
Y no quiero mentirme de nuevo.
No quiero decir que acaricio mi cama pensando que
estás conmigo
/porque ya no lo hago/
Quiero decir que abarco todo el espacio
que no tengo fe para saltar a otro vacío
parecido al de tu cuerpo
parecido al milagro de tenerte.
Ya no (te) creo.
Si alguien pregunta por qué sonrío
les diré
porque el teléfono ha dejado de sonar
y por fin tuve
el coraje de aceptarlo.

 

*Si quieres leer la plaquette completa, haz clic aquí, lo único que te pido es que no copies este contenido sin el respectivo nombre de autor ¡Gracias!

 

*Para conocer más obras del artista que ilustra esta entrada, haz clic aquí

Escrito por Sara Montaño Escobar

Sara Montaño Escobar (Loja-Ecuador, 1989). Licenciada en psicología general. Sus poemas se encuentran en revistas de Ecuador, México, Venezuela, Argentina, Colombia y España. Parte de la Antología de poesía y relatos publicada por el Municipio de Loja (2017). Relato publicado en libro cartonero “Pasaporte”, un proyecto que corresponde a tres editoriales cartoneras: Dadaif Cartonera (Ecuador), Cossete Cartonera (Francia-Brasil) y Pirata Cartonera (Ecuador-Salvador). Publicó la plaquette Génesis de ausencia (Vis-k-cha, Editorial independiente, Loja- Ecuador, 2017).