Basta…

Ya.
No mereces nada de mí,
solo palabras vacías
sujetas a lo que me lleva el viento.

No mereces lo que siento.
No mereces llevarme
de la mano
a espacios nuevos o
trasladarme a lugares ocultos
en los que soy distinta.
-Me desconozco, y eso me confunde-.

Siempre me repiten
lo fría que soy.
Contigo me vuelvo nada,
pero eso vale lo que cuesta
el inicio de algo superfluo.

De nada vale.
No mereces esto
que a veces me sobrepasa.
No mereces mis palabras dulces
ni mis complicaciones.
No mereces conocer mis defectos;
porque, nada conoces.

No,
no me mereces.

Recuérdalo

Un día me caí de la cama,
esperando tu llamada
esperando un mensaje.

Te leí.
Te hablé de mil cosas
y de lo mucho que te amaba.
Recorrí tu piel imaginariamente…
Me sentiste, lo sé.

Pero nada basta,
nada es suficiente.
Nada acalla
el borbollón saliendo
en aquella fuente.

Si realmente
te pusieras en mis zapatos,
en verdad verías que veo aquello
que pasa cerca a tus ojos de largo.
No quiero sacarte de tu jaula,
no quiero hipnotizarte
ni llevarte a lugares de calma;
tampoco quiero llevarte al caos
o al «descontento».
Solo abre las alas una vez o
en ocasiones para extinguir el incendio.

¿No te hablé claro?
¿O tú no quieres ver la realidad,
mi realidad?
Creí que sabías traducir
en distintos idiomas,
pero me equivoqué;
solo sabes el tuyo.

¿Qué si quiero que te quedes?
Quiero lo que me diga la brújula.
Si el timón se tuerce,
es porque el peso me pudo.
No por no saber conducirlo.

Por una vez

Mírame.
Pero sé que no puedes.
No, y es imposible que lo hagas.

Cómo seguir la ola
si a veces la tormenta
me acapara.
Y entre rayos, truenos,
subidas y bajadas,
acompañas a la brisa.

¿Por qué no me abrazas
y simplemente callas?
Si pudiera expresar todo
de distinta manera, lo haría.
Pero no, no puedo.

Y si lo intento,
si lo intento de pronto
quede en el olvido.

 

                                     Ve y registra la historia…

Las agujas del reloj
cambiaron;
ahora,
ahora ya no están estáticas.
Guardaré el momento,
pero no entre el polvo
de aquellos recuerdos viejos.

Escrito por Nathalie Marin

Nació en San Cristóbal (estado Táchira-Venezuela), en el año de 1990. Licenciada en música, pianista, docente, poeta y escritora. Se ha desempeñado como docente universitario en las áreas de Etnomusicología y Folklore y Piano Funcional (Universidad Nacional Experimental del Táchira-Venezuela); participando allí, como ponente en dos ocasiones con el proyecto de investigación: “Análisis Fenomenológico del Canto Sagrado de Protección y Cuidado Koyorí, evocado por el pueblo Mapoyo comunidad el Palomo, municipio Cedeño-estado Bolívar”; catalogado con mención publicación en dicha universidad, en el año 2015. En su rol de escritora; se desenvuelve en las áreas de redacción, edición y corrección de textos de forma independiente; gestiona una fanpage por iniciativa propia «Palabras bajo la lluvia» (marzo 2018); y desde el año 2017, escribe artículos para el blog de la Fundación de Tanatología Elisabeth Kübler Ross-México.