Poética para un nuevo siglo
Reseña a Existencial(es) de Margarita Bustos Castillo por Isabel Guerrero

 Mi siglo, mi bestia, ¿hay alguien que pueda
escudriñar en tus ojos
y soldar con su sangre
las vértebras de dos siglos?
Osip Mandelstam

Una de las cuestiones que han atendido los filósofos de este siglo ha sido la particularidad de lo contemporáneo y su necesidad de análisis en cuanto a la proyección que nos dejó la reflexión sobre el ser y la existencia del siglo anterior. Ya antes distintos pensadores determinaron al ser humano como un ente que sufre, se angustia, pero que también es hacedor de su propia forma y destino. Este fascinante descubrimiento instó a que los paradigmas transformaran la esencia de lo “humano” y develaran parte de lo que las clasificaciones occidentales habían dejado hasta ese entonces afuera. Pero, frente a esta nueva concepción de lo humano, quedó lamentablemente el vacío de los roles que se debían asumir, cuando de pronto la aceleración económica, tecnológica y científica, no dieron tiempo de respiro y la humanidad pareció sumirse a una oscuridad de la que posiblemente se piensa no despertemos nunca.

El escenario de este nuevo siglo es incierto, inconstante principalmente porque el modelo económico actual es tan devorador que es casi imposible detenerse siquiera un poco a dialogar, o reaccionar. Frente a cada nuevo rechazo, la estructura inmediatamente arremete con su ley intentando silenciar demandas o reclamos. ¿Cómo dialogar con aquello? ¿Cómo se logra transformar la dinámica político-social neoliberal que nos acontece? ¿cuál es el papel de la literatura, de la poesía y del poeta en estos tiempos de desolación? Giorgo Agamben a propósito del poema de Mandelstam señala: «El poeta, que debía pagar su contemporaneidad con la vida, es quien debe mantener fija la mirada en los ojos de su siglo-bestia, soldar con su sangre la espalda quebrada del tiempo. El poeta -el contemporáneo- debe tener fija la mirada en su tiempo[1]

Tomo las palabras del filósofo para referirme en este escrito al libro «Existencial(es)» de la escritora Margarita Bustos Castillo, principalmente porque veo en su poética una clara muestra de la necesaria reflexión que debe hacerse desde la literatura; tanto el/la poeta como su creación son indispensables en la labor que como sujetos contemporáneos estamos llamados a transformar, porque así como el siglo pasado tuvo su poesía del desarraigo, considero que, lo que hoy debe gestarse es precisamente una poética que nos lleve a una restructuración para no sucumbir con el golpe que nos entrega un tiempo lleno de dificultades.

«Existencial(es)» nos inserta desde el título hasta el epílogo en una constante conversación que fluye como consecuencia de una realidad vacía, de la que es imposible no conmoverse, porque al saberla falsa, también flaquea la propia existencia de quien la vive:

«Saladas imágenes
en el vaivén del oleaje
me devolvieron
a superficie
lo absurdo haciendo agua por todas partes
soñada por el poema
soñándome
y otra vez a oscuras» (Anoche soñé un poema p.17)

El sueño es el descubrimiento de saberse en una condición en que la oscuridad, más que ser una ausencia de la luz, es aquella que permite proyectarla hacia lo que no logramos ver en la vigía, es todo lo que esconde la verdad impuesta, lo que está en el paréntesis de la historia y que nos ha sido negado tan sólo porque no es conveniente pronunciarlo.

«El instante capturado perece,
ya no espera la vibración de su otro
se pudre
se nutre del vacío
océano padre.
Dolor que somos ahora
un mundo bajo los párpados.
Y la palabra extinta.» (Existencial(es) II p. 26)

Las imágenes expresadas en todo el primer capítulo nos remiten a esa dicotomía en que la ciudad, la noche, el agua y las palabras, surgen como espejismos que incomodan, que alteran el orden natural del tiempo y donde la hablante pareciera nadar en busca de un paisaje que imprima su esencia, pero

«de repente los lugares desaparecen
bajo mentira
y bajo palabra
sin premoniciones susurrando en almohada
.» (Olvido y gentrificación p.24)

y no queda más que una humanidad perdida, sin rumbo fijo. El poema se presenta bajo la caratula de lo anexo, lo inconsciente que de alguna u otra forma emerge como instinto, como respuesta natural, un faro en medio de la oscuridad instando al soñador a preguntarse. Cerrar los ojos es detenerse para ver el dolor de lo que somos como especie, es un intento por recordar una historia lanzada al precipicio de la tortura y el desdén, porque en este relato aprendido también se encuentra el abandono, la injusticia, un mutismo inyectado como consecuencia de los mitos que el mismo sistema levanta

«Marta prisionera
perdió su nombre
              Fue la otra
             Es la otra
y ninguneada junto a los objetos
su carne no supo de soles ni lunas
no supo reescribir su historia» (El silencio de Marta p. 25)

Es la hablante que sola en el mundo se eleva, contemplando desde otra dimensión, un siglo vestido de luces y parafernalia, pero vacío, mudo de tanta palabra enceguecedora. Esta elevación no es superioridad, entiéndase como una abstracción, que logra hacerse a través del sueño o en el agua, porque es más una actitud de meditación o introspección de lo que observa.  La hablante mira desde la otredad el tiempo que hoy habitamos y ¿qué ve? Observa un rostro, mira al genocida, al poderoso, al opresor directamente a sus ojos y no tarda en señalarlo. El segundo capítulo «Instantáneas» es la detección de lo nocivo, ya no el naufragio de un ser que se cuestiona, sino la objetivación de lo injusto. Es la fotografía que queda en la retina y que no renuncia a ser olvidada, al menos no para quien la observa detenidamente.

«Miente el poder dialoga con Ciudad Juárez
            Colombia
            Palestina
            Ucrania                Siria
mientras el poder bendice en lenguas a sus chacales
en Ciudad de México
en Bogotá
en Israel              en Alepo y Damasco contra los
                             ecos sepultados de Damasco y Alepo.» (Al otro lado está la Paz p.37)

No tiene pudor en apuntar a quien ha dañado y masacrado, al mentiroso y al ladrón, a ese que en algún momento utiliza la palabra para manipular la realidad y verterla como veneno, a aquel que ríe de comodidad. Es tal cual lo señalábamos al comienzo de este escrito, la poeta con su sensibilidad e inteligencia odia su tiempo, pero sabe que no puede huir de él, que es irrevocablemente suyo, pero esto no la enceguece, al contrario, es en la oscuridad del macabro siglo en el que vivimos lo que le permite re-conocerse tanto a ella, como a los otros y otras que están por ahí como polvo, hueso, como cadáver o recuerdo.

«Los genocidas están muriendo
-no de vergüenza-
tampoco los mató el silencio.
Los genocidas están (mu)riendo
y no hay epitafios
          para sepultar los gritos que aún
                   resuenan en la esquina.» (Por la memoria p.41)

Desde esta abstracción la poeta contempla un siglo lleno de luces, principalmente aquellas que son proyectadas por la televisión, la publicidad, por la falsa idea de la felicidad, dada en la lengua inglesa, que es el idioma materno en ese asunto. Los tres momentos de «Existencial(es)» vienen fundados en una concatenación que lleva a la irónica solución de lo cuestionado anteriormente, es decir, del estado de contemplación se deriva al descubrimiento del siglo, y esto no tiene sino como cura un baño de realidad.   He aquí su poema/homenaje INSTRUCCIONES PARA SER FELIZ O COMO NO DESGRACIARSE EN EL INTENTO donde se plantea una realidad social, un estado individual y una promesa para ser feliz.

Es en el epílogo donde se desarrolla el diálogo con el lector, a través del homenaje que la poeta realiza a La Nueva Novela de Juan Luis Martínez. Esta conversación no es casual, es quizá el punto de partida que se deja al poeta/lector. Es quizá el desafío que nos plantea la autora, porque estamos en una época donde el libro es un objeto tecnológico que se admira más por la portada que por el contenido, estamos en la era donde los logos de gobiernos de derecha y de empresas extractivistas abundan en ferias, encuentros, festivales y se pegan a las espaldas de cientos de artistas que desfilan por la pasarela de la new fashion poetry del siglo XXI.

“Darse cuenta” no es una cualidad que esté ajena al ser humano común, si bien para la hablante el poema fue un ejercicio clave de descubrimiento, para aquel que está sumergido en la rutina, basta con salir a la calle, basta con observar en las murallas el grito desgarrador de un paisaje que estila verdades, aunque éstas estén manoseadas por avisos publicitarios.

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 (Instrucciones para ser feliz o como no desgraciarse en el intento p.50)

«Existencial(es)» es un libro que permite al lector un ejercicio de memoria, de crítica, de contemplación. Es un texto que funciona como un bloque que atiende a la problemática contemporánea, realizando un análisis desde la misma contemporaneidad. Su valor radica en la crudeza de sus textos, en el impacto que deja la injusticia en el panorama social que tuvimos como pueblo y que conservamos hasta ahora.  Su importancia reside en la forma en la que es planteada, en el modo “zen” con que parte para transformarse poema tras poema en un ladrido feroz, y es que así es el proceso de descubrimiento. Capa tras capa se devela una verdad, algo que parece un sueño, un estado onírico que no pasa sino por la ficción, pero que al irse develando nota que su desnudez no es más que un disfraz hecho en USA.

Por último, debo agregar que más allá del análisis que pudiera tener «Existencial(es)», esta obra no es tan sólo una metáfora de lo contemporáneo, también es acto real que representa la lucha que cientos de mujeres deben dar día a día, como escritoras y gestoras culturales,  para que la palabra, el análisis y la reflexión no pasen por la tinta para quedarse fijadas en un estante de la biblioteca, sino que se vuelvan un aporte que al menos, haga el intento por modificar las estructuras que tanto duelen. Celebro la escritura de «Existencial(es)» y agradezco a Margarita Bustos Castillo por permitirnos beber un poco de ese gesto.

[1] Ensayo ¿Qué es lo contemporáneo? (Giorgio Agamben, 2008)

*Existencial(es), publicado por Marciano Ediciones, Santiago 2017.


Foto Margarita BustosMargarita Bustos Castillo es Profesora de Castellano y Comunicación de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, egresada del Magíster en Género y Estudios Culturales de la Universidad de Chile. Algunos de sus poemas han sido publicados en las Revistas “La Mancha”, “Cinosargo” y “Valpoesía”. Ha participado en los Encuentros Nacionales “Letras en Género”, “Rancagua Literario”, “Chillán Poesía”, “Encuentro de Escritores del Bío-Bío”, “El rayo que no cesa”. Ciclo de Lecturas en la SECH y el “Festival Internacional San Juan en Pluma” (Argentina). Redactora para la revista La Otra Pluma. Organizadora del encuentro Poético Musical: Colusión Poética. Co-directora del Ciclo de Literatura de mujeres: “Versadas” que se realiza mensualmente en la Biblioteca de Santiago a partir del año 2015, reuniendo a poetas consagradas y emergentes de diferentes partes de Chile. Libros Publicados “Maldigo el paraíso de tu abandono” (Editorial Puerto Alegre, Valparaíso 2011) “Eros en la Lengua” (Punto de Luz ediciones, Rancagua 2015) y “Existencial(es)” (Marciano Ediciones, Santiago 2017).

Escrito por Isabel Guerrero

ISABEL GUERRERO. Rancagua, Chile - 1985. Profesora de Castellano y Filosofía. Escritora. Actualmente es directora de Revista Mal de Ojo y parte del comité editorial de Revista Latinoamericana La Ira. Publica "Poemario Obstinado", por Editorial E-Lit, 2013. La plaquette "Anzuelo", 2015 y “Trazos de una obra por hacer” de Editorial Conunhueno en el 2017. Ha participado en Encuentros y Festivales Literarios en Chile, Colombia, Argentina, México, Bolivia y Cuba, publicando en las respectivas antologías de cada uno. Se destaca su participación en revistas de nivel político y social y la participación en actividades de desarrollo humano y creación poética en Escuelas y Centros Culturales de todo el país