Las ventajas de vivir en el campo (Caballo de Troya, 2018) es el segundo trabajo narrativo de la poeta y narradora Pilar Fraile Amador, quien tras el libro de relatos Los nuevos pobladores (Traspiés, 2014), ha sido seleccionada por Mercedes Cebrián, encargada de la colección de Caballo de Troya este 2018, para formar parte del catálogo.

Esta inquietante novela parte de un escenario idílico: una pareja, Alicia y Andrés, y su hija pequeña consiguen salir del agobio de la ciudad y retirarse a vivir en el campo, buscando una tranquilidad y conexión con la naturaleza que mejoraría su calidad de vida. No obstante, estas expectativas se van nublando ante la dificultad de Alicia de encontrar encargos como fotógrafa para inmobiliarias, la relación con el aparentemente apacible y campechano vecino y los ladridos nocturnos de su perro. La familia escapa de la ciudad hostil y despersonalizadora en busca de un locus amoenus que culmine su felicidad y satisfacción, que suponga la cumbre del proceso lógico y normativo de relación y de vida: formar una familia, mudarse y vivir disfrutando de la cotidianidad según ese esquema.

No obstante, la bruma y las dificultades empiezan a cubrir el camino planeado y todo lo que rodea a la pareja empieza a resultar artificioso y fingido. No sabían que al escapar de la ciudad entraban en un mundo que tiene sus propias normas, en un escenario que no resulta tan idílico como pensaban, sino que es decadente, hostil, hosco y cerrado; un ambiente opresivo que va cerrándose sobre la protagonista, acrecentando sus miedos y su desconexión con la realidad. Alicia descubre entonces un día a día irreal y brumoso ante el que parece una funambulista que se balancea peligrosamente entre la expectativa y la tensión de un vecino vigilante o un médico encantador de serpientes, ante los gestos fingidos y premeditados y la desconfianza que llega a despertarle aquel con quien comparte cama.

Todo se vuelve onírico, desconectado de lo que ella conocía, incluido su trabajo: la novela se emplaza en la quiebra de la burbuja inmobiliaria, que deja una estela de urbanizaciones vacías y cuya construcción no se ha terminado, un paisaje urbano en decadencia que Alicia debe fotografiar y maquillar digitalmente, debe enmascarar una realidad para lograr venderla como deseable. Este escenario urbano contrasta directamente con el entorno rural en el que vive la protagonista, con el que, al mismo tiempo, se identifica: son paisajes construidos de manera onírica, igual de artificiosa. Nada es natural.

La novela de Pilar Fraile se ha relacionado con lo que se está denominando en los últimos años “neorruralismo”, que vuelve al paisaje natural, huyendo del escenario de la ciudad como centro narrativo. Fraile se muestra reticente a las categorías y encasillamientos que supone en ocasiones la crítica literaria y afirma: “ciertamente hay en la novela elementos, como la vuelta al campo o el enfrentamiento con la sociedad rural que son comunes a las novelas neorrurales, pero tampoco creo que la novela encaje exactamente en la categoría puesto que el tema central no es el de la vuelta al campo. Hay además  entornos: el urbano y el suburbano, que son igualmente importantes en la novela”.

La protagonista se muestra como un personaje dominado por el miedo, por la sensación de desconexión de la realidad y la voluntad de una vida imaginada y no alcanzada, de expectativas frustradas que desbordan la cotidianidad. En la obra seleccionada por Cebrián, todos los pequeños detalles y situaciones diarias resultan tener un doble filo, lo que parece apacible y armonioso se torna grotesco, incluso esperpéntico, de manera ininteligible e inexplicable para la protagonista, perdida en un juego que los demás parecen manejar.

Con un estilo casi fotográfico y periodístico, Pilar Fraile construye una novela amena e inquietante, y consigue mantener la tensión narrativa desde el principio, en el que nos despierta con un golpe brusco en un capó, hasta el final de manera impecable. A pesar del escueto pero eficaz estilo, la autora no se priva de desarrollar una extensa red de símbolos que sutilmente nos atrapa e introduce en la mente de Alicia, personaje de una gran profundidad psicológica, a cuyo conocimiento de la situación se limita también el del lector.

La novela consigue reflejar a través de situaciones cotidianas la fragilidad de la realidad a la que se somete el ser humano, con una gran amplitud de escenarios que contrastan entre sí y con una prosa limpia y precisa en todos sus movimientos. Una gran apuesta de Mercedes Cebrián por la innovación y calidad literarias.

¿Cómo has afrontado el cambio de los relatos cortos a la novela? ¿qué retos narrativos te ha presentado?

Cuando me planteé el argumento de Las ventajas de la vida en el campo enseguida me di cuenta de que la historia no cabía en las dimensiones habituales del relato. A partir de ese momento la escritura fue bastante automática porque la trama, para poder desarrollarse, requería de un conjunto de capítulos.

Los problemas empezaron cuando comprendí de que para que la novela funcionara era necesario cambiar parte de la estructura. Lidiar con la reorganización de una arquitectura de muchos capítulos en la que hay idas y venidas en la línea temporal fue quizá la parte más compleja.

¿Por qué elegiste la situación espacio-temporal de la crisis y la burbuja inmobiliaria en España para emplazar la historia de Alicia y su familia?

La verdad es que la crisis, que es el trasfondo de la novela, no el tema, se impuso como la situación natural para la historia a la que convenía la sensación de hundimiento y también de peligro que surge en este tipo de momentos históricos.

El sentimiento de decadencia y la desilusión están presentes durante toda la novela, y son sentimientos que también podemos identificar dentro de la juventud millenial que hoy se enfrenta a la vida adulta, ¿cómo concibes este sentimiento generalizado de desilusión con la sociedad que caracteriza a esta generación?

La desilusión es el signo de los tiempo, uno de ellos, al menos. Esa desilusión tiene que ver con la crisis y el desplome de expectativas que nos ha afectado a todos. A mi generación porque ha visto cómo se demolían los sueños profesionales y personales que habían alimentado –un trabajo mejor que el de sus padres, el anhelo de contribuir de algún modo a la sociedad, la esperanza de cierta felicidad personal superior a las de las generaciones precedentes-. Pero también a la generación millenial que no ha podido tener siquiera el lujo de las expectativas y ha sido condenada a una especie de aceptación total del desastre.

¿Son los textos literarios el espejo o reflejo de una determinada sociedad?

Supongo que son ambas cosas, si funcionan bien y también, en el mejor de los casos, deberían ser llaves que abran posibilidades dormidas o linternas que iluminen las zonas oscuras que, precisamente por estar oscurecidas, nos entorpecen.

Las ventajas de vivir en el campo aborda las relaciones sociales y el enfrentamiento con la otredad desde la incomodidad, la extrañeza y la inseguridad, ¿crees que hay un cambio de paradigma dentro de las formas de relación?

Creo que, al contrario de lo que pudiera parecer, cada vez se entiende menos al realmente diferente, es decir, al que no acepta, porque se opone o porque no pertenece, las normas de la sociedad del consumo y la mercancía.

En la novela se presenta una suerte de desmembración del esquema normativo tradicional de familia, algo que genera mucho debate en la sociedad actual, ¿por qué crees que se está cuestionando este esquema?

No diría que en la novela se trata directamente el tema del desmembramiento de la familia, lo que se pone en juego es más bien la desintegración de los lazos emocionales y la incapacidad para entender nuestra propia sentimentalidad.

Esta incapacidad es cada día más palpable.

La novela empieza con una especie de éxodo rural por parte de Alicia y su familia, ¿cómo concibes la gentrificación de los barrios céntricos que están provocando un éxodo si no rural sí hacia las zonas de la periferia o el extrarradio?

Alicia y su marido toman, como dices, una decisión que no es tan extraña, de hecho se ven abocados a ella porque su sueldo, como el de la mayoría, no permite una vivienda ni una vida decentes en la ciudad.

Este problema, que es muy real, viene provocado por la gentrificación pero también por la especulación generalizada de las décadas anteriores, e incluso y particularmente en España, por un problema previo que es la falta de planes urbanísticos. Con darse una vuelta por cualquiera de nuestras ciudades medianas y grandes se puede observar la magnitud de la tragedia: barrios y barrios donde se construyó una vivienda de bajísima calidad sin espacio mínimo entre bloques, con calles estrechas, sin zonas verdes, y con una ínfima calidad de servicios básicos.

Así que los protagonistas, llevados por la necesidad y también por el sueño romántico de la huida de la ciudad, deciden vivir en esa zona caliente donde el extrarradio se topa con el mundo rural. Ese no es, como se ve en la novela, un sitio fácil sino un lugar que les enfrentará a sus miedos y a sus debilidades.

¿Cómo ha sido trabajar con Mercedes Cebrián para este proyecto?

Ha sido muy enriquecedor, Mercedes es una escritora seria y una editora muy concienzuda que me ha ayudado mucho en todas las partes del proceso.

La iniciativa de Caballo de Troya de invitar a un escritor o editor para organizar una colección es algo relativamente nuevo que se acerca al esquema de comisariado de exposiciones en el arte, ¿cómo concibes las relaciones interdisciplinares entre arte y literatura? ¿qué más iniciativas editoriales crees que deben impulsarse y por qué?

Creo que las relaciones entre la literatura y el resto de las artes funcionan maravillosamente cuando se trata de un proyecto en el que sea necesario ese diálogo. Sin embargo, a menudo se hacen proyectos interdisplinares solo porque corresponden a cierta moda y tener un proyecto de ese tipo permite estar en sitios que si no estarían vedados.

Respecto de su segunda pregunta creo que España necesita urgentemente apoyar los proyectos editoriales que sacan voces nuevas. El apoyo institucional a la literatura ha sido siempre insuficiente en nuestro país y eso es un desastre tanto para la creación literaria, que prácticamente no cuenta con ninguna ayuda, como para la producción editorial.

 

Escrito por Alejandra Marquerie

Madrid, 1998. Literatura General y Comparada.