Gustavo Yuste nació en la Ciudad de Buenos Aires en 1992. Es Lic. en Cs. de la Comunicación (UBA), periodista y escritor. Actualmente trabaja en La Primera Piedra y Revista Noticias. Publicó los libros de poesía Obsolescencia programada (Eloísa Cartonera, 2015), Tendido eléctrico (Objeto editorial, 2016), Las canciones de los boliches (Santos Locos, 2017) y Lo que uso y no recomiendo (Modesto Rimba, 2018). En 2016 fue jurado de selección de Apología 3 (Letras del Sur) y en 2017 fue seleccionado como autor en la categoría Escritores de la Bienal Arte Joven Buenos Aires.

Gustavo Yuste, acaba de publicar «Lo que uso y no recomiendo» (editorial Modesto Rimba, 2018). En el libro hay una construcción de la poética alrededor de un barrio (que incluye su casa, la plaza, las paradas de colectivos, etcétera), donde los poemas toman un vuelo melancólico, sin caer en un pesimismo innecesario. También hay un viaje al pasado cargado de imágenes que guardan cierto anhelo por esas micro-felicidades.
El autor maneja con destreza las imágenes y las amolda con lenguaje sencillo, sin ornamentos innecesarios. Son poemas que se ajustan a la realidad, y que solo un observador paciente como Yuste, puede encontrar el hecho estético del poema en semejante caos contemporáneo.

¿Cuánto tiempo te llevó el proceso de encontrar la voz para este libro?

Suele ser un proceso que no termino de controlar del todo, del que no soy del todo consciente. En cierto punto sí quería hacer algo un poco diferente a Las canciones de los boliches (Santos Locos, 2017), pero sin dejarlo atrás por completo. Cada poema, en definitiva, pide su propia voz y es trabajo del autor después hacer que esas voces, una al lado de la otra, suenen lo más armonioso posible sin perder sus particularidades.

¿Los entornos condicionan e influyen a la hora de escribir?

Esa es una negociación diaria: cuánto dejar que los entornos (sociales, familiares, artísticos, etc) te influyan. Sería necio pensar que se puede escribir aislado de todo eso, pero sí me parece importante no ser escrito por los demás.  Es fundamental que sea el propio deseo de escribir el que nos pone delante de una hoja o una computadora y no intentar quedar bien con nuestros entornos. Sí se piensa en el efecto antes de escribir, probablemente el resultado no sea el mejor de todos.

¿El fracaso es un disparador?

El fracaso es algo con lo que es necesario aprender a convivir y tratar de utilizar a nuestro favor. Nacemos con el fracaso a cuestas, más en esta generación donde las ideas de amor, familia, representación social, identidades y más están en crisis. El mundo para el que fui educado, ya no existe más. Ahí ya hay una suerte de fracaso que si no se puede utilizar como disparador, te va a terminar aniquilando de cierta manera. En algún punto, todas las personas pierden más de lo que ganan constantemente, entonces, es mejor preguntarnos qué hacer con eso y sacarle el mejor provecho posible.

Tengo entendido que estás dando talleres de poesía, ¿nos contás tu experiencia? ¿Hay muchos jóvenes que se interesan y quieren escribir?

Es una experiencia muy reciente, que comenzó a principios de este año junto a mi compañera Tamara Grosso. La idea fue crear un ambiente de producción y debate en torno a la poesía y el hecho de escribir que fuera lo más horizontal posible. Por eso le pusimos el nombre «Cómo perder el miedo (y volver a encontrarlo)», porque apuntamos a que la escritura sea un oficio que nos inquiete, no un simple capricho artístico o un gesto de filantropía. Si vamos a elegir la escritura, hay que hacerse cargo de eso y no pensar que le hacemos un favor a nadie. Los resultados fueron hermosos, por suerte. En relación a los jóvenes, creo que hay mucho interés en la escritura y en la lectura de poesía sin distinción de edad, y eso es bueno, por supuesto. Después, fomentar y fortalecer es un trabajo que involucra a todas las partes, con distintos niveles de responsabilidad: Estado, editoriales, librerías, autores, críticos, periodistas, etc.

Contame del trabajo de la revista La primera Piedra y ¿cómo lo llevan adelante en un contexto económico tan desfavorable?

La Primera Piedra surgió como un proyecto en el que estudiantes de la carrera de Ciencias de la Comunicación (UBA) podamos dar nuestra mirada e informar de lo que creemos importante, aprovechando las ventajas técnicas actuales. La idea es hacer algo profesional con nuestra propia mirada, sin dejarnos aplastar por las agendas dominantes. Ahora bien, llevarlo adelante es cada vez más complicado, sobre todo en el contexto actual de acumulación laboral que se requiere para poder llegar a fin de mes, si es que se tiene la suerte de encontrar trabajo. Sin embargo, la idea es siempre salir adelante, aprovechar la creatividad y la innovación para reinventarnos. Por suerte, La Primera Piedra fue algo que superó nuestras expectativas, y ya nos posiciona de otra manera.

La ultima: ¿la poesía es el hogar más cómodo y confortable donde habitar?

No, por supuesto que no. La poesía siempre produce cierta incomodidad, nos corre de donde creemos estar cómodos. Sin embargo, si a pesar de esas incomodidades, uno no puede evitar habitar ese hogar, entonces es mejor hacerse cargo y llevar adelante ese oficio con las mejores herramientas que considere para hacerlo. Yendo al extremismo de la practicidad, el mundo quizás no necesite más libros de literatura, pero siguen surgiendo de todas maneras, por lo que hay una voluntad de escribir y de ampliar el mundo tal y como lo conocemos que no se puede frenar. En ese sentido, para mí la poesía siempre fue una herramienta más para comprender el mundo, ya sea cuando escribo como cuando leo.

Lo que quieras agregar como cierre:

A modo de cierre, me gustaría rescatar lo que decías sobre Lo que uso y no recomiendo: «encontrar el hecho estético del poema en semejante caos contemporáneo». Esa es la función que yo le encuentro a la poesía: poder ver en lo cotidiano, en lo que a primera vista puede ser accesorio o inútil, una puerta que se abre para comprender en profundidad otras cosas. Gustavo Cerati decía algo así como “sacar belleza de este caos es virtud”, yo me inclino más por encontrar algunas respuestas que ayuden a construir y deconstruir.

Escrito por Jesús Iribarren

Jesús Iribarren nació en Coronel Pringles, Provincia de Buenos Aires, en 1985. Actualmente reside en Olavarria, Provincia de Buenos Aires. Es abogado y escritor. Publicó como finalista del III Premio Internacional de poesía Jovellanos el poema "Los fracasos llevan tiempo", incluido dentro de la antología de ediciones Nobel (2016, España). "Vergüenza", se editó en 2017 (Zindo & Gafuri Ediciones). "Pasó el reviente", se editó en 2017 (El ojo del mármol)