Recordando el Estrecho de Belle Isle o
algún puerto al norte del Labrador,
antes de que se convirtiera en profesor
un tío abuelo pintó un gran cuadro.

Retrocediendo varias millas a cada lado
en un sonrojado, silencioso cielo
cuelgan, a cientos de pies de altura,
acantilados de un pálido azul,

Sus cimientos corroídos por pequeños arcos,
las entradas a las cuevas
corriendo a lo largo del nivel de una bahía
enmascarada por olas perfectas.

En medio de aquél suelo apacible
se sienta una flota de pequeños barcos negros,
amarrados en cruz, con las velas plegadas, inmóviles,
sus mástiles como tallos de fósforo incendiados.

Y muy por encima de ellos, sobre los altos acantilados
hileras semi-translúcidas
cientos de finos pájaros negros son garabateados
suspendidos en n’s por las orillas.

Uno puede escucharlos gritando, gritando,
sólo eso suena
excepto, por ocasionales suspiros
como los resuellos de un enorme animal marino.

En la luz rosa
el pequeño sol rojo va girando, girando,
vuelta tras vuelta tras vuelta a la misma altura
en un perpetuo ocaso, comprensivo, consolador,
mientras los barcos se dan cuenta.
En apariencia han cumplido su destino.
Sería difícil decir qué los trajo aquí,
el comercio o la contemplación.

Incluido en: North & South, 1946
Versión al español: Brianda Pineda Melgarejo

large bad picture 3

Seascape by George Wylie Hutchinson, circa 1870s, subject of Elizabeth Bishop’s poem, “Large Bad Picture.”
Fuente: http://elizabethbishopcentenary.blogspot.com/2010/05/nova-scotia-connections-large-bad.html

 

Large bad picture
BY ELIZABETH BISHOP

Remembering the Strait of Belle Isle or
some northerly harbor of Labrador,
before he became a schoolteacher
a great-uncle painted a big picture.

Receding for miles on either side
into a flushed, still sky
are overhanging pale blue cliffs
hundreds of feet high,

their bases fretted by little arches,
the entrances to caves
running in along the level of a bay
masked by perfect waves.

On the middle of that quiet floor
sits a fleet of small black ships,
square-rigged, sails furled, motionless,
their spars like burnt match-sticks.

And high above them, over the tall cliffs’
semi-translucent ranks,
are scribbled hundreds of fine black birds
hanging in n’s in banks.

One can hear their crying, crying,
the only sound there is
except for occasional sizhine
as a large aquatic animal breathes.

In the pink light
the small red sun goes rolling, rolling,
round and round and round at the same height
in perpetual sunset, comprehensive, consoling,
while the ships consider it.
Apparently they have reached their destination.
It would be hard to say what brought them there,
commerce or contemplation.

 

from: North & South, 1946

Escrito por Brianda Pineda Melgarejo

Xalapa, 1991. Estudió Letras Hispánicas en la Universidad Veracruzana.