Créditos de foto de portada: Sandra Enciso

Miguel Ángel Sanz Chung. Nacido en Lima en el año 1979. Estudió Literatura en la UNMSM. Allí fundó, junto a un grupo de amigos, el grupo de creación y publicación literaria Sociedad Elefante. Ha publicado la plaqueta Espejo de Carbón (2002) y los poemarios La Voz de la Manada (2002), Quién las Hojas (2007), Paciente 164 (2009), La Casa Amarilla/Casa Abandonada (2011), Arte Rupestre (2015) y Diccionario Elemental (2017). Desde el año 2004 vive en Pamplona (España) y está cursando el último año de la carrera de Psicología.

En la brevedad del lenguaje, lo significativo asume un calor y aroma especial. En la brevedad de los pensamientos, el verso muta en los labios y manos de los poetas. Por ello, es bueno leer a otros. Leernos entre todos aquellos que escribimos porque la poesía es un laberinto de espejos donde todos nos reflejamos de acuerdo a la posición y la curvatura del espejo. Miguel Sanz nos trae unas gotas de sus reflexiones personales en esta amena e interesante entrevista que, gracias a la tecnología ha permitido que dos vates, separados por un gigante de agua como lo es el Atlántico, puedan intercambiar este breve diálogo, tan breve como los poemas del «Diccionario elemental de la lengua de su autor» (Paracaídas Editores, 2017), pero tan fuerte como el mismo corazón del vate que vamos a conocer hoy.

Para quienes te van a conocer por primera vez, ¿quién es Miguel Sanz? ¿Cómo, cuándo y por qué de tu vocación poética?

Desde el inicio de la adolescencia siempre estuve en busca de un lenguaje en el que poder volcar lo que bullía dentro de mí. Hasta que, a los quince años, Esteban Rodríguez, mi profesor de literatura por ese entonces, nos mandó de tarea escribir un soneto. Ese fue el detonante. Después de ese soneto ya nunca paré de escribir. A pesar de la torpeza e ingenuidad de los primeros versos, encontré algo que me atrapó para siempre, una especie de mezcla entre placer y dolor que me dejó embobado como el primer hombre frente a un espejo.

¿Crees que la poesía es un grito desesperado por vivir o es una expresión más del hombre? Probablemente, la poesía solo sea un placer y no una experiencia trascendente. ¿Para ti, qué es?

Engarzando la respuesta anterior, se puede colegir que no fue una decisión mía comenzar a escribir. Ni siquiera puedo aseverar que continuar haciéndolo haya sido resultado de una reflexión sobre su conveniencia. Iniciado el movimiento, me dejé llevar por la inercia, una inercia que se volvió costumbre, una costumbre que se manifestó en momentos concretos por cierto impulso creativo (muchas veces catártico), un impulso creativo que encontró su justificación en el intento de alcanzar la belleza a través de la poesía.

¿Crees que la poesía trasciende el tiempo e incluso la muerte? ¿Qué condiciones debería tener para que esto ocurra?

Para la poesía el tiempo es un embudo. Tras cada década que pasa la poesía que atraviesa el cuello del embudo se va reduciendo considerablemente, hasta ese punto en el que, si echamos la vista unos siglos atrás, solo sobrevive muy poca, aquella que se ha vuelto parte del acervo de una cultura, que se encuentra tan arraigada en una tradición que no puede concebirse la forma de entender una época sin ella. Intentar hacer una enumeración de las características de la poesía que ha logrado trascender el tiempo podría terminar en un simple ejercicio descriptivo que no atraparía nada de su esencia. No hay una receta. Si la hubiese, habría tantas recetas como poetas existieron. Y la labor de un poeta se encuentra en intentar no repetir ninguna de ellas, por más extraordinaria que sea.

¿Cuáles son tus insumos para escribir? ¿Cuáles son tus fuentes, referentes?

Mis referentes son los libros leídos. Todos tenemos poetas que nos han marcado particularmente, pero no voy a descubrir la pólvora enumerándolos. Cualquiera que ha leído a Tu Fu, Catulo, Rilke, Rimbaud, Huidobro, Vallejo, Paz o Eielson, por poner solo algunos ejemplos, sabe lo que esa poesía puede hacer en la cabeza de un ser humano.

Describir los elementos a los que suelo echar mano para escribir me es aún más complicado. Solo diré que suelo cuestionarme constantemente sobre mi propia cotidianidad, mi familia, las personas que me rodean. Escribo tomándome el pulso mientras veo lo que me sucede, lo que le sucede a las personas que amo, las consecuencias de las decisiones que tomo, las consecuencias de las decisiones que toman los demás.

En «Diccionario elemental de la lengua de su autor» encontramos un estilo singular de poemas que logra atrapar el tiempo en la brevedad. ¿Podrías explicarnos el motivo del empleo de esta estrategia de la brevedad y de la síntesis?

Ha sido la apuesta por la exposición de un solo concepto por poema. La invitación al lector para que se sumerja en la lectura paciente de cada poema como si fuera el único del libro. El intento de lograr la mayor sugerencia con la menor cantidad de elementos. Un ejercicio de contención máxima frente a la estética de la desmesura, la verborrea, el bombardeo de lenguaje. Seguramente una propuesta un tanto radical, al punto de reducir algunos poemas a una sola palabra. Pero es el tipo de riesgo que corro con placer.

Estos poemas son significativos y un lector noble podría sentirse rápidamente identificado con ellos. ¿Crees que es posible que la poesía sea una herramienta en la experiencia educativa y familiar, permitiendo que surja un cambio en la sociedad?

No de forma directa seguramente. La poesía por sí sola no puede cambiar una sociedad plagada de defectos y transformarla en una más solidaria y humana. Pero eso no significa que su influjo no sea positivo. La poesía enriquece la sensibilidad y estimula la inteligencia por partes iguales. Un ser humano más sensible y agudo tiene más posibilidades de ser un factor de cambio positivo en la sociedad que otro ser humano insensible y embrutecido. Pero hace falta que otros muchos factores entren en juego para que ese potencial se materialice, aspectos que van más allá del arte y que configuran la compleja naturaleza del ser humano, como los valores, los principios, el equilibrio emocional, los intereses, las metas personales, la integridad, etc. El disfrute de la poesía solo puede aportar un grano de arena, un hermoso grano de arena sin duda.

¿Qué hacemos para que la poesía llegue a más personas, con más jóvenes sedientos por ser acogidos entre los brazos de los poemas?

Esa pregunta amerita un estudio profundo para ser respondida con decoro. Ahora mismo se me ocurren dos fenómenos relacionados con la interrogante.

Por un lado, me pregunto cómo se les está transmitiendo el amor por la poesía (y por el arte en general) a los estudiantes en los colegios, qué poemas se les dan a leer. Espero que haya cambiado la forma en la que se hacía antes. Lo primero que hay que lograr es que los chicos se entusiasmen, que sientan que la poesía no es ajena a su sensibilidad, que se identifiquen con ella, que encuentren en ella el lenguaje ideal que refleja sus propios sentimientos, deseos y preocupaciones. Cómo lograrlo no es tarea sencilla. Hace falta la implicación de los docentes, la elaboración de un plan específico desde las instituciones que se encargan de diseñar el plan de estudios, capacitación, elección del material adecuado, manuales didácticos, libros de texto adecuados, etc.

El otro punto se refiere a las bibliotecas. No existe ningún país desarrollado preocupado por la educación y la cultura que no tenga una red de bibliotecas de calidad y un sistema adecuado para sostenerlas. Tener bibliotecas bien acondicionadas y surtidas, con programas de actividades que las hagan atractivas, debería ser una prioridad en cada distrito de cada ciudad del país. Y no solo en las ciudades, por supuesto. Las zonas rurales, con un poco de ingenio e implicación de los entes regionales, podrían verse también favorecidas. Podría implementarse, como se ha hecho en otros países, bibliotecas itinerantes que se desplazan a los pueblos una vez a la semana en camiones o furgonetas. Todas las personas deberían poder tener acceso a los libros de forma absolutamente gratuita. Ver el estado de una biblioteca como la del distrito de Barranco, solo por poner un ejemplo, es para llorar.

¿Qué consejos le darías a aquellos autores jóvenes que recién empiezan?

Lo que tiene que hacer alguien que quiere dedicarse a escribir poesía es leer mucho. Las experiencias vitales se van acumulando, y si hay talento y constancia (y algunos ingredientes más, para qué vamos a mentirnos) los poemas buenos van llegando siempre que se cumpla la premisa de la lectura. Pero lo que digo es de sentido común. No es un consejo. En poesía hay que dar menos directrices y más libertad.

¿Crees que los poetas deben inmiscuirse en temas actuales como la política, la economía, la familia, etc? ¿Qué papel deberían desarrollar en estos espacios? Porque una de las grandes interrogantes es saber cuál es la función del poeta.

La única función de un poeta es escribir poemas. Una hermosa función, por cierto. Ahora bien, como todo ser humano, tiene derecho a opinar sobre lo que desee, pero nunca el deber. Por supuesto, sus opiniones (y las de cualquier otra persona) solo adquirirán valor si están sustentadas y apoyadas en el conocimiento y la experiencia dependiendo del tema de que se trate. La opinión sobre economía de alguien que no tiene mayor conocimiento de ella más que la de administrar sus propios bienes, será solo valiosa dentro de las cuatro paredes de su casa, fuera de ella es muy difícil que aporte algo nuevo al debate. Además, quién le va a hacer caso a un poeta que hable de economía, eso es un oxímoron por naturaleza. Pero aun así, si por algún capricho del destino existiera algún notable poeta que además fuera un destacado economista, está claro que su opinión sobre el tema podría ser muy interesante, pero no precisamente por ser poeta.

Esta pregunta quizá es fuerte de responder, pero ¿qué papel juegan las editoriales, incluidas las independientes, en la aparición de nuevos valores en la labor poética? Es un virus el ver que muchas editoriales solo se adecuan al aspecto monetario dejando de lado el trabajo y respeto ante el material poético y la persona del poeta.

Hay que hacer un deslinde entre las editoriales más grandes y las independientes.

Las más grandes se dedican, como bien dices, a primar el aspecto monetario, y bajo ese concepto la poesía para ellos simplemente no existe. Esas editoriales podrían dedicar una parte de su capacidad para editar poesía como aporte a la cultura de una sociedad, pero eso en el Perú sería un milagro.

Las editoriales independientes suelen construirse sobre ciertos ideales en los que prima la calidad del contenido y el compromiso de cubrir aquellos vacíos que las editoriales más grandes dejan, como la publicación de autores que no han gozado de una difusión merecida a pesar de su valía. Por supuesto, como toda empresa mínimamente sana, necesita cubrir sus propios gastos y sacar algún tipo de rédito que justifique el tiempo y esfuerzo invertido. El problema surge cuando ya no son los ideales los que animan la actividad de la editorial independiente y comienza a caer en diversos vicios, como intentar imitar el modus operandi de las editoriales más grandes y hacer del aspecto económico el objetivo principal, sin hablar de la informalidad que la mayoría de ellas aún demuestran. Por suerte hay algunas excepciones y debemos centrar nuestras esperanzas en su ejemplo.

¿Cuáles son tus proyectos finales? Puedes brindarnos algunos consejos o recomendaciones.

Ahora estoy con un poemario que me parece que me mantendrá entretenido por un buen tiempo.

Escrito por Emilio Paz

Emilio Paz (Lima, 1990) Profesor de Filosofía y Religión, egresado de la Universidad Católica Sedes Sapientiae. Tiene publicados “Septiembre en el silencio” (Club de lectura poética, 2016) y “Laberinto de versos” (La Tortuga Ecuestre, N°394, 2018). De igual manera, posee poemas y cuentos en publicaciones de Perú, México, España, Argentina y Costa Rica (El Narratorio, La Guardarraya, Revista Virtual Quimera, Monolito, Cuenta Artes, El Bosque, Ibidem, Primera Página, Liberoamérica, antología de poetas iberoamericanos, antología de la Sociedad Peruana de Poetas, memorial de las Batallas del desierto, el Círculo, entre otros). Ha ganado el “Mes de las Letras” (abril, 2017) de la Fundación Marco Antonio Corcuera y participado en diferentes recitales del Cuzco, Paracas y Lima; destacándose el XXI Festival de Poesía “Enero en la Palabra” (Cuzco, 2017), el 2do Festival de Poesía de Barranco (Lima, 2016), el V Festival Internacional Primavera Poética (Lima, 2017). Ha dictado el taller de lectura poética titulado “La vena de la inspiración” para el Centro de Estudiantes de Literatura - CELIT de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y ha participado del Congreso Internacional de Filosofía “Las razones de la estética”, organizado por el Grupo de Investigación en Arte y Estética de la Pontificia Universidad Católica del Perú (GAE – PUCP) con su ponencia “Estética y educación: La función pedagógica de la estética desde la experiencia del encuentro” . Actualmente dirige el blog “El Edén de la poesía” (https://edenpoetico.wordpress.com/).