POESÍA ¿PARA QUÉ? (Tercera parte)

El devenir de Occidente en décadas recientes, tan incierto y problemático, ha generado paradigmas de pensamiento y acción dirigidos a satisfacer contextos específicos en la conformación política, social y económica de nuestro tiempo.

En este sentido, la denominación -por no decir categoría historiográfica- de la posmodernidad, ha dirigido la inercia de las cosas a vislumbrar a la poesía y al poeta en nuevos entendidos, distantes de los roles tradicionales asignados a estos en siglos pasados, fundamentalmente el XIX y el XX.

Partiendo de lo anterior, se plantea el cuestionamiento “Poesía y poetas ¿Para qué?”   – parafraseando al historiador mexicano Luis González y González- a una mínima muestra de poetas, editores y académicos del ámbito mexicano e hispanoamericano, buscando en la diferencia de sus respuestas algunas nociones de certeza y orientación en el perpetuo tránsito del tiempo y por ende, del quehacer poético.

 

Processed with VSCO with a9 preset

Dafne Benjumea (Sevilla, 1993) es graduada en Filología Hispánica. Actualmente trabaja como editora en la revista literaria Oculta Lit  y estudia los másteres MEHS y MAES por la US. Ha colaborado en las revistas Telegráfica, Heterónima, Digo.palabra.txt, Clarín, Anáfora, Kokoro, Thalamus Magazine, entre otras, y en las antologías La generación de la sangre (Editorial Ultramarina, 2014) y Puentes poéticos: Escritoras jóvenes de Argentina y España (Desde la Gente, 2018). Escribe su primer poemario.

 

 

 

«Casi todas las personas que hemos participado en esta plataforma hemos llegado a la conclusión de que la poesía es «in-útil». Es decir, no sirve como «utensilio», «producto», apenas se nos devuelve un beneficio económico cuando la entregamos al sistema (salvo, en aquellos casos que se usa erróneamente el término «poesía» como equivalente a «producto». Este «producto» se caracteriza por ocupar el espacio de las estanterías de poesía de las librerías y por utilizar un lenguaje confesional, que no poético). No obstante, siempre ha sido así a lo largo de la historia de la literatura. Todo aquel o aquella poeta que no procedía de un status social medio-alto, escribía antes o después de su jornada de trabajo. Me alegra saber, pues, que la finalidad de la poesía está por otro lado.

Igual sé, como sabe un creyente, que la poesía existe sin poetas. El poema, en cambio, no existe sin poetas. Respondo a la pregunta fácil: los poetas, para escribir poemas (o novelas, como Rulfo o Bolaño). En cuanto a la difícil, necesitamos poesía para «algo», para transformarnos, golpearnos, o permanecernos para siempre. Poesía para demostrar el (los) imposible(s), para jugar, desordenar, pensar, pensar, pasear o caer por otros espacios. Supongo que para mucho más.»

 

Retrato de Sergio

Sergio Eduardo Cruz (Naucalpan, 1994) escribe poemas, ensayos y traducciones. Actualmente es becario del área de poesía en la Fundación para las Letras Mexicanas.

 

 

 

 

 

«La poesía es el lenguaje llevado a un espacio de insurrección.

Sostengo que la escritura poética es aquella en la que se da prioridad al valor estético del lenguaje sobre su valor utilitario como instrumento de comunicación. Bajo esta premisa, se puede entender que la poesía sirve para quebrar lo acostumbrado en un sistema de signos: en lugar de decirte “algo”, de transmitir un significado o un concepto esencial, el poema puede jugar con las polaridades de ese acto de “decir” que cualquier intercambio lingüístico implica y funcionar como un fenómeno multivalente: al mismo tiempo te transmite una imagen, una secuencia sonora y un discurso –o múltiples discursos— que pueden combinarse, complementarse y hasta contradecirse a modo. Por lo mismo, la escritura poética tiene una potencialidad que no concibo en otros géneros literarios: causar disrupciones en el fenómeno mismo del lenguaje, en las cosas para las que normalmente lo usamos, y concebir nuevas estrategias para articular contextos y realidades que todo el tiempo se están transformando.

Más allá de varios discursos tradicionales y caducos con los que aún se construye la tradición poética, entonces, creo que la poesía es el laboratorio del lenguaje. En ella caben todas las expresiones subalternas, todo lo que las fuerzas hegemónicas de la cultura han pretendido invisibilizar, y a partir de ella se puede renovar la lengua misma. Esto no quiere decir, sin embargo, o más bien, no quiere decir exclusivamente que haya un rechazo a las “reglas” y a las formas instituidas de las tradiciones diversas de las que dispone la misma poesía, sino que todas estas estrategias históricas se pueden usar para generar nuevos discursos mezclando lo alto y lo bajo, lo menor y lo mayor, lo ajeno y lo instituido. La poesía, en fin, me interesa en tanto a las posibilidades que descubre para nuestra articulación de la realidad: a partir de éstas, podemos expandir nuestras ideas sobre el mundo que habitamos. ¿Para qué, al final? Pues, supongo que para lo mismo que existimos: quién sabe.»

 

Retrato MarielMariel Damián (Ciudad de México, 1994) Estudia Letras Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México y Biología en el Instituto Politécnico Nacional. Fue ganadora del III Premio Internacional de Poesía de la Ciudad de Almuñécar (2016) con el poemario La chica que se ha quedado sola.  Ha colaborado en diversos encuentros de poesía en su ciudad como el Encuentro Internacional de Poesía CDMX 2017. Ha participado  en la Feria Internacional de Poesía de Granada en España (2017), en el VIII Encuentro de Jóvenes Escritores de Iberoamérica en la Habana, Cuba (2018) y en el Festival Internacional de Poesía “Amada Libertad” en El Salvador, San Salvador (2018).

 

«La poesía no nos necesita para existir, sucede todo el tiempo en el universo. Ahora mismo, mientras escribo estas palabras, la poesía explota en las estrellas o se dispersa como esporas de hongos en el viento. La poesía parece entonces, una esencia independiente del poeta y su lector. Previa al lenguaje humano, existe en su estado más puro como todo aquello que nos da vida y sustenta nuestra existencia.

Los poetas, por otra parte, se dan cuenta de su presencia y la nombran. Es decir, la transforman. Aquí la palabra es importante. El lenguaje otorga un sinfín de posibilidades para mirar el mundo y no basta el fenómeno natural o el sentimiento profundo hacia el amor o la muerte, cada poeta es un filtro. Y este filtro depende del contexto, del idioma, la experiencia, el sentir y las ideas de cada individuo. Es por ello que la poesía es tan diversa, porque nosotros mismos lo somos.

Ahora la poesía ya no es esencia sino voces. Se ha transformado. El poeta escribe y plasma su percepción poética de la realidad y es entonces, cuando nace el poema. A mí, por ejemplo, para eso me gusta hacer uso de la imagen, del ritmo y los sonidos de mi idioma. Además de la historia, considero importantes esos elementos al momento de escribir. Procuro el fluir de mi escritura sin rituales previos. Me basta con tener tiempo y un lugar para estar sola.

A veces pienso que paso mis días escribiendo. Y es cierto, lo hago mientras vivo. Escribo cuando amo y cuando lloro, cuando miro tan grande el país de las  injusticias y tan pequeño el lugar de los sinceros. Pero es solo a través del poema que puedo compartir lo que observo. Al final, la poesía llega al lector dispuesta a transformarse nuevamente. No le es suficiente su existencia como poema sino que  busca el sentido.

El lector frente al poema es otro filtro, uno que  otorga una infinidad de interpretaciones  poéticas y por lo tanto, de sentidos. El lector de poesía es un buscador de experiencias compartidas, alguien que necesita saber que no está solo porque la poesía también es eso, un abrazo en la tragedia, una manera de crear empatía, de denunciar injusticias y cuestionar el mundo.»

 

Retrato de DiegoDiego Armando Guerrero MedinaDiego Medina– (Tlanepantla de Baz, Estado de México, 1992) Locutor en el programa Fábulas en Sol (hasta Marzo de 2015), transmitido por Nuestra Voz Radio, formó parte del festival Poesía en Voz Alta de Casa del Lago (2017), también ha organizado ciclos de cine, foros y mesas sobre la comunidad LGBTTTI desde 2011. Actualmente coordinador reportero freelance para revistas como Ulisex Magazine, Somos Cultura y All City Canvas, fundador de la Editorial Versonautas. Recientemente ha participado en la antología MORFO de la editorial Criptomórfica.

 

«Cazadores de estrellas

La humanidad está hambrienta de belleza desde que por primera vez levantara sus ojos al cielo nocturno, desde que matara al primer hombre con un arma y vio descomponerse aquel cuerpo sobre la misma tierra que le daba de comer. Estos podrían ser los orígenes a la pregunta ¿poesía para qué?

Con el tiempo el hombre desarrollaría más y mejores tecnologías, una larga ruta desde las pinturas rupestres hasta las computadoras y el internet, pero en todo ello la recreación y la creación tendría su recompensa en la belleza, ludismo puro.

¿Es realmente necesaria la belleza? Quizá algunos piensen que no es vital para el ser humano, pero es parte de nuestra condición admirar e incluso codiciar lo bello. No obstante la belleza no debe confundirse con lo hermoso o lo bonito, la belleza es lo poético sublime, es decir la creación que nos transgrede. Por eso la pregunta de si es necesaria o no la poesía y los poetas me parece necia, ya que somos seres estéticos por naturaleza, y habría que afirmar que lo grotesco, lo feo, lo horroroso y lo cómico también es bello y en ese sentido la experiencia poética es diversa, y no reside sólo en lo hermoso o lo bonito.

Algo importante en los debates de hoy es el carácter moral del arte y si este debe serlo, esta pregunta a pesar de que ha levantado controversia me parece que es similar a preguntarse si las pistolas deben ser católicas o comunistas, es decir el arte no tiene la obligación de ser moralmente “bueno”, tal como aprendimos del juicio al poema “Howl” o de Miguel Hernández siendo salvado por intervención de un poeta Fascista o del mismo Ezra Pound, sin embargo las dudas se alimentan de una ola de progresismo fanático, en el que se confunde obra con autor, sin duda los crímenes del autor serán de ordenamiento jurídico pero no estético, y a su vez los de la obra de ordenamiento estético porque el arte no debe ser moralmente bueno o malo, el arte es el deber ser, siendo.

Por último el hombre transforma el mundo desde la razón, desde su inteligencia y desde luego parte de la inteligencia es la imaginación, el arte transforma el mundo, este no sería igual sin Shakespeare, Violeta Parra, La guerra de las galaxias o Mozart, el artista es arquitecto que rompe fronteras, lenguas, banderas y diseña el mundo a su imagen y semejanza, como metáfora de la belleza que le rodea y a la que aspira y así será hasta que el hombre deje ser hombre o una nube tóxica oculte el cielo nocturno y ni aun así.

¿Si el arte no cambiara el mundo por qué existe la censura?»

 

Retrato Melisa

Melisa Mauriño (Buenos Aires, 1985) es Licenciada en Psicología por la Universidad de Buenos Aires. Ex residente de psicología clínica del PRIM Hurlingham y de la residencia posbásica de Cuidados Paliativos del hospital Tornú. Escribe poesía y narrativa. Ganó el primer premio del 1er. Concurso Nacional de Poesía Viajero Insomne 2015 con su primer libro “La piel de la oruga” (Viajero Insomne, 2016).

 

«Al final del prefacio de El retrato de Dorian Grey, Oscar Wilde concluye: “Podemos perdonar a un hombre el haber hecho una cosa útil, en tanto que no la admire. La única disculpa de haber hecho una cosa inútil es admirarla intensamente. Todo arte es completamente inútil.” Desde muy chica sentí fascinación por esa idea. ¿Qué me ha dado la poesía? ¿Qué me da aún hoy? ¿Un goce estético, un refugio, una ruptura con el sentido común generando sorpresa, maravilla, un efecto de verdad subjetiva cuando el poema consigue ser poema y asombrarme o tocarme íntimamente? Ahí brota algo de lo inefable, paradójicamente por medio de las palabras aparece otra cosa, algo indecible que el poeta bordea con su trabajo manteniendo sin embargo una cierta opacidad o misterio en lo que revela (casi hasta inocentemente parece a veces). Después del poema uno ya no es el mismo (ni el poeta ni el lector, diría). La poesía (como todo arte) es inútil, y esto la vuelve necesaria y fundamental, incluso bastión (sobre todo en estos tiempos que corren) cuando estamos rodeados de discursos que enfatizan la productividad, la eficacia, la utilidad y obsolescencia de las cosas y también de los seres (humanos o no humanos) ¿Poesía para todos? Probablemente no (¿existe algo para todos?), pero desde mi modo de vivirla, no es meramente una género o cuestión literaria (si bien entiendo que la vida es una cuestión literaria, ficcional); es un modo de percibir lo que nos rodea, de estar en el mundo, al menos para mí. La poesía está en cualquier parte donde alguien pueda verla, oírla, sentirla, apreciarla, admirarla y dejarse tomar por ella (algunos sentimos la urgencia de hacer algo con eso, y escribimos). Hay quienes hacen poesía con una cámara o con un instrumento o con el cuerpo, etc. Creo que la poesía es belleza, asombro (y también resistencia y disidencia, incluso contradicción), genera un efecto incalculable en quien se deja tomar (poseer) por ella. Y de algún modo siento que es tan vital como la magia, algo de eso hay…»

 

Retrato Martín Foto E. Xagaat GarcíaMartín Tonalmeyotl (Martín Jacinto Meza, 1983), originario de Atzacoaloya municipio de Chilapa de Álvarez, Guerrero, México. Lic. en Literatura Hispanoamericana por la  Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro) y Mtro. en Lingüística Indoamericana por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Campesino, profesor de lengua náhuatl, narrador, poeta y articulista de Ojarasca del Periódico La Jornda. Ha sido becario del FONCA. Algunos de sus poemas, relatos y artículos han sido publicados en diversos medios impresos y digitales. Coordinador de Xochitlájtoli serie de poesía en lenguas originarias en la revista Círculo de Poesía en México y Brasiliana de la revista Philos en Brasil. Autor del libro: TlalkatsajtsilistleRitual de los olvidados’ (Jaguar Ediciones, 2016) y NosentlalilxochitlajtolAntología personal’ (Asociación de Escritores de México en la Colección Colores Primarios, 2017). Su trabajo poético ha sido recogido en antologías como: Los 43 Poetas por Ayotzinapa (INAH, 2015), Montarlabestia (Nauyaka Producciones y Ediciones, 2016), Postlom: Cuentos de los pueblos indígenas de México (Álamos, 2016) y Al menos flores al menos cantos (Valparaíso México, 2017).

 

«La poesía es un acto de justicia, de dar voz a los otros, de pensarse así mismo desde una vida física y espiritual. Un espejo de mi propia realidad, de la realidad de tantos acosados por la violencia, la injusticia, la pobreza. La voz de los invisibles, de las culturas invisibilizadas por el estado. Una semilla dura que se resiste a podrirse. Una forma de manifestarse, de revelarse, de decir lo indecible. Un arma letal que perfora los oídos de los sordos, un color enérgico que representa a cada lengua de los 68 pueblos originarios de México. La lucha constante de un pensamiento propio. Si se me preguntara ¿para qué la poesía? esa sería mi respuesta.

La poesía no tendría vida sin los poetas, me refiero a la parte escrita porque en lo oral, desde la creación del lenguaje nació también la poesía, por lo tanto, los poetas son los hacedores de la palabra, los constructores de ideas y pensamiento concretos, la palabra viva que grita y camina. Esos son los poetas, los defensores puros de la bella palabra, los artesanos, creadores y renovadores de nuestros idiomas.»

 

Retrato SandraSandrah Mendoza (Estado de México, 1994) Psicóloga por la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, UNAM. Poeta, activista y gestora cultural. Fundadora y directora de Libertad en Voz Alta, proyecto que fomenta la lectura y la escritura en Centros de Reinserción Social varoniles y femeniles de la CdMx. Participante activa en la escena del Poetry Slam Mx desde 2012. Subdirectora de Colectivo POM. Sus poemas han sido traducidos al inglés y al italiano. Su obra literaria ha sido publicada en revistas, periódicos, plaquettes, fanzines y en más de diez antologías, por medios impresos y digitales. Es autora del libro Flores & fantasmas (Pinos Alados, 2018).

 

«“«Eso es mariconería», dijo mi madre cuando se enteró de la escribidera de Celestino”. Mi yo maricona piensa la poesía como cura del síntoma, como ruido de trombón, como cuerpo atravesado por ligaduras que se vuelven nudo que puede aflojarse mediante esta misma, es decir, la poesía como soga al cuello y como silla para bajar sin la soga.

La poesía para enfrentar las propias sombras y fantasmas, pero también para bailar con ellos. Para dialogar con una misma y detenerse el tiempo. Para decir momentáneamente «no» a la prisa que ciega a los Usains Bolt. Para contemplar la podredumbre del lago, saber que existe, que crece. La poesía para transferir saberes, para poetizar la subjetividad, para dejarnos subjetivar desde el metalenguaje.

Para dejar, en el perímetro de la fuente, los sueños encerrados. La poesía para volverse loco, afinar lo que escucha y dejarse el cuerpo entre las púas, expuesto. Para que corra el agua en los floreros y no se atasque ningún pulmón en el río. La poesía para enunciar lo sucio, lo violento, lo inhumano, la tiranía y el ardor en los muñones. Para romper con los paradigmas y con lo establecido, para coquetearle a los diccionarios y decirles, también, que no.

Es para reventar muros, para que ahí, donde lo duro, la poética haga una grieta. Para pasar por la grieta, tejer y crecer pared celular a mitocondria, crear ramajes de similares y nudos fuertes con quienes que disienten. Para disentir, la poesía es para disentir y para transgredir. Decir que el perro sí habla, que la espuma de la mar llora y que la falta de circulación de la sangre no va a detener que emanen las palabras si se puede dictar con los párpados.

Poesía para significar, para bordarnos y decir que alguien murió entre fuego, poesía para arder, para nombrar a nuestras muertas, a nuestros desaparecidos, para mapear a metáforas, para ser plaga o moho y quedar en alguna memoria, en alguna pared, A o B de algún recuerdo. Para mí, la poesía para todo, para resistir. Para suceder resquebrajándose o para compartir los requintos. La poesía como soporte o como dispositivo (o no).»

Retrato César

 

César Bringas (Puebla, 1990) estudió Lingüística y Literatura Hispánica. En 2007 quedó en la lista de honor del Premio Jordi Sierra i Fabra para Jóvenes Escritores. Ganador en 2015 del VII Premio Nacional de Poesía Desiderio Masías Silva, en 2016 del Primer Premio Nacional de Poesía LGBTTTI, y los LII Juegos Florales de la Revolución Mexicana, en 2017 ganó el XXXV Premio Nacional de Literatura Joven “Salvador Gallardo Dávalos”. Ha publicado los libros Limosna para los pájaros (Editorial Montea, 2015), Aquí vivimos con una mano en la garganta (LUMA Fundation, 2017), Los Cuerpos Cautivos (Textere Editores, 2018) y ¿Te acuerdas? (ICA, 2018) . Becario del PECDA 2015-2016.

 

«Una vez en una entrevista le preguntaron a Ginsberg por qué escribía cómo escribía, y él respondió por que puedo. Luego decía María Zambrano que la poesía es un todo, así como un sistema de pensamiento, más cercano a la filosofía y a la manera en que se organiza una idea.

Últimamente he pensado que la poesía es más un sistema de comunicación que un arte en sí, por aquella concepción capitalista de algo utilitario, recursos de la poesía se refugiaron en otras artes, pero también en otros medios de comunicación, incluso en la mercadotecnia. Por eso es tan fácil decir que algo es un “poema” una película, un cuadro, un canción, etc. Bajo esta premisa el “¿Poesía para qué?” me parece un pregunta interesante cuya única respueta podría ser: por que podemos. Hace poco leí que Julián Herbert dice que la poesía es una destreza momentanea. Creo que es verdad, en este período en que no he escrito nada en meses, o al menos nada que en verdad me parezca bueno, me parece algo muy real. Escribimos poesía porque podemos, mientras podemos para comunicar algo, más allá de la idea heredada del romanticismo del sentimiento amoroso. Organizando así el caos del pensamiento.

Luego entonces, el poetas para qué, en nuestro momento histórico es sólo para terminar de desacralizar la figura del artista/ autor/ poeta, los desmanes que se le premitieron, y tristemente en muchas ocasiones se les siguen permitiendo (hola Woody Allen, que no descanse en paz Bertolucci), a las figuras totémicas de las “bellas artes” deben acabar, después de todo estas figuras “centrales” son humanos, con todas sus míserias. Dice Gabriela Wiener que debemos desconfiar de las visiones únicas del mundo con sus autores inamovibles, porque detrás de las performances alarmistas sólo hay una cosa muy vieja y rancia y se llama machismo, de toda la vida.»

 

Retrato de IreneIrene Delgado (Michoacán, 1993) Egresada de la Facultad de Letras de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Actualmente es profesora de literatura. Ha impartido talleres de fomento a la lectura para el Instituto de la Juventud Moreliana. Ganadora del Premio de poesía Concha Urquiza (Morelia, 2017). Textos suyos han sido publicados en el suplemento Letras de Cambio en el periódico El Cambio de Michoacán, en revista virtual Bistró y en la antología del 4° Encuentro Nacional de Poétas Jóvenes en Morelia. Participó en el 5º Encuentro de Narrativa Región Centro-occidente (Zacatecas, 2017). Beneficiaria de la beca Interfaz (San Luis Potosí, 2017).

 

«Hace unos días que estoy pasando por una de las peores rachas que me han azotado, tanto personal como profesionalmente, ¿qué tiene que ver eso con la poesía? Una tarde me encontré sentada en una plaza pública escuchando pésimo rock, en medio del frío y entre decenas de extraños que coreaban los covers de la banda a la que casi nadie conocía. Aunque tenía a alguien abrazándome por la espalda, no podía evitar el sentimiento de profundo vacío que me dominaba. Lo único que me motivaba en ese justo instante era regresar a casa y escribir un poema de ello. Elaborar ese texto no iba a darme empleo de manera instantánea, no iba a desaparecer mis deudas ni arreglar mis pésimas relaciones interpersonales. No, escribir o leer poesía no te arregla la vida; no te hace más inteligente o experimentado. Pero sí es un bálsamo que nos ponemos en las quemaduras, es el diario en el que escribimos lo que nos hizo reír durante el día, es nuestro confesionario; la poesía es nuestra memoria que le grita a los demás para que no se sientan solos.

Poesía, ¿para qué? Para no dejarnos en el olvido, al lado de las cosas que ya no importan.»

 

Pamela Rahn Sanchez Ezvisual Enero 2018-105Pamela Rahn Sánchez. (Caracas, Venezuela, 1994). Autora del poemario El peligro de encender la luz (Todos tus crímenes quedaran impunes en conjunto con Hanan Harawi, 2016) y del plaquette Flores muertas en jarrones sin agua (Difusión Alterna Ediciones, 2017). Sus poemas han sido publicados en diversas revistas online, entre las que se destacan: Cráneo de Pangea, POESIA, Jampster, Oculta Lit, El Nacional, Digopalabra.txt, Letralía, Canibalismos, entre otras. Forma parte de las antologías: Anónimos 2.3 (2015, España) y Amanecimos sobre la palabra (Venezuela, 2016). Ha participado en: FILUC (Valencia, Venezuela, 2016), FIRAL (Rancagua Chile, 2016), Presentación de la colección poética <<El árbol migratorio>> (Santiago, Chile, 2016) y el Festival Kaníbal Urbano (Quito, Ecuador, 2017). En 2018 fue ganadora del primer lugar en el concurso PHYSIS con su poema “Una casa que respira”.

 

«La poesía sobre todo para aprender a observar de una manera distinta. Para sentir ternura por todo lo que duele. Parafraseando a Pessoa, para fingir un dolor que verdaderamente sentimos. La poesía para mirar largamente a las cosas. Para a mitad del poema darte cuenta que no sabes de donde vienen las palabras, que las palabras te poseen, que escribes sobre algo y terminas escribiendo sobre otra cosa. La poesía para creer en el misterio. La poesía sobre todo para nombrarte a ti mismo y para nombrar a otros desde ti mismo. La poesía para no contar una historia sino el alma de la historia. La poesía para que las palabras sean siempre el espejo del otro, para servir al reflejo como un pozo con monedas sucias y anónimas. La poesía para creer en Dios a pesar de ser ateo. Para ser ateo a pesar de creer en Dios. La poesía para dedicar tu vida a algo que no entiendes del todo pero es bello. La poesía sobre todo para encontrar la belleza.»

Escrito por Aldo Vicencio

Aldo Vicencio (Ciudad de México, 1991) Poeta y ensayista, estudió la Licenciatura en Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es autor del poemario Piel Quemada: Vicisitudes de lo Sensible (Casa Editorial Abismos, 2017) y el videolibro Anatolle. Danza fractal (El Ojo Ediciones, 2018). Su obra ha sido publicada en diversas revistas literarias en México, como Periódico de Poesía y Punto en Línea de la UNAM, Círculo de Poesía, Opción del ITAM, La Rabia del Axolotl, El Septentrión, Marcapiel y Carruaje de Pájaros, así como en diversas publicaciones iberoamericanas, como Digo.Palabra.txt de Venezuela, Revista Antagónica de Costa Rica, Enfermaria 6 de Portugal, La Galla Ciencia, El Coloquio de los Perros y la revista penúltiMa en España, entre otras. Ha sido incluido en las antologías Nueva Poesía y Narrativa Hispanoamericana (Lord Byron Ediciones, 2016) y Nido de Poesía (LibrObjeto Editorial, 2018)
A %d blogueros les gusta esto: