Hay tantas reseñas sobre Kimokawaii (Planas, 2015) que repetir lo mismo sería aburrido. Es más, quiero usar este espacio como una excusa para hablar de mi frikismo, mis delirios existenciales, y de lo que considero, quizá, el comienzo de una nueva narrativa pop millennial. En fin, empecemos diciendo que la última novela de Planas nos narra la historia de Michiko: una joven otaku[1] de la Lima de la década de los noventa que se vale de su cuerpo como una puesta en escena original donde la Lolita de Nabokov se muestra en su versión ultra erótico-japonesa. Dicha performance, unida a su habilidad para dibujar al estilo de la historieta nipona (conocida como manga), será su arma predilecta para seducir a todo aquel que se cruce en su camino. El primer desafortunado: un periodista cultural (treintón y fanático a morir de Ultra Siete[2]) que es cautivado por la muchacha en una pinacoteca limeña en el momento justo cuando se interpone entre él y su cuadro favorito (La señora Luisa de Saucedo, quizás el mejor remedo peruano de la Madame de Pompadour). Luego de algunos reencuentros “inesperados” (y de la actuación caballeresca del periodista que salva a la protagonista de seguir bajo el yugo de un jefe machista), inician una extraña convivencia donde el sexo y el poder se conjugan muy bien al estilo Foucaultiano. Más adelante nuevos amigos se unirán a la fiesta: una practicante de periodismo, que comparte el gusto de Michiko por el anime y la manga, y un asistente de dibujo, que acepta vestirse como chica mágica[3] para complacer a su jefa en su alocado deseo de ser la mejor mangaka[4] de su generación. Toda una obra de arte y drama pop retro que los otakus millennials no podemos dejar de leer. Después de todo, ¿quién no se ha identificado con Michiko?: con sus delirios de grandeza juvenil, sus obsesiones friki-japonesas, y su inquietante miedo ante un futuro incierto por los rezagos de la crisis económica y la pérdida de las grandes narrativas que nos llevó a refugiarnos en mundos de fantasía tan tentadores como el que nos ofrecen el anime y la manga que tanto disfrutamos con la dulce nostalgia de nuestros años maravillosos. Ya depende de cada uno el deseo de sucumbir o no a sus encantos de sirena.

 

Notas al pie de página:

[1]El término ‘otaku’ se emplea popularmente en Japón y  ha sido adquirido por los hablantes de otros países (tanto orientales como occidentales) para referir a la persona con aficiones apasionadas al anime o la manga.

[2]Llamado Ultra Siete en Latinoamérica, es un superhéroe japonés perteneciente a la saga de las Ultraseries creadas por Tsuburaya Productions.

[3]‘Chica mágica’ (o mahō shōjo) es un término que refiere a un subgénero de la animación (o anime) y la historieta japonesa (o manga) de fantasía que tiene como protagonistas a niñas o adolescentes que son poseedoras de algún poder mágico con el que han de salvar a la humanidad de alguna amenaza latente.

[4]Mangaka es la palabra japonesa designada para referir al creador de una historieta o cómic.

 

Posdata “literaria-mercantil”:

Novela       : KimoKawaii
Editorial   : Random House
Páginas     : 211
Precio        : S/. 59.00

Escrito por Elizabeth Peláez Sagástegui

Estudió Literatura Hispánica en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Es miembro virtual del Círculo de estudios japoneses Tenjin (天神学団). Ha participado en la plaquette colectiva "El mar del ángel solo" (Lima, 2018) y en las antologías "Liberoamericanas: 100+ poetas contemporáneas" (Bolivia y España, 2018) y "Versos en su tinta" (Sociedad Peruana de Poetas, 2018).