Uno de los escritores más destacados del Siglo de Oro, sin duda, es Luis de Góngora, padre de toda una escuela literaria – el culteranismo. Su estilo y su lenguaje, destacan por el uso reiterado del cultismo, tanto a nivel léxico como sintáctico. En ellos, es frecuente el uso del acusativo griego, así como, la imitación del ablativo absoluto latino. La dificultad que supone la lectura de sus textos, se ve acentuada por la abundancia de inusuales hipérboles barrocas, hipérbatos y desarrollos paralelos. Su poesía también destaca, por la extraordinaria musicalidad de las aliteraciones y el léxico colorista. El uso peculiar de los recursos estilísticos, ahondan en una larga tradición lírica que se remonta a Petrarca, Juan de Mena o Fernando de Herrera. Así, a la manera del primero, Góngora utiliza las correlaciones y plurimembraciones. Las perífrasis y la vocación arquitectónica de toda su poesía, le añaden un aspecto impenetrable y original. La particularidad de sus estilo, tan duramente criticado, se ve acentuado mucho más, si cabe, por todas aportaciones simbólicas y mitológicas de procedencia grecolatina.

Góngora escribió tanto poesía como teatro, aunque el teatro solo le sirviera para vivir mejor. Fue un poeta instruido y consciente de todo cuanto hacía en sus obras, dirigió su poesía a un público culto y refinado, que fuera capaz de apreciar los intrincados significados que ocultaban sus versos. Este estilo, aparece como una consecuencia lógica y natural contra el empleo de las formas artísticas inexpresivas, ya por excesivamente trilladas y manoseadas, como también por ser amaneradas y artificiosas.

La poesía de Góngora se suele dividir en dos etapas:

  • La primera etapa poética, es sencilla y coincide con un vertiente más popular en la que destacan los romances, letritas o endechas, entre otros. En ella, Luis de Góngora, sigue los modelos renacentistas del siglo XVI. Es la etapa de la juventud, que va desde 1580 hasta 1610. Se trata de una poesía fresca, juvenil y popular, que a pesar de tener una apariencia sencilla, se iba  complicando con la ayuda de figuras estilísticas como la metáfora. La obra que más destaca en esta etapa, es el romance de «Angélica y Medoro»: como el propio nombre indica, el romance trata del amor surgido repentinamente entre Angélica y Medoro, quienes consumen su amor rodeados de imágenes idílicas. Es un romance lleno de campos semánticos relativas a la naturaleza, al amor, al cuerpo humano y a la mitología, donde se reúnen muchos cultismos léxicos y recursos expresivos como el paralelismo, el antítesis y la metáfora. Durante este período, a Góngora, se le conocía como el «Príncipe de la luz».
  • La segunda, se considera la etapa de madurez y empieza en 1611. Aquí surgiría una poesía más difícil y oscura; es la época de sus grandes poemas, la época de los sonetos satíricos, amorosos y de circunstancias, de la fábula de «Polifemo y Galatea» y de las «Soledades», por mencionar algunas de las más conocidas. Se trata de un estilo en la que la mitología cobra mayor importancia, el cultismo se hace presente y el lenguaje denominado por muchos como «oscuro»,  brilla con todo su esplendor. A pesar de la incomprensión y de las opiniones desfavorables hacia su obra, Góngora se felicitaba de la incomprensión con que eran recibidos sus intrincados poemas extensos, diciendo: «Honra me ha causado hacerme oscuro a los ignorantes, que ésa es la distinción de los hombres cultos».

Con estas fórmulas, Luis de Góngora, construyó un nuevo lenguaje poético y legó a la poesía española, la posibilidad de renovarse desde la forma, desde el arte por el arte y desde el significante como valor en sí, sin que la poesía necesitara de un sentido moral o de una transmisión de contenidos por los significados. Góngora fue el poeta de la forma y ése fue su legado.

Bibliografía:

 

 

 

 

Escrito por Lia Katselashvili

Nací el 29 de enero de 1988 en Tbilisi (Georgia). Desde pequeña me apasionaba la lectura y acabé estudiando Filología hispánica. Tengo publicados dos libros “Diccionario etimológico de nombres y palabras bíblicos” (2008) y “El “catálogo de las lenguas del mundo” del abate Lorenzo Hervás Panduro y los caldeos-kartvelios de Zenaare” (2014).