La siguiente antología ha sido compilada con gente cuyo nacimiento oscila entre el año 1970 al 2000. Esta diferencia de edad se debe a que, quise reunir en un mismo lugar a gente cuya visión de la poesía ha sido marcada por diferentes circunstancias y contextos sociales y no está de más decirlo, por mero capricho y deseo de lectura.
En estos poemas, pese a la diferencia de edad de quienes los escribieron, encontramos características similares: la palabra escrita en metáforas de nieve, mesas de roble que emiten nostalgia, murciélagos cruzando la calle que recuerdan a los sueños que hemos perdido, sueños de la infancia, calles infinitas que hemos recorrido solo en la imaginación, dunas de humo borradas de las memorias que nunca seremos. Es indudable que al leer estos escritos, los lectores quedarán sujetos a la nostalgia, a la ira, protesta e irreverencia de sus autores.

Querido lector, invito a leer esta antología, no sin antes desearles un feliz año 2019.


Poema No 8 (Del libro publicado “Biografía del espejismo”)

Carlos Ortiz (Ecuador, 1979)
Una mesa de roble, porque el roble es fuerte, perecedero, porque el roble no muere o si muere sabe adherirse a tumbas invisibles. Una mesa de roble para escribir sobre esas grietas que ya se escribieron solas antes /después, sobre la que se expanden líquidos cadáveres, humos ahogados. Una mesa de roble con una silla vacía, para que siga escribiendo el fantasma crudo, el pasado clarividente. Un sol que apenas entre, que encorvado choque con el marco superior de una puerta, un local húmedo, soberanamente húmedo, como la letra de una canción atorada que crece, CRECE hacia la barra de agrios recipientes, de metales con filo de aguja, con filo de estoque, diurno, vespertino, matutino como el noble ebrio que no deja que pase el día, fiel al desdoblamiento, al flotar, al ruido de las palabras mudas y lentas. Una mesa de roble para el madero, para las vigas hambrientas, para el rezago de cloro, para el intersticio donde muerde la rata todo el solar del mundo. Una silla vacía, abrigo del moho, o acaso el moho no siente frío, acaso el polvo no se vuelve humano cuando ama…Abrigo es el polvo para la muerte y viceversa, abrigo como el último cubo del recuerdo, ese que gira deformemente, sin física, ese que transfigura los rostros, las bocas . Ese último cubo del recuerdo a donde fueron a parar los caseríos, los pueblos, los matorrales, los suburbios, los festines a la sombra – el arrabal desconocido en el que cantaban cuchillas y tambores- Una mesa de roble para entrar como vigas con amores de obsidiana.


Estado de situación patrimonial retroactivo

Álvaro Luna (Uruguay, 1974)

Era tan joven nuestra dicha
cuando a la época le sangraban los desposeídos
antes de los golpes ambidiestros del otoño
íbamos tan jóvenes de noche en noche
líquidos al fraseo delirante del impulso
unipolares pretendientes del destino
era tan cerca parecerse a nuestras ansias
de brisa en el pelo de las playas
de pan multiplicado y de licores
bogando río arriba, alzando la mirada
diciéndoles verdades a los íconos
era tan leve el tiempo
susurro de manos que se tocan el deseo
melodía en el cielo de las tardes de campo
sendero del fragor inclaudicable
del sábado cayendo en el domingo
éramos tan nuestros en nuestras decepciones
inevitables labriegos del vértigo y la magia
invisibles en el vuelo final hacia el futuro.


+18

Ana Paulina Soto (Ecuador, 1973)

Si no existieran los niños
El mundo sería insoportablemente azul
La mecánica se encargaría de la mitología de los placeres
La comida sería puramente hormonal
y se comería sin rituales
Los libros se leerían sin lágrimas
La lluvia regaría los campos
eficientemente, sin chapoteos
Las sillas serían para sentarse
Y las cicatrices ya no contarían historias
El amor, tan estúpido y hermoso
se perdería en una higiénica cita al oftalmólogo
Los suspiros estarían atados a una camilla de manicomio
Y la música estaría sentada en una helada sala de espera

Sin niños
No necesitaríamos esconder a los perritos muertos
y sus vidrios amargos poseerían nuestras almas
Seríamos muertos andantes con risotadas plásticas
Sonrisas sin gatos
Ciegos dolorosos rasguñando el suelo
en busca de la llave de la felicidad
Pieles resecas sin tacto pegajoso
¿Para qué inventar el azúcar?
¿Para fantasmas esquivos y temblorosos?
Los secretos serían para fumárselos
Los chistes no tendrían suculencia
La muerte sería una curiosa tragedia
no una devastación destructora con abismos sin fin
Las ranas serían solo bestias inmundas
Y no milagros coloridos que lactan de los asombros

La inocencia sería un hada manoseada
El primer beso sería una maniobra decrépita
El planeta rotaría con una tristeza inexplicable
Sin la inquebrantable fe de Naruto
La tenacidad imposible de Inuyasha
La pubertad desesperada de Dipper y Mabel Pines
Y la alegría transgresora de unos pantalones cuadrados

Sin niños
No existiría la amistad verdadera
Mi corazón, con un único latido diario
estaría directamente conectado
a una máquina de niebla


Eva

Carolina Peleretegui (Argentina, 1976)

Una vez, Eva tomó las flores y cubrió su cuerpo/ apenas virgen de miradas y sospechas
y fue ahí cuando supo que había hambre dentro de ella (y quiso saciarlo)
entonces Eva subió escaleras al entretecho azul
que esperaba con ansias la cosecha de los días/ y fue así que parió tres hijos
tres
y Lobo hambriento la fecundó con ansias de una vida fértil
Lobo / que descubrió los velos de las madrugadas heladas que la habitaban
y dejaba Lobo miguitas de pan en caminos imaginarios para que Eva los siguiera
como sigue la luna girando en su órbita imaginaria / absurda/ para querer encontrarse
y así siguió Eva/ hasta que tomó las riendas y quiso vivir su propio paraíso ¡qué tanto!
y altanera rogó piedad que sabía/ le sería dada solo por buena madre
tanto parió/ tanto/ que no solo le fue dada la piedad/ sino la gloria de haber sobrevivido
al abandono
entonces Eva levantó un brazo y luego otro e imploró a las aguas cautivas en su vientre
llenaran el vacío y se crearan en ella ríos y mares de aguas frescas y renovadas
y conoció el amor/ Eva/ de un hombre como ella
ya no había Lobos ni bestia alguna con garras de plomo y
mandíbulas hoscas de piedra y cemento
Eva conoció manos y dedos y piernas y besos
como los de ella/ y de su ombligo florecían palabras como sauces llorones
y monedas de chocolate
y apareció la noche con besos de migas de pan
esos/ que sacian el hambre


AJEDREZ

Luis Mussó (Ecuador, 1970)

64 escaques, un tablero. Tú de ébano ciego, yo de hueso-color. Te mueves en todas direcciones, pero tu abalorio recibe mi agujazo de hormigas. Los cuadros han medido tu silencio con un toque de incienso entre tus rodillas; y el peón adivina su salto diminuto sobre el tablero [PxT]. Tus torres se desladrillan en la diagonal de su cruz cuando entro en tu mezquita de rodillas [PxA]: aves de plumaje sin colores vuelan sobre el alfil mientras el caballo en celo revienta su casco de marfil en el coito de las laderas en ele, en forma de ele [PxC]. Poco falta para el sangrado del cielo aunque lucho y venzo en el enroque [0-0-0]. Son míos el susurro de los espacios, ese jardín incauto, el surco obediente de la espalda. El empeine de tu pie, a solo un casillero de mi lengua ofidia [Px- P4R]. Culpas a la almohada de tus dolores –te ensañas con ella a mordiscos y lametones–. Pero no has caído en cuenta: somos ya un monstruo de doble espalda con fuegos de sal en el núcleo [P5D+].
Cojea nuestro aliento en este juego de reyes. Mi ariete embiste/ barrena las carnes/ incursiona en la memoria/ se duele en ti/ nos inunda pues tu saliva lo festeja y lo corona –peón por reina–. El surco está abierto para las tablas: nadie sabe de quién es la victoria [PxR++]. Nadie sabe de quién, el jaque mate.


OTOÑO

Manuel Duarte (Colombia, 1972)

Villa Gesell 18/3/18
hora de entrada 11 a.m.

Sentir el peso de un poema
el día que decidió la brisa
abrazándose a las nubes en un ataque
para desaparecer y dejar su aliento.
Sentir su caída libre
que todo lo corta
su gravedad que aplasta las costillas
del aire
y como se arremolinan en los árboles
la risa del presente.
Esta hoja que se pudre
bajo las tormentas de abril
raíz de este monte
                                    lleno de rumores
donde crecen las ramas
y miles de cantos anidaran.
Bajo la lluvia o las estrellas
estas hojas sentirán el verde
llamado del aire
         astillado en mis huesos.

hora de salida : 1 : 05 p.m.
: 11 : 25 a.m. 28/4/18


Fragmento

Ramón Contreras (Venezuela, 1974)

I

Viene la noche amor
Viene la noche
Y asoma negro el horizonte
Y lo que está no es
Y lo que era no está
Y trae su canto de despojo, amor
Y pone el dolor sobre la almohada
Viene la noche amor
Viene la noche
Y ya no se oyen las palabras que traías
En las tardes que caían sobre tu espalda
Desnuda de playa y arena
Viene la noche amor
Viene la noche
Y ellos se preparan para el asalto
Y traerán centellazos nocturnos
Y los niños gritarán por los padres ausentes
y no habrá más olor de pan en el horno
ni música saliendo de las ventanas
solo el polvo, amor, solo el polvo
de los convoyes por los caminos de tierra
de las casas derrumbadas por cañones
viene la noche, amor, viene la noche
y ya no tendré cómo escribir sobre tu espalda
ni una servilleta chamuscada podrá recoger mis palabras
ni guitarra alguna acompañará mi canto
viene la noche y yo me espanto, amor
me cobijo bajo tus párpados
me asilo
y ahí espero la mañana que se anuncia lejana
cuando entro en la madrugada
y viene el alba, amor
y otra vez tú cubierta de sol
me recibe


Afterlife

Adriana Dorantes (México, 1985)

No voy a verte después,
luego de cruzar el umbral a la otra vida,
de atravesar el puente que aleccionados hemos visto en sueños
y deseado recorrer por la ciega falta de certeza.

Entendimos,
como si un témpano pasease burlón entre nuestros dedos,
que las segundas oportunidades eran un invento.

Me dicen que debo hallar consuelo en la eternidad de tu alma
pero no comprendo las sentencias que viajan
de boca de aquellos que creen que los muertos
los miran desde el cielo.

Quizá son dichosos los que dicen que saben algo
y dejan la fe navegante
en espesos pantanos de mentiras felices.

Idiotas pero dichosos los que esperan
que sus difuntos se transformen en ángeles,
consejeros del caos azaroso de sus existencias.

Lamento no poder mirarte después
ni vivir a tu lado en el Paraíso,
—así hubiéramos partido al mismo tiempo estaríamos para siempre perdidos—.

Pero lamento más que no exista otra prueba de ese edén que esta veladora frágil
y una reunión de gente en letanía.

Mientras el púrpura ilumina tus labios,
recuerdo nuestra helada certeza.

Ningún “descanse en paz” llena el vacío,
ninguna promesa resguarda el lamento.

Sin esperanzas,
así partimos.
Esa luz, la del umbral, yo sé que es una sombra,
sólo una noche a la que se le ha tratado de colgar estrellas.


Kuaukali (Casa de los guerreros)

Agustin Vizcaino (México, 1986)

I
La palabra “Nahual”
proviene del término «nahualli»
que significa ocultarse.
Nunca comprendí
el concepto ,
hasta que mi padre
me llevó a la lucha libre.
Ahí pude ver
como los hombres
tras una máscara
se vuelven brujos
que estallan
los conjuros en el pecho del oponente.
Al final de la función
acudí a ver a mi luchador favorito
pero su transformación
había terminado
II
Los chamanes tiene la capacidad
para realizar operaciones
sin utilizar instrumentos
quirúrgicos.
Utilizan las manos
creando nudos en los cuerpos
pareciera que arrancarán miembros
y los pudieran volver a colocar en su lugar.
Dichas operaciones
son muy similares
a las llaves de lucha
por eso
Tezcatlipoca
fue el primer maestro de lucha libre.
III
Uribe Villegas
afirma que un chaman
es una persona
que se deja poseer
por un espíritu
al punto que su personalidad
queda olvidada.
O si no pregúntenle
a Rodolfo Guzmán Huerta,
por si no lo saben en su vida
se le conocía como El santo


El agua se enquistó con mi sangre, murmullos de un útero que ha muerto cauterizado.

Alejandra Lana (Ecuador, 1985)

Un minuto dentro de la tina para no despertar; dos para morir.

Veo nubes de algodón; pero el diablo me saluda.

Me recojo y comienzo a llorar con quejidos de gata;
recojo mis pasos y los llantos de mi niño muerto en la sala de curetaje

Me siento como una monja vestida de mujer,
recuerdo cuando mi cuerpo despojaba olores y sabores.

– Un minuto para vivir, dos para morir.-

Soy un animal salvaje domesticado.

Necesito sublevarme – resistir –


VIII

Alfredo Lozano (México, 1987)

Los dientes trituran la carne,
se siente el golpe en las costillas,
queda el dolor en los pulmones,
mi nariz se quiebra,
la sangre sale por mi ojo,
¿eso es normal?
¿acaso he perdido la vista?
mi mandíbula está entumida,
mi lengua dormida,
tengo sed
y mi playera está cubierta de vómito.
La sal de mis lágrimas está seca en mis pómulos,
¿con qué clase de seres nos hemos topado?
«¡Contra la pared, maldito rebelde!»
Mis manos arrítmicas están contra el muro,
separan mis piernas,
alistan mis caderas,
patada en la entrepierna,
me doblo,
sismo.
En mi estómago reposa la náusea,
¡solo éramos estudiantes!
¿merecemos la muerte?

Me estrangulaban con sus manos
llenas de mugre, lodo y odio.
Sus uñas ásperas arañaban
lo poco que quedaba de mi dignidad.
Mi cabeza hacia chasquidos contra la pared,
mi semblante se desvanecía,
había desorden, fatiga, gritos.
Un disparo.
¿Por qué cuándo se dispara no se hace solo una vez?
Otro, otro más, varios, miles.
Mi pierna cojeaba,
le daba órdenes, no reaccionaba.
Llovía y después,
una multitud pasó por encima de mí.


[Vintage]

Carlos Quizhpe (Ecuador, 1982)
Un viejo mendigo
toca un violín
en el ángulo inverso de una fría
esquina.
Un perro vintagehipa
mientras lame el hedor de sus heridas,
una mujer de tristes harapos
acoge en sus brazos a un niño (Pollito)
el viento horada escarabajos
¿qué raros artrópodos obnubilan sus
pupilas?
Un viejo mendigo toca el
violín (…)
el reloj ha perdido el índice
y el pulgar
como aquel periódico que
deambula
fisurado sus pulmones.
La misma mujer de tristes harapos
y ojos inopes
de fotos lejanas
y gaviotas judías
arrulla en su pecho un filamento
de ombligo
calvo
como las cometas
La mujer de tristes harapos
escurre sus lágrimas
(cenizas + lodo)
y tiene en su falanges
un puñado de teclas
que se despostillan
y se percuden con el café
y crujen como articulaciones de
bastones que sujetan rodillas
(….)besa la frente de crepúsculos
unicornios
en una fría y mugrosa
sala de hospital.
Un mendigo toca el violín
La mujer de tristes harapos
Un perro famélico
Un 18 de febrero….


CORAZÓN PARA LA GUERRA

Diego Rojas (Ecuador, 1986)

que no me vengan ahora con esa canallada
de que el arte por el arte
que la más pura libertad de expresión
que ninguna verdad es santa
que no me corran esa lámpara
de que la belleza enterrada en las palabras
que la poesía reparte bala en lugar de pan
a los pobres diablos
de lectores hambrientos
que no pretendan entristecerme
contándome las penas del preservativo
que se muere virgen esperando
en un rincón de mi billetera
porque polvo han sido y polvo serán
los años quemados de mi juventud
porque fue el vino el que se emborrachaba de mí
cada vez que abría las botellas
no crean que fue al revés
porque fuimos cuatro sobre tu cama
aquella vez:

yo
nuestras dos soledades juntas
abrazados hasta el amanecer
con el corazón abombado
en perica barata
siempre a punto de guerra
no necesito jurarlo:
te amo tanto
que me encadenaría a tu tumba
cuando te estés pudriendo
bajo un sol de perro
porque durísimo ha sido el camino
que me bebí todas sus piedras
para poder seguir
y hoy soy como la cabeza aplastada de la niña
bajo la rueda trasera del camión
¿por qué no puedo llorar
si tengo la cabeza toda reventada mamá?
la realidad es que la luna es el sol
pero travesti
no se emocionen tanto:
también hay primavera en el in¬fierno


EL FUEGO DANZA A MEDIA NOCHE

Félix Molina (Colombia, 1986)

La noche danza 

como si tuviera un corazón de fuego agazapado en el pecho.

En medio de este impasible insomnio
pienso que el tiempo no pierde su tiempo
esperando que sea de noche otra vez.

Él espera que la muerte duerma
para encender la madera
que transita por nuestra lengua.

La noche danza
como si tuviera un corazón de fuego agazapado en el pecho.

Yo,
soy solo cenizas…


EN UN BOSQUE DE ESTRELLAS COMO FRUTAS

Fragmento

Jorge Aguilar (Ecuador, 1986)

Necia estrella que nada sin esperanzas.
Loca herida del árbol primero.
Rama siniestra
y espada brillando entre la bruma.

En un bosque invisible encontré que era esclavo;
mi mirada ya no permitía
más bravatas de los fantasmas.

Pérfida marioneta sostenida por cuerdas grasientas
y rellena de aliento cenagoso.
Astuta esfinge con columnas de aserrín.
Inocente espejismo que predice las matanzas.

El bosque era elemental y cantaba;
por más que escrutaba entre la hojarasca,
no podía percibir algún tesoro fermentándose.

Alucinada catarata de azulaciones,
intrépida herida en la ceniza del mundo.
Golpe seco a la ceguera.

Sin embargo, de mis venas emanaban cantos
que alimentaban el rubor
que rodeaba a los rostros de la desidia.
Contoneo de osamenta encarnado en un viento alcalino.

Incandescente respuesta a las carnicerías,
amapola bruñida de espinos
y jugos y catástrofes.
Al encontrar la senda del bosque
mi pecho ya no anheló otras desolaciones.
Y el ramaje, bostezando
mientras se quemaba la hojarasca,
aplaudía la levitación
de la fauna convertida en verdosa
grisácea ceniza.


Y de mi omóplato salieron alas

Jorge Lovatón (Perú, 1988)

Debí seguir siendo tímido,
seguir escondido en las cañerías
de mi arrabal,
debajo de mi cama,
junto a los monstruos de mi niñez.

Debí ignorar la sublime letra cursiva
de tu peinado,
la balsámica hoguera
de tu maquillaje,
la flor carnívora de tus labios pintados
devorándose mi silencio…

Debí seguir siendo yo,
el barco de arcilla estancado en ese pozo;
pero ya es tarde,
aprendí a sentir miedo,
a sentir frío,
a sentirme solo,
a sentirte,
y eso me ilumina,
¿qué hacer con esta lumbre?


Life in Mono

Luis Alonso Crúz (Perú, 1981)

Siempre es bueno hablar en voz baja,
frente al televisor
frente a la pared.
Hablar encorvados
como dinosaurios
hablar dentro de cavernas.
El silencio, es balbuceo
cuando hay un cinturón
alrededor de la ciudad
o de nuestro cuello.

Estoy construyendo arrecifes gigantes,
en silencio.
Afuera, las cosas caen en silencio.
Cuando me levanto
veo que toda la casa
se parece a Chernobil
hay moscas que asemejan
a los Tupoliev arrojando espuma
sobre lo poco que queda en pie.
Y todo ha sucedido a mitad
de volumen

Cuando se rompe
el domo del silencio,
junto las piezas
tratando de crear algo nuevo.
Ahora entiendo
que Dios duerme
y de nada servirá
despertarlo.


TESTAMENTO

Nanny Saray (Colombia, 1984)

Lamento el tono de tristeza
pero cuando se piensa en la muerte
otra actitud es grosera

He planeado minuciosamente
los sucesos anteriores

Comenzaré por recoger los besos
disfrutados en la lejanía entre un beso
y el “hasta que la muerte nos separe”

Cada beso es para morirse.

Reconstruiré los fósiles familiares
entonaré desagravios
hasta encontrar el origen del dolor

En los milenarios brebajes
he clasificado hojas aromáticas que resumen
intriga, bohemia y poesía como el mejor de mis menjurjes

Guardaré la belleza después de la muerte
en el momento exacto de la maduración carnal…


//VILLONACO LLORA//

Patricio Vega Arrobo (Ecuador, 1987)

Villonaco acaricia la sombra de sus hijos que migraron al país de la muerte
Villonaco recoge huesos y los esconde bajo el pecho
alimenta su sangre con la lluvia de agosto
terrible acto purificador explotarse los ojos a puro llanto
Villonaco tiene luto de siglos
veintidosmil cruces incrustadas en el cráneo

Villonaco llora
y yo lloro por ti niña cadáver
intrépida centinelita del de sur
chica mala del páramo

Villonaco
no es un cerro
Villonaco
es un hombre desprovisto de forma humana

el dolor de su corazón/cordillera lo esconde tras cipreses
ya no besa al sol
ni ve al cielo con ternura
(aVillonaco le explotan los ojos en perenne llanto)

la niebla camufla la tristeza
esconde a los suicidas
y el humo de las chacras anuncia el réquiem

anciano verde
tus lágrimas caen sobre tu hija mutante
Loja
Loja es una niña mutante
engreída
niña que sueña ser la carita bonita en la nación del caos
niña ruidosa y precipitada
en las noches Loja vomita hombres sin rostro
la niña fuma y bebe hasta el cansancio
la niña folla con todos menos conmigo
la niña apunta su cabeza
pero nunca dispara
Villonaco
no cesa el llanto
en sus ojos pantano se reflejan los hijos par/tidos de olvido
Villonaco es un padre frustrado
triste anciano verde agonizando en el canto gallos solitarios
Villonaco sabe que “seres extraños”
habitan las arterias de su niña mutante
castellana
cadavérica
sarcástica
Villonaco estruja sus labios
para no despertar a la niña que vive en sus manos
niña Loja tan hermosamente suicida


Por la no tierra. Por la no agua

Ángela Neira (Chile, 1980)

Te digo que soy una mujer mapuche
te digo que tengo cara de mujer mapuche
y que tengo mucho por decir.
Te digo que soy una mujer mapuche
te digo que tengo cara de mujer mapuche.
Sí, mapuche
muy mapuche.
Te digo que soy una mujer mapuche
te digo que tengo cara de mujer mapuche
que soy de la tierra
y que mis raíces están vivas desde antes de nacer.
Te digo que soy una mujer mapuche y que tengo el pelo largo y negro
los pómulos altos
los brazos gruesos
y la voz decidida.
Te digo que soy una mujer mapuche
que tengo cara de mujer mapuche
y que tengo apuro por decir
porque robaste las tierras de mis abuelas
y a cambio nos dejaste estos pinos para robarnos el agua
porque las robaste
nos robaste
las robaste.

Te digo que soy una mujer mapuche
que tengo cara de mujer mapuche
y que tengo apuro por decir
porque robaste las tierras de mis abuelas
y a cambio nos dejaste estos pinos para robarnos el agua.
Te digo que soy una mujer mapuche
que soy de la tierra
y que mis raíces están vivas desde antes de nacer.
Te digo que soy una mujer mapuche
y que no tengo sueño
y que vine a gritar
para que mis nietas nunca más pasen apuros
por la no tierra
por la no agua.


Entre el tráfico

Ulises Torres (México, 1983)

Después de la lluvia: el tiempo
se detiene
ventanas húmedas / gatos

gotas en la lentitud de las hojas

el niño del Volkswagen
dibuja un muñequito
en el cristal

lo veo
desvanecerse


Escape en convoy

Vanesa Almada (Argentina, 1980)
vuelve esa puerta a querer viajarnos el adentro y el afuera
el viento no alcanza nunca
ni para cerrarla ni para abrirla

ni para espesarle el cuerpo
ni para apedrearla

rojo el cielo de otro cielo que es hueco
el blanco de ese guante envuelto en manos
como roja la causa de toda fuga
                                                       de todo desplazarse

vuelve esa puerta a querer irnos
amontonarnos a los costados de los trenes
gritando andenes, pasajeros, vías férreas
donde aplastarnos el rojo de la impaciencia
los fuelles
                                                      de las últimas monedas vírgenes


El parto

Ángela Álvarez Sáez (España, 1981)

A partir de aquí
romperemos los lazos visibles.
Mi cuerpo sobre la camilla
atraviesa un sendero blanco
de pestañas. Tu cuerpo con la vida
pendiendo del resultado
de un test de Apgar
no puede sentir el tacto
de mi piel, ni el recorrido de la noche
apaciguando la sed de sangre
que nos mutila el corazón.
Con un hilo de cordura,
apagada por la anestesia,
te llamo y el ruego
se torna en la oración
más serena, clara.
Luego cojo entre mis manos
el útero y lo exhibo, impúdica,
desafiando los límites de la entrega.

(De “La estación de las Moras”,
XXXIV Premio Carmen Conde, Torremozas,2017)


CANINO

José Méndez (México, 1986)
Esta vida comenzó corriendo en la lluvia detrás de ti,
llenándome de lodo y con el castigo
de pasar la noche cobijado solamente por una nube negra.
Al llegar la madurez tus caricias en mí nunca cesaron,
tu calzado fue roído,
llegaron los gritos del amo y las nalgadas de tu madre,
pero mira que quien realmente ama se mantiene firme
en medio de toda hecatombe.
Más mi fuerza se agotó…
La salud es una ninfa berrinchuda.
Cada una de mis facultades/antorcha debilitada,
búfalo enloquecido de la ceguera;
desconocer tu hogar, desconocerte a ti mismo,
y sentir que quizás el corazón palpitante ya no sea tuyo
porque hay momentos donde te repites que todo está bien pero vas dejando de creerte.
Tú sabes de asfaltos,
conoces el roce del concreto y la brutalidad de sus besos.
A él le ofrendaste sangre, sueños, ilusiones, ropa, gritos, emociones, goles, carreras, balones, infancia,
esquirlas de tu alma y de la mía.
Este es el inevitable movimiento sinfónico de vida;
trascender en el corazón de esa misma tormenta
a la que una vez domesticamos;
no lo entiendo, no lo entiendo,
una, dos, tres, mil nubes;
me hablan en código celeste y reclaman tu dolor desde el infinito.
No lo sabes,
pero también pude oírlos;
te dijeron que no lloraras:
“Mañana te compro otro, solamente es un perro”.


Metamorfosis

Gabriela Cano (México, 1988)

Lo más cerca que me he sentido de ser un animal es en el agua. Es como si con poco oxígeno, mi cuerpo se convir¬tiera en otro y me diera la posibilidad de desarrollar re-pentinamente escamas o aletas o una textura de arrecife. Cuando veía la Sirenita lo que más gustaba era la parte en que se transformaba en humana: de una cola de pez a un par de piernas. A lo mejor porque los libros de bio¬logía muestran frágiles los miembros humanos. Imagi¬nar neurotransmisores, neuronas e intestinos descar¬gando impulsos eléctricos a través de la materia que es uno produce un malestar agradable. Si notáramos de qué estamos hechos podríamos dejar de sentirnos una víscera palpitante. Una vez, me caí a una pileta hondísi¬ma. Deje de mover las manos por el mareo y la falta de aire pero noté que los estados líquidos nos adoptan con tranquilidad. Tenía dolor pero también una necesidad de respirar como lo que no era: un ente bron¬quial, un anfibio. Ese recuerdo, me llega ahora cada vez que la hora de natación se aproxima. En los balnearios, debajo de las regaderas, nunca sabremos si nuestras manos arrugadas son el principio de una metamorfosis.


LOS POETITAS

Fragmento

Sofía Puetate (Ecuador, 1984)

Los poetitas hablan de tazas,
se obsesionan con ellas,
se cogen la solapita
mientras se limpian la mapavira desnuda
de una raymi de mayo,
intentan comer sus servilletas,
se atragantan de forma elegante,
nadie los escucha,
son domos andantes en esta ciudad de mierda

Del otro sitio
yo te miro,
tienes atravesada la espalda con cristales
que cuelgan de tus vértebras,
allí, cuando te dejas en la sala
y tu pulso se concentra.
cuando el odio no te cubre,
cuando tus ojos no se guardan al pánico.

En la otra vértice:
los poetitashan comenzado a bailar
sus danzas vampíricas de plaza sésamo,

todos se convierten en muppets
menos tu…
Has guardado un cuchillo en tu cabeza
por si la felpa
decide lastimarte.

Yo he podido sentir la nube
bajo el deseo que guarda tu nombre,
es un paraíso lleno de espinas
y gelatina
saltando en tu pubis.

Yo soy el domo roto
El aire que se asfixia.

El otro lado


Las frutas de los arboles

Agustín Molina (Ecuador, 1994)

Agustín
versus los relámpagos que queman
Kafka versus las banderas,
sobre dilapidaciones
de lector recién nacido
por la carne enervada
fluyendo
de auroras débiles
atrincheradas
Y fluyendo por calles
Tengo a Kafka puesto un trajecito
Tengo agua en la memoria
Hice mis particiones:
arte
por
parte
a la caducidad de la botánica
y llevarlo como títere
a levantar al occiso
las arañas salen en comuna
En las calles vistosas
del esdrújulo ápice
hasta llegar al tope
que se apilaron
del obrero en lentos ladrillos
donde descansa el palpar
Roja bestia roja
que vuelve ciega a la bestia
lleno del perfume
nadando en el estanque
y encontrar ese bicho profundo
al abrir el libro
el asombro de lo que no ocurre
así no mas
lo bello que no se explica
Al éxtasis del encuentro
de empleado poemático
súbita
antes de esa transformación
y hacer puño el cuello
antes de sorber el café
la vista para abajo
una sonrisa planchada
mangas dobladas
un sirviente en el miedo
Kafka versus la máquina burocrática


MAYO

Fernando Huaroto (Perú, 1993)

a C & G.
Los Belkings – Tema para jóvenes enamorados

En mayo de 1968, C & G, se amaron violentamente como dos niños con los ojos totalmente incendiados. Repasaron con sus manos los territorios transitados de tiempos atrás, se extenuaron, anochecieron juntos como hermanos. Sus piernas como mimbre, se anidaron para cultivar árboles y estrellas sobre sus cuerpos. Resplandecieron, gimieron. Se despojaron del tiempo y sus miserias. Se convirtieron en pequeños desertores: visionarios del caos. Se incendiaron, encendiendo otro lenguaje sobre la superficie de sus ojos. Y como bellos animales, se hicieron invierno. Se hicieron carne y desnudos, se encontraron libres. Hicieron del infierno uno de sus puertos, lugares comunes de ángeles caídos. Se tejieron la piel de recuerdos, y en sus ojos la historia tropezaba en las estaciones. Embriagados se disimularon como barcos anclados. Se distanciaron para encontrarse de nuevo. Se intuían y dormían cansados. Y en los pecios de su amor, tropezaba almíbar, nocturno y callado; su creación.


LA POESÍA NO TE INVITARÁ UNA CHELA UN CEVICHE A LAS 3 DE LA MAÑANA MIENTRAS ENSIMISMADO VERSAS LA PROSA DE TU VID

Julio Barco (Perú, 1991)

No poseo un auto para invitarte a dar un par de vueltas por la 

realidad

Y la verdad es que poco importa
Y la verdad es que desespera no poseer sino las flores
silvestres de una vieja Pentium 4
Y el poder del verbo al infinito & más allá.
No poseo casi nada
Pero mi corazón es un auto que rueda por cualquier carretera.
Aspiro a ser mi destino, a sumergirme en la voz
de una cigarra y volver a nacer igual de intenso Con la misma cabeza hueca con el mismo tacto en la yema de los dedos.
Y la verdad es un dibujo hecho en paint por una niña de dos años
que sueña con los anillos de Saturno
Un edificio frente a mi ventana.
Dúo de fulgidas aves planeando entre las nubes de algodoncito. Un planeta girando alrededor del Sol.Una pared, un hombre que mira una pared cualquiera de un universo cualquiera.
Lanzo una flecha de fuego y repito)
Soy Andrés Caicedo escuchando el jazz de la mañana
Soy Charly García lanzándome de un edificio de 4 pisos
Coleópteros bulliciosos despuntan el firmamento
“No cantaré por cantar
                                       la canción del hartazgo y el sosiego”
Detesto las escuelas, las plazas, el exceso de nervio-
sismo que me da girar en tus certezas.
Lateando por mi desasosegado mundo
Puente Nuevo
Tan repleto de
internet como de Pound como de Luchito Hernández
con la epoyé de Sexto Empírico con jugo de naranja hiper ácido 

como de la pela El Castillo Ambulante

QUE MIRAMOS EN UN DVD PIRATA COMPRADO EN EL HUEC
he llegado, yo, el árbol desesperado, a una cabina de internet
Y escribo para que todo el universo me oiga)
Baladas para mí mismo que voy a morir
Baladas para mi mano que toco las acacias de tu rostro
Baladas para mi ser perdido en los extramuros de la realidad
Baladas para mi desempleo e infelicidad
Baladas para mi mediocridad como 5 palmeras y la estatua infeliz de Vallejo
                     Con epitafio de Eielson.
Baladas para mí y para vos


HOYO NEGRO

Karen Vallejo (Colombia, 1991)

Cava              un gato
Su tumba en la caja de arena
Mientras la melancolía gime
Cuando la noche penetra. Los vidrios
Se empañan con el aliento de la
                        Lluvia
                     Y los cisnes
                    Que habitan
                  En mi lago graznan.
                Afuera todo es silencio,
              Cuatro paredes me atrapan
    Y la caja de arena ya ha devorado al gato.  


Aulas de Roble

Katherine Quirós Bonilla (Costa Rica, 1996)

Existe un colegio en el sur
Dado a luz por la
Cordillera de Talamanca
Donde arma su nido
Con el aroma de los cafetales.

En ese pequeño recinto de enseñanza
Se va a la montaña
Para clases de biología
Y de música se aprende
Debajo de los robles.

Sol y lluvia.
Barro y polvo.
Amonestaciones por volar del río.

Existe un colegio en el sur.
Donde nunca se visitará
McDonald’s
Para el almuerzo
Y diez kilómetros
Se recorren en un instante.


Ley 27360

Lucía Romañol (Perú, 1994)

Es el campo la materia de esta lucha,
de espaldas rotas, de manos sucias.
Y la condición del esclavo es ser el insecto, el botín.
Donde el sol como fuego perpetuo sobre la cara: hiere,
donde la hora del descanso es cómica
y el pan sobre la pobreza: aplasta.

Deseo cubrir el abismo con mis dedos de piedra,
con mi voz que gime bajo el dolor,
con mis colmillos, con mis garras,
sentir la desgracia ajena que me corresponde
porque los que sufren son el reflejo
de lo que soy por dentro.

Voy cayendo al ritmo de una gota de sudor
que se pierde,
que se rebela
entre las ramas, entre la tempestad.

Quisiera ir a la negra cosecha
donde nadie renace,
donde las cenizas del obrero
son barridas por un soplo desconocido
hacia la maleza.


Hacia el llano.

Marcos Ramos (México, 1991)

“Así nos han dado esta tierra”
Juan Rulfo

Aquí nada crece
por más agua que se le dé
ni rostros ni miradas ni templos
menos templos en miradas menos rostros en templos

las palabras han muerto
ha dejado de llover

si Dios existe no importa
porque nadie le ve
si la poesía existe no importa
nadie la escribe

el llano lleno de indiferencia
de la pura soledad
el llano lleno de nadie, de ninguno
el llano sino de todo
el llano infértil, muerto
el llano herencia
ese llano, mi hogar

Aquí permanezco
buscándote a ti, corazón
pretendo excavar profundo
y robar de las rocas secas
el rostro de un perro y una flor.


Los caballos salvajes

Pamela Rahn (Venezuela, 1994)

Ahora te sientes normal, no eres un dios, ni un hombre ni un personaje, ni una mujer que no existe sino en la imaginación de tu madre enferma. Al fin. Eres tú y caminas siendo tú, envolviendo tus pies en oscuras esferas para no volverte uno con el cemento. Pero extrañas la colilla, la ceniza del odio. Estas solo. Realmente solo. Tu amigo duerme en el sofá. Y tienes la certeza de una herencia. Pero aun así estás – solo – No le dices a nadie de tu soledad, es inútil. Oyes el relincho en la voz de una amiga. Reconstruyes paredes con la ayuda de una mosca. Duermes en el callado suelo de una habitación sin puerta. Ernestina ha quedado en llevarle la leche a tu madre. Vuelves del lugar de los vivos, subes los peldaños como pisando sarcófagos, porque sabes que te acercas a algo que ha dejado de existir. Iluminas de a poco la habitación. Sostienes la leche en la mano que no está enferma como un premio, como si tu mano fuese responsable de un deseo, un deseo tal vez inútil que no significa nada, pero un deseo que palpita. Y caminas hacia el último peldaño de la escalera. Ahora eres Ernestina, cumples tu papel. Sonríes, con una sonrisa de mujer extraña que no conoces, de ángel asexual, con tus ojos oscuros como monitores apagados. Y con el vaso frio de leche en tu mano derecha, inhalas el cigarrillo. Lanzas la ceniza en los zapatos de tu madre, aplastas la colilla cerca de su sábana blanca y te acercas a ella. De pronto tu madre te reconoce, pero le pide un abrazo a Ernestina, sabe que su muerte es también la suya. Te reconoce en el cristal del vidrio, pero prefiere callar. Sus ojos lánguidos, fijos en el vaso de leche helada, acercan sus brazos a Ernestina. Buscan en algún lugar de su memoria la forma de un abrazo.


POEMA 1

Amanda Pazmiño Torres (Ecuador, 1993)

.A.

Mi pecho es un animal amarrado en sábanas blancas que se multiplica hacia su centro. Le nacen áspides de fuego al pulso de mi sangre. Se rompe desde la raíz del bosque hasta la desmantelar las granadas que cuelgan en los ojos del olvido. Pero también sabe que la enfermedad es el lugar y el tiempo para vaciar el rostro y recobrar una nueva saliva. Sabe que cicatrizamos de una voracidad distinta. Sabe mi pecho que el camino falla en abismos cada que se niega que hay sal llagando dentro y que puse semillas entre mis dedos para anidar una fragancia: la más honda, la más roja.

A.A.

Voy a empezar por el principio, donde no era el tiempo.]
Anémonas bebíamos desde úteros distintos, nos vivían sosegadas en los atrios de esta dimensión, y sin embargo, equinoccio, dijiste, Ixmucane, y la célula palpaba cielo, ya era un verso sobre otro tu palabra blanca. Una vez calmada de astros pude atestiguar el vino del amanecer que espera en el punto exacto para hacernos brillar. Vibración en la espalda y los huesos, todo al mismo aplauso del viento.


“ESCRITO #1”

Jennifer Zambrano (Ecuador, 1995)

Hoy voy a morir
porque he comido mi propia lengua
mientras buscaba mi nombre
debajo de ella
Me comí la lengua para no llamarme
-¿qué es el nombre sino el plano
segundo del cuerpo
de los ojos?-
La palabra que no se dice
no existe
como el nombre
que no se pronuncia
y el cuerpo es letra
es nombre
y si no hay letra
ni lengua
tampoco cuerpo
Viene la muerte
-ya no tienes nombre
como yo
que me comí mi propia lengua
en un intento por olvidarme-


El rostro de la muerte

Valeria Pinta (Ecuador, 1992)

Absorbida por un computador
Una ceguera me invade.
Pienso:
Muerte/poesía-música/Muerte.

Golpeo mi cerebro
¡Pum, pum,pum!
No responde.
Murió.

Mi voz se fue.
No me pertenece/no me pertenezco
Salgo al mundo
Y camino en dirección contraria
Con el dolor en la espalda

Grito:

Mamá, mamá
Escúchame
Escúchame
Escúchame.
¿Papá, papá dónde estás?
¡Ven!
¿Dime por dónde ir?

Papá, soy una muñeca de porcelana
Ven, arregla mis piezas
Estoy descompuesta.

Papá, dame forma
Pinta mi rostro
Devuélveme a mi estado.
Papá, no veo en tu obscuridad.

Mamá, nunca existí
Alimenta a mis animalitos
Dales mi carne, míralos crecer
Mira cuanta vida hay en ellos
Y mírame a mí
Estoy muerta.

Mamá haz visto a un muerto
                                                               -¡No!-

Tócame, no estoy.


Mancha I

Romina Serrano (Uruguay, 1994)

La casa se llueve,
Mamá está nerviosa:
a nadie le gusta tener agujeros.
Las gotas resuenan
entre baldes y diarios.
Me gusta,
me divierte la presencia del agua
en un lugar tan inesperado,
pero mamá se enoja
se queja;
y mi padre
que nunca ha despertado
desde aquella pesadilla del 2000,
sigue con lo suyo
lamentándose la vida
con la misma constancia
con la que el sonido de las gotas
se entromete
en nuestras vidas disecadas.
Si ellos supieran que estoy aquí
riéndome y mirando
por entre el postigo entreabierto de mi puerta
cómo van tomando la forma de dos animales
que en cuatro patas
van moviéndose con agilidad
para salvarse de la guerra que les dan
los días precipitado,
si tuvieran la oportunidad
de descubrir mi impertinencia
probablemente se volverían a mí
para gruñirme
para domesticarme
como al agua.
Sin embargo,
sumergida en la sombra
ellos no saben
no pueden ver
que los observo de rodillas
ni tampoco pueden confirmar
que soy amiga de las goteras
ni que esta noche soñaré
con la casa inundada.

*Ilustración: Javier Montaño

Escrito por Sara Montaño Escobar

Sara Montaño Escobar (Loja-Ecuador, 1989). Licenciada en psicología general. Sus poemas se encuentran en revistas de Ecuador, México, Venezuela, Argentina, Colombia y España. Parte de la Antología de poesía y relatos publicada por el Municipio de Loja (2017). Relato publicado en libro cartonero “Pasaporte”, un proyecto que corresponde a tres editoriales cartoneras: Dadaif Cartonera (Ecuador), Cossete Cartonera (Francia-Brasil) y Pirata Cartonera (Ecuador-Salvador). Publicó la plaquette Génesis de ausencia (Vis-k-cha, Editorial independiente, Loja- Ecuador, 2017).