Otra lista. Sí, otra lista de poetas jóvenes nacidos en la década de los 90. Me gustan las listas que enumeran a los talentos de la escritura actual. De manera personal,  prefiero no tomarlas como lo mejor del panorama de la escritura de un país (México en esta ocasión).  Entiendo que los títulos y contenidos sensacionalistas de este tipo de artículos prenden  fuego a las redes sociales. Y, ¿cómo no? siempre las mismas plumas, los mismos rostros.  Pero, ¿la escritura mexicana joven solo se limita a los que habitan las grandes ciudades?  La Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey son las constantes para el foco cultural que (según) mueven la marea de la escritura mexicana, no solo joven, en general. Esta idea no me convence.
En esta ocasión muestro a un conjunto de poetas jóvenes de Michoacán. Sin  la intención de dar las sentencias de los «únicos» o los «mejores», porque la escena michoacana es tan amplia como en cualquier otro lugar de México. Estos autores, nacidos entre 1994 y 1996,  están en vías de consolidar su obra frente al plano nacional que, por ser de provincia, les resulta doblemente difícil ser visibles. Sin embargo, muchos de los nombres aquí presentados ya son leídos a lo largo del país.
Hacer este tipo de listas es un riesgo, estoy consciente que dejo al margen a muchos de los escritores que contribuyen al plano michoacano. Solo por nombrar a otros autores que no aparecen en esta lista como Luis Oseguera, Paulina Soria, Ivana Fauvet, Fernando Salgado,  Alfredo Garcidueñas, Irene Delgado, Monzerrta Pitta y un largo etc. Mismos escritores que contagian a la generación próxima; los nacidos en la frontera del 2000, porque es una realidad que los noventeros están siendo empujados por los nuevos intentos de escritura de los llamados centennials. Mientras que nombres como Raquel Béjar, Ángel Hurtado, Gustavo Gargallo, entre otros  comienzan a tener esa evolución de sólo escribir por escribir al compromiso que representa esta acción.
Es importante decir que Michoacán también está centralizado. Todos los nombres arriba mencionados, menos Paulina Soria que vive en el municipio de Zamora, radican en la capital del Estado: Morelia.  Estoy hablando que ignoro muchas de las propuestas que escriben  en otros municipios y también a los escritores en lengua Purépecha. Es imposible englobar en un artículo a todos, así que el título de éste queda relativamente limitado.

Ahora sí, ellos son:

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Cristina Bello (Morelia, Michoacán, 1995) Egresada de la Licenciatura en Literatura Intercultural de la ENES Morelia, UNAM. Ha publicado en revistas electrónicas como: Monolito, Espora, La Rabia del Axolotl, Efecto Antabús. Participó en el IX Curso de Creación Literaria para Jóvenes Escritores FLM-UV en la categoría de poesía, al igual que en el V Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes Jesús Gardea. Obtuvo mención honorífica en el Premio Nacional Universitario de Poesía Desiderio Macías Silva (2017).

Climax

Las olas son narcóticas, me llaman
yo soy, yo soy, yo soy
toda la noche

Anne Sexton

Una línea de luz verde caía sobre tu hombro
y yo pensaba en todas las canciones
dichas en secreto, cuando el volumen baja
y ya no hay canción o letra o gente,
y la música revienta en nuestros labios

El día siguiente encontré tu fotografía en los carteles de la Ciudad
decían: se busca
y pregunto ¿por qué?
por qué buscan a un incendiario y pienso:
Diego estás en cualquier parte,
a 100 kilómetros / 1000 kilómetros de distancia
pero mis piernas corren entre la acera
y el tacto no me alcanza para dejar reposar mi cuerpo sobre el piso,
por las noches abastecía mi sed con agua oscura

Alucinación:
coloqué palabras sobre tu pecho,
que flotaron en medio del humo
intentaba apresarlas para decirte:
llévame a los abisales, donde los incendios no existen
pero luego de tanto humo y tanta sed,
nos hemos olvidado de la Ciudad y su puerto

Una semana después te encontré habitando mi pecho,
quería llenar de corales mis pulmon
espero respondías que para ser libres había que hundirse,
y allá abajo yo no encontré tu cuerpo ni el mío,
estaban en la superficie, flotando sobre las olas.

W
Esa mañana tomé la escopeta de mi padre,
imaginando que los adoquines, las puertas y las ventanas
eran una manada de ciervos
pero al dispararles no gemían o pedían piedad.
Era yo mirando los orificios en el techo.

X
Había un hueco,
todavía no sé en qué parte pero lo había,
quería enterrar mi cabeza ahí,
llenarla de tierra y regarla,
para que crecieran en ella azucenas,
más tarde las cortaría y las pondría en un florero
al que nunca le cambiaría el agua,
dejaría a la casa hundirse en agua verde,
los vecinos llamarían a emergencias
y verían la casa de una suicida inundada          la casa       mi cuerpo
enterrado en el hueco y se preguntarían:
¿cómo florecen las azucenas blancas? Mientras yo hablo con Dios
y Dios me deja entrar porque a Dios le gustan las suicidas y las azucenas blancas,

a Dios
mi cuerpo enterrado en un jardín
en el hueco    enterrado
flotar flotar flotar dentro del hueco flotar
y la cabeza-tierra.

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Jesús González Mendoza (Coalcomán, Michoacán, 1994) Ha publicado en revistas literarias, como Tierra Adentro y MasCultura de Librerías Gandhi, en periódicos como El Cambio de Michoacán, y en diversas antologías. Es editor de la revista Marabunta. Fue becario del VII Curso de Creación Literaria para Jóvenes en Xalapa de la Fundación para las Letras Mexicanas en 2015. Fue finalista en el Premio Nacional de Cuento Fantástico Amparo Dávila 2016. Forma parte del comité organizador del Encuentro Nacional de Poetas Jóvenes Ciudad de Morelia. Fue director del XVI Congreso Nacional de Estudiantes de Lingüística y Literatura 2018. Mención del Premio Nacional de Poesía Desiderio Macías Silva 2018.

Tres poemas cercanos al fin del mundo

1
croa el lago el silencio del sapo mudo

2
Qué pasará si muero hoy que he conocido el arrepentimiento
hoy
que pastan los cuerpos de tu hijo en la sangre de tu Iglesia
que digo
pequé para alimentar a los míos
arranqué la carne del puerco
para sanar mis rodillas y seguir hincado

te pregunto
qué pasaría si hubiera muerto antes
de conocer el perdón
el arrepentimiento
o el pecado

me respondes:
de todos los muertos y vivos que conozco
del color de cada cadáver que tuve entre mis brazos
del tamaño de cada miembro que arranqué
de las lágrimas de los padres y de los hijos

No pasará nada si mueres el día de hoy

3
Te lo digo a ti, porque sé que me escuchas
y no quiero sentirme solo
no hay fin después del fin
me duele ver el río en su cauce y no alcanzar
a oír el desemboque del agua en la nada
me hace creer que la nada no existe
es bello mentirse a uno mismo

Te lo digo
llueven piedras y mi cabeza es un charco
he visto partos y matanzas
tengo la única certeza
de que ambos actos son una carnicería

he visto los ojos de mis iguales
y no me vi en ninguno de ellos

vi la muerte de todos
y con los ojos de todos vi mi propia muerte

le tendí la mano al ser vivo más longevo del mundo
vi al hombre invencible derrotado por el HOMBRE
y vi todos los milagros suceder en el mismo momento

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Miguel Ángel Santos López (CDMX, 1996)  Egresado de la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Letras de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Colaboró en el número cero de la revista Animalario de la Facultad de Letras y en la revista electrónica Suplemento Cultural Chirimbolo en su segundo número. Fue becario por parte del Festival Cultural Interfaz del ISSSTE Guanajuato 2018.

Hire

1
Escucho el caminar de los borrachos
que mueren en cada ocasión
pienso
en tu forma de morir
y que quiero una muerte igual
que algún día estaremos juntos
pero los anhelos
no abren puertas
y la muerte
te quiere sólo para ella
te guarda en su vientre calentito:
una casa en llamas
donde el hielo no derrite

2
la rápida propagación del fuego
extingue lo que toca en un grito
se desliza por las puertas de los cuartos
transformando prendas
en cenizas mariposa
en medio del desastre
Y al lado tú, durmiendo sola
Iniciando sueños ignífugos
En una casa que agoniza

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Isis Olaya  (Zitácuaro, Michoacán, 1995) Estudió la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas. Publicó en el suplemento cultural del periódico Cambio de Michoacán, la revista Animalario y aparece en la antología del tercer Encuentro Nacional de Poetas jóvenes Ciudad de Morelia 2017. Fue becaria INTERFAZ- Guanajuato 2018. También es miembro de Promoción y Difusión de las Letras Michoacanas A.C. Actualmente es becaria del PECDAM emisión 2018-2019.

Los tesoros que oculta una casa
Un hombre me observa
al extremo del pasillo,
toca las paredes usando guantes
para que yo no sepa que estuvo aquí
El hombre deforma las cuencas de sus ojos,
solo oye ruidos,
estamos a mano
Si intento encender la luz
no hay interruptor
Las velas me reducen al naranja de los objetos
Ahora espejo
Soy su piedra tallada deslucida,
el líquido que explotó de la lámpara
salpicando de fuego,
el romper en llanto,
la oportunidad cualquiera para dejar de hacer ruido
Soy el miedo que no ha permeado del todo
con la idea de no volver a encontrarlo
El único que ha dormido en mis casas
se sustituye por la huida a las 4 de la mañana
Mientras las velas disminuyen su flama
me gustaría caminar con las manos extendidas,
el ciego de este pasillo existe,
ya no es la sensación tenebrosa de alguien que te observa:
Soy yo
el único que ha dormido en todas mis casas
y el único al que he visto meter objetos que no son míos
una y otra vez por este pasillo
La ceguera se expande
y tallo mis ojos para que no llegue a saber que la noche me ha alcanzado,
conozco esta casa para huir del ciego,
para dejar pasar al pirómano que se encarga de todo,
pero no,
extinguí la chimenea y mojé todos mis cerillos
solo saldré de mi última casa por ese pasillo
la ventaja que tengo es la llave.

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Fredy Villanueva (Morelia, Michoacán, 1995) Egresado de la Facultad de Letras de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Director de la asociación civil Promoción y Difusión de las Letras Michoacanas. Con el poemario William (Editorial Elefanta, 2018) obtuvo el V Premio de Poesía Joven Alejandro Aura otorgado por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México. Actualmente es becario PECDAM emisión 2018-2019

Fotografía 1: Aves Muertas
También formo parte del ecosistema
de tus uñas, de la carcasa que las rodea,
donde me escondo de las posibilidades
de ahogarme en la tierra con tus gusanos.

También formo parte del ecosistema
de tus ingles, de la enfermad de tus conductos,
de la infección de tus cabellos
cuando los dejas caer en el pasto
que crece en mi mano.

También formo parte de tus
extremidades amputadas,
propongo la otra pierna para que camines
sin caer en el magma o te arrojes
y quemes las partes del cuerpo que te presto.

También; parte de tu muerte
de tus amigos que te llevaron a la guerra.
Me masturbo pensando en lo que te denigra
como
las cabezas de las gallinas girando en las banquetas
de los mercados.
También formo parte de esos cuerpos avícolas
que ansiosamente fotografías.

También soy de esos cuerpos,
de esas piernas amputadas en la mesa,
de los perros acechantes en la plaza,
que esperan la lluvia de la sangre en la coladera.

También quisiera formar parte de una jaula
al menos ahí la muerte no es incierta,
y la podría observar directo a los ojos
sin adivinar posibilidades de choques de trenes
o de tu mano y mi cuello.
Ya sabría, de antemano, que la muerte vendrá
del cuchillo que sujetas.

Fotografía 2: Aves carroñeras
No sé cómo diferenciaré las garras de tus manos,
ni las risas con las que vueles y contagies
al resto y con solo volar alrededor atraigas
una congregación de docenas de asesinos.

Creo que sé el periodo de tu vuelo,
tu arranque con el aire
y el aterrizaje forzoso en el altiplano de mi espalda.
No sé si tu pico corte el tejido que me unía,
y aparezca una buena toma,
nuevamente.
Creo que conozco el sonido de tus aplausos,
la frecuencia con la que arrancas la carne
y el brillo que utilizas para cegarnos
y no sepa en qué momento
retornamos a la jaula de las posibilidades.

Fotografía 3: Autorretrato
Esta es la antigüedad del rostro:
un periodo externo de plagas y sequías.
Las nubes de plumas creciéndote en la espalda
mientras te incas en los restos,
mientras en las casas de las gallinas el pánico.
Y tu cámara capturando;
los cuerpos fallidos,
los restos de los cuerpos avícolas,
los cuerpos con llagas celestes.
Y esa cabeza lacerada tardará entonces
años en desangrarse.
No conozco la antigüedad de tu rostro.

 

Escrito por Erik Moya

(Zamora, Michoacán, 1994) Actualmente vive en la CDMX. Egresado de la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicasde la Facultad de Letras de la UMSNH. Forma parte del comité organizador del Encuentro Nacional de Poetas Jóvenes Ciudad de Morelia. Miembro activo de Promoción y Difusión de la Letras Michoacanas, A.C. En 2015 obtuvo Mención Especial en el Festival Internacional de Cine de Morelia por su guion para cortometraje, titulado Fin del Mundo. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía LGBTTTI 2018.