La editorial independiente Puntos Suspensivos de Argentina, caracterizada por su disidencia, se dedica, principalmente, a publicar poesía y estudios de género. Desde esta parte del mundo (Chile) no había tenido la oportunidad de conocerla, pero fue cuando hace algunos meses nos regaló la materialización del segundo libro de Sofia Vaisman, “No le pongamos nombre a lo nuestro”, que concebí la existencia de una gran editorial latinoamericana combinada a la fuerza poética de Sofia.

No le pongamos nombre a lo nuestro (Argentina-Chile, 2018) 

La autora inicia diciéndonos que

 No se puede tocar un cuerpo sin provocarlo”

comienza a inventar melodías inexistentes hasta ese instante, la mujer levitando sobre una cama es más fuerte que todas las imágenes santas, dos mujeres, una cortejando a la otra, nada era ilusión, todo es perfectamente palpable y lastima,

“La tuve arriba mío

me preguntó si me dolía,

le dije que no

cómo explicarle que todo duele todo

el yeso la madera los ojos de cristal la sangre pintada”

Luego las bocas se juntan y se espera que el recuerdo quede flotando para siempre 

“Nuestros besos están por todas las murallas sus labios en todas mis tazas no quiero lavarlas.” 

y más abajo sentencia con unTus ojos frívolos son perros lamiéndome” la autora logra concretar una escena que pasó y re-pasó por su mente millones de veces, el encuentro con la mujer deseada en el mismo lugar común en el que solían coexistir, en diferentes realidades pero con el mismo deseo, ¿el deseo entre una mujer lesbiana y una mujer hetero? no lo sabemos, pero es terriblemente y maravillosamente posible,

“cuántos años llevan nuestras caras en esos ladrillos

nunca nos van a querer acá de día

y tu novio,

tu novio ya sabe.”

De nuevo el miedo, la humanidad sale por los poros, la poesía es eso que expulsa el cuerpo y que la imagen de ella intensifica,

“Pienso la poesía desde el instante

en que mis manos son las que lo han visto todo:

filos orientales y oscuridad alada.

Pienso la poesía desde el aliento que sueltas inquieta

y me contengo y la intención

y suavizarte el miedo a besos.

Yo también tengo miedo.”

No le pongamos nombre a lo nuestro aparece cuando se hace imprescindible agrandar el catalogo de literatura escrita por mujeres para mujeres. Como un aporte al imaginario lesbico que existe en cada una de nosotras, donde podemos encerrarnos y perdernos sin importar lo que esté pasando afuera de estás 41 páginas.

No sé por qué te escribo

(ahora reviso los duraznos antes de comerlos).

La noche es un escenario vacío

y escucho los regadores mal puestos

riegan la vereda, hay que esquivarlos.

Justo ahora que hay sequía.

No sé por qué te escribo

algo así como una carta,

estamos juntas

no creo que te interese

ya no genero el mismo efecto en ti

no creas que no lo noto.

Pienso en ti

un recinto oscuro nos alberga

como esa fiesta a la que fuimos

los parlantes metiéndose en los cuerpos

la gente, sus maniobras

hacías espacio para mí,

recién nos conocíamos.

Botaste el vaso de mis manos

el vidrio roto lo pateé lejos

dijiste que fui yo

recién nos conocíamos

el recinto oscuro no me deja mirarte a los ojos.

No sé por qué te escribo

me siento en un borde

los pilares me esquivan,

los regadores, se callaron ya

la hora pasa rápido.

En la cama como una niña

con la cara oculta entre los brazos

no sé por qué te escribo

36259628_10155474505402483_5466938376428978176_n

Sofía Vaisman Maturana, Santiago de Chile, 1993. Poeta, cellista, compositora.

Escrito por Roxana Palma Santibáñez

La Unión, Chile 1993. Poeta y activista. Suspiro, Vómito y Muerte (2016).