Un hilo movedizo de sangre recorre mi pierna. Traza un camino irregular. Me parece poético. Creo que esquiva mis imperfecciones y opta por esos pedazos de piel sin marcas ni cicatrices. Forma un charco en el piso. Es bordó, tirando a violáceo. Es mentira eso de que la sangre es roja. El cine se empecina en hacernos creer que es de un color bermellón. No. Tampoco es líquida, es espesa, y si uno la deja reposar, fácilmente se endurece, se seca o adquiere la forma de decenas de coágulos, como los que ahora veo frente a mí.

Mi abuelo tenía un problema. Su sangre no coagulaba. Debe ser un dolor de cabeza que la sangre no coagule. O que las heridas no cicatricen. Una vez, mientras pescaba, se clavó un vidrio en el pie y fue llevado de urgencia a la guardia. La urgencia no era el vidrio atravesándole el pie, sino que su sangre fluía y no se detenía; era como un río. Ahora son varios los hilitos de sangre que recorren mi pierna. Son como ríos. Sí, como ríos que desembocan en un lugar frío y lejano. Pensar que esa misma sangre, hace dos minutos estaba tibia, tal vez, en reposo.

Alguien golpea la puerta del baño, grita algo que no alcanzo a distinguir. Los ríos me provocan calma y sueño. Desde chica. El murmullo del agua, golpeando contra las piedras, arrastrando troncos que se dejan llevar. Secos y huecos. Huesos. Soy yo quien controla mis ríos ahora.

Me siento en el piso, me apoyo contra la pared. Lo termino de sacar y lo dejo entre mis piernas. Él no respira. No me sale una sola palabra. No dejo de pensar en los ríos que ahora lo invaden todo. A él y a mí. Yo también dejé de respirar. Hace nueve meses. Como me hubiera gustado ser un río en ese entonces, alejar los huesos secos y huecos de la bestia. Pero no pude. Por eso soy un río ahora. Somos un río ahora. Veo, entre flashes borrosos, que alguien entra al baño y me dice qué hiciste. Es lo último que escucho. Pronto seré agua.

Escrito por Gabriela Manchini

Gabriela Manchini (San Carlos de Bariloche, Argentina; 1987). Licenciada en comunicación social (UNLP), periodista, profesora. Poeta de alma, cuentista de a ratos y comunicadora siempre.