Isabel del Rio es una escritora, editora y traductora española. Nació en Madrid, pero ha vivido en Londres la mayor parte de su vida y escribe en inglés y español.  Recientemente creó la editorial Friends of Alice, persiguiendo el sueño de su padre.  Tuve la oportunidad de entrevistarla en The Library, un club de lectores y amantes de la cultura justo en el centro de Londres. En este mismo lugar, Isabel hizo hace poco el lanzamiento de la editorial con cuatro de sus libros, dos en inglés y dos en español: The moon at the end of my Street, El Tiempo que falta, Paradise and Hell,y Una muerte incidental y otros relatos. Su trayectoria y su literatura son un gran ejemplo de la libertad que trae el amor por las palabras y la persecución constante de ese conejo blanco que la vida representa. Espero que esta entrevista sea tan inspiradora para ustedes como lo fue para mi.

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¿Qué es lo mejor que te da la escritura?

Lo que me ha dado la escritura es un oficio y un propósito de vida.  La literatura es algo que da sentido a las cosas, aunque también he de decir que los temas que toco hablan precisamente del absurdo de cuanto nos rodea.

¿Qué tipo de literatura escribes?

Soy escritora de relatos cortos, y también de poesía.  Pero últimamente me he decantado por la novela, y acabo de publicar dos, una en inglés y otra en español.  En general y por terrible ignorancia, algunas editoriales rechazan al escritor de relatos cortos, y algunos editores sostienen que uno no es un escritor de verdad hasta que ha escrito una novela, lo cual es una falacia. Borges jamás escribió una novela, aunque si escribió relatos muy extensos, y su escritura está entre lo más sublime que se ha escrito.

¿Y los temas que tocas?

Hay cierto grado de desesperación en la escritura, pues de lo contrario el escritor no arriesgaría tanto.  Como decía el propio Kafka “lo que vale la pena ser leído ha de servirse de los desastres como tema”.  En otras palabras, todo lo que merece ser escrito ha de ser algo realmente complejo y dramático, y hasta destructivo y trágico. De ahí que me interese el melodrama. Yo tiendo al melodrama como escritora y a veces como persona (risas).   El relato ha de estar inmerso en la realidad, pero en determinado momento surge una situación extrema y se disparan las emociones, y de ahí el drama llevado a su último extremo.  Los temas que toco tampoco son para menos, siempre hablo de situaciones extraordinarias.  Me interesa especialmente el relato sobre la realidad cotidiana y en el que, en un momento dado, todo colapsa y las cosas se trastocan.  La descripción de la realidad no es literatura, es meramente una crónica. Para que algo sea literario se necesita algo más, que una transformación de los personajes o de la narración, que haya un antes y un después.

En literatura lo que más me interesa son los relatos fantásticos, los relatos de misterio, la ciencia-ficción, las novelas policíacas. Yo misma escribo distintos géneros.  Y por supuesto me interesa lo experimental y lo que está a caballo entre un género y otro.  La literatura va muy por detrás de las artes plásticas en cuanto a experimentación, y creo que los escritores debemos arriesgarnos más y  jugar más con la narrativa y las palabras.

¿Escribes todos los días?  ¿Qué te sucede cuando no escribes?

Sí, todos los días, como una jornada de trabajo intenso.  Sábados y domingos, incluidos.  A no ser, claro, que esté haciendo otras actividades de promoción de la editorial o de mis textos, como lecturas, charlas, recitales, etc.

Si no escribo, se produce una acumulación de emociones y de sensaciones que puede resultada complicada…  Te pondré un ejemplo.  Para el lanzamiento de mi editorial Friends of Alice trabajé y preparé por meses varios libros -tuve que finalizarlos, editarlos, subirlos a la plataforma de Amazon, supervisar portadas, seleccionar fotos, etcétera. Tenía un grado de ansiedad que era insoportable y me dije “estás haciendo muchas cosas”. Pero no se debía sólo a eso.  El problema era que no estaba escribiendo, sólo estaba trabajando en aspectos muy poco literarios.  Y eso me generó una ansiedad insufrible, sobre todo porque he escrito desde siempre. No estar escribiendo es como que no estoy viviendo –aunque esto suene a melodrama (risas).

Mirando tu página me di cuenta de que hay una sección de fotografía, algunas de las cuales se convirtieron en las portadas de tus libros. Adicionalmente haces ilustraciones, como por ejemplo la imagen de Friends of Alice, que es tuya. ¿Cómo logras trabajar con diferentes formas de arte, cómo se complementan?

Se puede ser un story-tellerde muchas maneras, con palabras, con imágenes, con música…  Por ejemplo, acá en el Reino Unido acaban de darle el prestigioso Premio Turner a Charlotte Prodger, una artista que hace vídeos con su iPhone. Sus obras se llaman “Bridgit” y “Stoneymollan Trail”. Yo hago algo parecido, pues creo pequeños vídeos que luego subo a Instagram A veces, no hay que ir a buscar un relato, sino que el propio relato viene a buscarte a ti.  Y para ello hay que ser un buen observador.

Por ejemplo, hoy mismo he salido a la calle y había un hombre tocando el acordeón. Me interesa muchísima la música de todo tipo y siempre que veo a alguien tocando realmente bien hago un pequeño vídeo y lo subo a Instagram. En esta ocasión, el vídeo que filmé no era de buena calidad por la falta de luz, pero me di cuenta que podía funcionar como relato porque el protagonista era un hombre muy mayor, muy triste y con una expresión totalmente trágica. Yo le estaba filmando con mi iPhone mientras él seguía tocando su melancólica melodía y la gente pasaba sin hacerle caso.  Por la expresión de su rostro, uno podía imaginarse la vida que había llevado. Y en un momento dado me acerqué a él y le puse una moneda de una libra en la gorra que tenía en el suelo. Y el hombre me miró y se le iluminó el rostro, de pronto le desaparecieron las arrugas y me sonrió.  Era otro hombre.  Así que subí el vídeo a Instagram y lo llamé: “The smile”, la sonrisa.  Es el resultado de cómo se transforma un ser humano cuando hay otro que interactúa con él y le da muestras de comprensión o compasión. Los actos de solidaridad con la condición humana son, al fin y al cabo, los más importantes.

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¿Cómo te ha influenciado tu trabajo como traductora y periodista en tu proceso creativo?

Mi experiencia tanto en el área del periodismo como la traducción ha sido fundamental para mi escritura.  He trabajado en la BBC en el servicio mundial como periodista, locutora y presentadora, específicamente me encargué de los programas de artes y letras. Y también he trabajado como traductora literaria y técnica, y más adelante como traductora y jefa de terminología de un organismo de Naciones Unidas con sede en Londres.

Para traducir hay que tener múltiples recursos y estar en constante contacto con las palabras,  Es decir, la proximidad con el idioma es muy intensa.  Es como que una termina teniendo las palabras en la sangre (risas).

Por otro lado, la traducción es la lectura más profunda que puede hacerse de un texto. Por supuesto, cuando estás leyendo literatura entras en el texto y lo disfrutas y te sumerges, pero cuando traduces tienes que penetrar mucho más a fondo en el significado que originalmente quiso dar el autor, y a veces uno apenas se aproxima por las propias complejidades del idioma.  El traductor ha de examinar las distintas posibilidades y las muchas opciones, es decir, tiene que saber leer entre líneas. Como los idiomas no se corresponden con total exactitud, el traductor ha de decidir cuál es la más lógica o la más verdadera entre las distintas posibilidades.

Sin duda, traducir te permite estar en contacto con el idioma y vivirlo como un ente viviente, como un ente que late. En los últimos años fui jefa de terminología en este organismo de las NU, lo que supuso la investigación de distintos temas a nivel lingüístico y la creación de glosarios y compilación de vocabularios específicos para determinadas áreas de competencia, estableciendo definiciones y analizado el uso de términos según el contexto y la disciplina específica.

Así que todas estas experiencias me han sido de enorme utilidad para desarrollarme como escritora.  El lenguaje es la herramienta principal del escritor, todo lo demás es secundario. Con la experiencia y la lectura, llega un momento que el escritor tiene las palabras a flor de piel… y no sólo las palabras, claro, sino las frases, expresiones, descripciones, dichos, conversaciones pasadas, diálogos anticipados, y un largo etcétera.  Y con tanto que tienes dentro, a veces crees que va a estallar, y por lo tanto no te queda más remedio que escribir… (risas)

Así que para  ser escritor necesitas la herramienta correspondiente, que es el idioma. Y en mi caso concreto, como tengo dos idiomas, el inglés y el castellano, el proceso resulta aún más complicado…

¿Qué representa escribir?

Escribir es una técnica que a nivel básico todos tenemos desde pequeños, y esto hace que a veces la gente piense que “escribo, luego soy escritor”, pero no es tan fácil. El escritor es antes que nada un artista, es decir, crea mundos a partir del mundo que tiene a su alrededor.   Ese proceso de transformación es lo que define el arte. Escribir no es describir lo que vemos, sino descomponer y recomponer.

Lo que estamos haciendo los escritores es complicado. Entra mucho en juego. Hay que poner todo sobre el tapete o sobre el tablero. Y claro, si fuera solamente escribir y describir sería sencillo, pero el proceso exige extraer lo que uno es en lo más profundo, lo más íntimo, lo más personal.  Hemingway habla de que escribir es desangrarse…

¿Cuál es la importancia de la creación y publicación de textos literarios escritos en diferentes idiomas? ¿Cómo se habla del mundo hoy en día?

No podemos hablar del mundo de hoy, de un solo mundo, porque hay muchos mundos. Hay muchos países que todavía están en desarrollo y hay muchos países en los que hay terribles injusticias. Pero en nuestro mundo occidental, las sociedades son multilingües y multiculturales, y se caracterizan por la diversidad y la integración. En Estados Unidos por ejemplo, el 25% de la población es hispanohablante. De ahí que allí haya un contingente importante de artistas que se mueven entre diversas culturas. Descubres que Chávez-Silverman o Díaz, por ejemplo, son un reflejo de la sociedad de hoy, autores bilingües y biculturales. Somos productos de nuestra época, ‘children of our age’. El escritor no puede dejar de lado lo que está sucediendo en el mundo ahora mismo, no puede cerrar los ojos y decir bueno lo mío es solamente hablar del amor... Como escritor, uno ha de estar inmerso en lo que está sucediendo a su alrededor, y en último término los textos son políticos, como comentario de la realidad que le ha tocado vivir al escritor.  Siempre digo que soy una escritora política aunque no haya una palabra de política en mis textos, y es porque he adoptado una postura ante lo que está sucediendo socialmente. Te pongo el ejemplo de un libro bilingüe que publiqué hace unos años, Zero Negative – Cero negativo. Para muchos este libro es poético, y sin embargo para mí es enteramente político. 

Háblanos de lo que representa ser una escritora bilingüe.

En cuanto escribir en dos idiomas, que es lo que hago yo, en inglés y en castellano, se trata de dos técnicas muy distintas.  Son dos universos, a veces irreconciliables.  El otro día entrevistaron a Isabel Allende en la BBC (Allende sólo escribe literatura en castellano, aunque vive en Estados Unidos), y dijo una cosa muy simpática: ”Yo no podría hacer el amor en inglés”.

Para mí, mis dos idiomas son como dos instrumentos. No puedo decir que escribo indistintamente en los dos porque para el inglés toco determinados temas y para el español toco otros. El español es un poco el idioma del pasado, puesto que no he vivido en España desde hace décadas, mientras que el inglés es el idioma de mi vida diaria. Además, cuando adoptas un idioma aceptas  todo lo que representa ese idioma, es decir, el entorno cultural del que procede: los referentes culturales, la historia, el uso actual del idioma, el contexto; hay muchos elementos en un idioma, además de las propias palabras.

Es curioso que el inglés lo aprendí en Londres, porque aquí vine a vivir cuando era pequeña. Cuando regresé a España, apenas sabía español y así tuve que aprender mi propio idioma.  Así pues, aprendí el español de niña intuitivamente, pero al retomarlo tuve que aprenderlo académicamente como un segundo idioma. Felizmente he podido mantener mi español porque lo he usado a nivel profesional.

Friends of Alice es una casa editorial que nace de la necesidad de perseguir a ese conejo blanco que nos permitirá llegar a lugares increíbles, ¿Qué te llevó a retomar el sueño de tu padre?

Mipadre creó esta editorial a finales de los 70 en España. Él quería escribir para niños y creó su propia editorial para publicarse y para publicar a otros autores, pero lamentablemente la aventura duró muy poco porque enfermó y murió.  Eso quedó ahí, y para mí eso fue algo que siempre he llevado dentro. En 2015, cuando se produjo el 150 aniversario de la publicación de Alicia en el País de las Maravillas, decidí que era el momento de relanzar la editorial aquí en el Reino Unido.  Para entonces ya había dejado mi trabajo de lingüista en las NU, y podía dedicarme de lleno a escribir y a publicar. O sea que he tomado el relevo.  En cierto modo, es mi legado. A veces vives tus propios sueños, pero a veces te toca vivir los sueños de los demás. 

De escritora a cofundadora de una casa editorial en el Reino Unido, ¿cómo fue este proceso de diversificación de tu carrera literaria?

La enorme ventaja que de tener mi propia editorial para publicar a aquellos autores que me interesan, o publicar mis propios libros, es que ahora no dependo de un agente literario o de un editor. Yo público lo que considero que merece ser contado. Tengo esa libertad que antes no tenía.  No nos olvidemos que los Woolf lo hicieron con Hogarth Press hace poco más de un siglo.

¿Con qué tipo de escritores/creadores te gustaría tener la posibilidad de publicar?

Me interesa descubrir nuevos autores, consolidar a los que estoy publicando ahora, y colaborar con otras editoriales independientes. En estos momentos somos varios los editores de habla hispana que hemos creado editoriales multilingües en el Reino Unido, como Victorina Presso El Ojo de la Cultura.  Es una manera de proteger nuestro legado porque hay muchos escritores de habla hispana con importantes tradiciones literarias. En Latinoamérica y en España hay unas tradiciones extraordinarias y hay que mantenerlas vivas, no solamente en nuestros respectivos países sino fuera también. En nuestro caso, como escritores que vivimos fuera de nuestro país, usamos el idioma lejos de los contextos habituales y por lo tanto tenemos algo muy interesante que aportar, con experiencias y habilidades nuevas.  Algunos de nosotros también escribimos en nuestro idioma adoptado, y ello significa que nuestra aportación es más rica y densa aún, rebosante de experiencias y de diferentes perspectivas. Es decir, aportamos nuestra experiencia como exiliados, como emigrantes, como personas que viven en otra cultura y experimentan los problemas de la persona extranjera que no termina de encajar en la cultura dominante. El Reino Unido es un país abierto y liberal, y yo le tengo enorme respeto y cariño, pero ahora mismo a consecuencia del Brexit estamos sufriendo los que somos extranjeros, especialmente los europeos, pues no sabemos qué va a depararnos el futuro.

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¿Qué le recomendarías a un escritor joven?

Para escribir se necesitan dos cosas. Se necesita escribir y se necesita leer, así de fácil. La una sin la otra no funciona. Tienes que leer para ver cómo lo han hecho otros escritores antes que tú, qué instrumentos o qué herramientas han usado y cómo se han expresado. Cuando digo otros escritores no me refiero a escritores necesariamente contemporáneos o recientes, me refiero a los clásicos. Uno debe empezar por los clásicos, por el principio.  Conviene leer de todo, para saber cómo se ha de escribir o… cómo no se ha de escribir (risas).

Otra cosa muy importante es que hay que escribir mucho, pero salvar sólo lo que merece la pena, aunque sea una sola frase. Conviene hacer una criba constante.  No hay una sola manera de escribir, claro.  Pero en general lo más recomendable es escribir un texto, dejarlo reposar y volver al día siguiente… cambiarlo… volver al día siguiente… y seguir cambiándolo hasta que aquello adquiere una estructura.  Se necesita la materia prima –es decir, un texto inicial– y sobre esa materia prima se trabaja. Yo veo la escritura como algo plástico, el texto se esculpe hasta tener la forma que el escritor requiere.

Así que hay que escribir y hay que leer. Y sobre todo rechazar gran parte de lo que uno escribe, pues no porque un texto haya salido de ti es una maravilla. Alguien me dijo una vez “yo no toco lo que escribo porque si lo toco se cambio”.  Esa evolución es precisamente lo más importante de la escritura. Claro que el texto cambia, pues es algo orgánico, y crece contigo. En inglés se dice: ‘There is no such thing as writing, there is only rewriting’, rescribir y re-escribir.

¿Y para leer tus textos, qué hay que hacer?

Para mayor información sobre mis libros, los interesados pueden mirar mi website, Isabel del Rio, o el website de Friends of Alice Publishing, Friends of Alice que te lleva a las páginas correspondientes de Amazon, si alguien esta interesado en adquirir mis libros.

También hay textos míos en línea en mi website, bajo Stories, tanto relatos en inglés como en español.

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Todas las imágenes son originales de Isabel de Rio y fueron tomadas de sus redes sociales

Escrito por Laura Jaramillo Duque

Bogotana, lectora, actriz, escritora y artista. Profesional Estudios Literarios de la Pontificia Universidad Javeriana y actualmente se encuentra haciendo una Maestría en Literatura Infantil en Goldsmiths, University of London en el Reino Unido. Correo: ljaramillod13@gmail.com