Impresiones de sororidad

Nuestra casa es roja, negra y roja.

Decidimos llamarla casa porque aquí se nace, se crece, se  muere, se reposa y se despierta. Todas las noches encendemos luces moradas y verdes, el fuego parece morado y verde, nos contamos cuentos, nos miramos y contamos. Esta casa se abre para nosotras como una boca inmensa, una boca sin dientes que respira, se hace ancha y se encoge, inhala y exhala,  siguiendo el ritmo de Sarah, imitando su inmensidad. En esta casa hay muchos cuartos, en uno de ellos Nelly  busca belleza en el entendimiento y va quemando sus versos para hacernos una fogata. Todo es rojo en esta casa, no hay paredes, hay hilos que se desprenden de la falda de Caro y nos atraviesan las uñas, pasan por nuestras caderas, se nos adhieren a la piel y creamos otra capa que funciona como armadura.

Todo es negro en esta casa cuando se desborda la mirada de Mary, entra por nuestros ojos y se pasea por las venas, se queda en el cuerpo, alojada en el estómago, esperamos digerir esa mirada para transformarla en algo que se pueda tocar.

Todo es tranquilo en esta casa cuando flotamos sobre origamis fabricados con cuidado por Wara. Todo es luz en esta casa cuando Alejandra dibuja caminos no definidos que nos llevan siempre al patio, donde hay barro, arañas, gusanos, moscas, un arroyo y una ola. En el patio, Alez alista las olas que se transforman en tsunamis porque al final del día hay que destruir esta  casa para volverla a construir. Yo me quedo observando y registrando cada paso, cada avance. Mirando.

Nuevos cuartos, nuevos hilos, nuevas criaturas, quimeras inventadas y modernas, códigos salvajes, bestias románticas y esta casa roja y negra se expande como la lava y nosotras estamos asando risas encima de este volcán en erupción.

 

*Este texto lo escribí luego de participar del laboratorio Desde Nosotras del colectivo Sororidad. Presentamos una acción escénica que representaba lo aprendido durante el laboratorio.

Escrito por Lucía Carvalho

El 2017 publicó su primer poemario Fiesta equivocada con la editorial independiente Torre de Papel. Ha colaborado en las revistas digitales: Liberoamérica, Colibrí y Cronistas Lationamericanos y Muy Wuaso. El 2018 participó del Festival Internacional de Poesía de Rosario, Argentina en el marco de la residencia para poetas emergentes. El 2019 ganó el concurso Pablo Neruda para poetas jóvenes bolivianos con el poemario Universo 127. Algunos de sus poemas están en antologías nacionales e internacionales. Desde el 2018 es integrante de los colectivos artísticos Lengua de Urucú y Sororidad. Coordina el proyecto de difusión cultural feminista Cyberelfa.
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