Decidí bautizar con el hashtag #fromtheborder a mi columna mensual en Liberoamérica que inicia hoy. Elegí ese hashtag para contextualizar la escritura pues los lugares desde donde lo hacemos le quitan peso o resignifican las palabras que producimos. La geografía se vuelve importante cuando las creencias y neurosis personales se alteran a causa del ethos de la tierra que se habita. En la frontera ninguna identidad está fijada como en los diversos centros de la geografía cultural.

Hace poco me relocalicé de la Ciudad de México a la frontera norte mexicana y desde aquí he vuelto a encontrar esa libertad que muchas veces falta en las grandes ciudades debido a su tradición cultural. Dicho esto empezaré por lo que ahora me trajo a esta columna sobre la película Suspiria y su problema central.

Vi el remake de Suspiria de Dario Argento (junto con una adolescente feminista). El guión está escrito por Daria Nicoldi y por el mismo director, pero basado en la obra de ensayos fantásticos de Thomas de Quincey titulada: Suspiria de profundis —lo que explicaría en cierta medida los escenarios de paranoia psicodélica que persisten en la segunda versión del filme—.

La trama (y sin revelar las sorpresas que trae esta nueva re edición de la película) está centrada en una chica (Dakota Johnson) que obtiene una beca para estudiar baile en un prestigioso instituto de danza en Berlín. Se trata del Berlín de la posguerra y de un valiente colectivo de bailarinas que sobrevivieron la época nazi manteniendo la compañía de danza en operación. Sin embargo sospechamos de algo siniestro,  de algún secreto, o de algunos espectros que rondan esa academia de danza.

Son tiempos convulsos y los Baader Mainhof (fracción terrorista del grupo de ultraizquierda RAF) hacen de las suyas en la Alemania de los setenta, en épocas del canciller Willy Brandt.

SUSPIRIA

La andrógina y elegante Tilda Swinton hace de directora de la compañía de danza e impone un poder sobrenatural a cada uno de los movimientos que les enseña a las bailarinas. Pronto nos enteramos que la academia de danza está plagada de brujas y que existe una lucha intestina al interior de la escuela que implica la obtención de un poder esotérico mayor. Las brujas son intocables, hacen entrar en trance hipnótico a los policías que investigan desapariciones relacionadas con la academia, eliminan a quien no les sirve… y salen una vez al mes a comer y beber como cosacos, a reír y a cantar.

La academia tiene una estructura horizontal al menos en términos formales y aprecia “que las mujeres tengan total independencia financiera” y conoce “la importancia de la libertad personal”. Cabe señalar que los hombres representan a tipos que de lado de la “justicia” son incapaces de cualquier pericia o acción inteligente. Incluso en el papel del policía o del psicoanalista.

Y es aquí donde tengo un grave problema con la historia en su conjunto y que si bien no me previno de disfrutar la historia hasta el final, sí me causó una incomodidad ética: ¿Por qué habrían de ser esas mujeres autónomas brujas?¿Por qué el matriarcado se representa como una monstruosidad peor que el poder del patriarcado?¿Una nueva resignificación mitológica es posible? Hacia la escena final la exageración escatológica del matriarcado me pareció el punto más bajo de la película.

Se me vienen a la mente un par de esfuerzos en dirección a replantear estos arquetipos, por ejemplo la autora de orientación jungiana Clarisa Pinkola Estés que ha hecho un esfuerzo por re escribir las historias infantiles y otras leyendas que sitúan a las mujeres en un espectro de indefensión o de ingenuidad en el bestseller Mujeres que danzan con lobos, o el ensayo de Kelly A. K. editado por Textofilia en México y titulado La espera: la seducción de las bellas durmientes, que replantea el problema del deseo en la figura de las bellas durmientes. Pienso también en los cuentos infantiles reformulados de orientación feminista, cuya lista pueden consultar aquí. El feminist gore es otro género cinematográfico que intenta replantear (sin éxito) el arquetipo de la mujer en problemas.

Para una teórica como Hannah Arendth el problema de lo femenino se centraba en su poca capacidad de incidir en la esfera pública, pues eso pertenecía por definición a los hombres, sin embargo, quizá el trabajo de escritura se encuentre un paso más atrás: en la reescritura profunda de los mitos y cuentos que hemos contado por generaciones.

¿Conoces a otras teóricas o autoras que trabajen el tema de arquetipos o personajes y el problema de lo femenino? Mándame un tuit a @sidhartaochoa

 

Escrito por Sidharta Ochoa

Es escritora y editora. Fundó Abismos Editorial. Autora de los libros: Tatema y Tabú, Estética de la Emancipación, Historia de las feminazis en América y Radical Chick. Becaria en la Categoría Jóvenes Creadores del FONCA y del Fondo Estatal de Baja California en cuento y novela en tres ocasiones (2008, 2011 y 2014). Colaboradora en la revistas, Lee Más de Librerías Gandhi, Nexos y de la revista Río Grande Review de la Universidad del Paso Texas. Coordina el programa de Escritura Creativa de reciente creación de Abismos Editorial con sede en Tijuana, Morelia y la Ciudad de México. Traductora para Harper Collins México entre otras editoriales.