Entrevista a Evangelina Aguilera* (Mar del Plata, 1977).

 

¿Cómo, cuándo y dónde llegaste a la poesía?

Cuando mi padre se fue de casa yo tenía tres años. Me dejó como recuerdo  tres tomos de poesía de Neruda y partió a Chile.  De chica abría esos  libros e imaginaba qué decía. Tal vez buscaba justificaciones a la ausencia.

Luego supe leer y leer e “inventar” estuvieron de la mano en mí.  Cuando tenía doce años, en el hall de una radio que organizaba un concurso de poesía me crucé con una mujer mágica, Martha Carlomagno de Jorge, que me instruyó mucho. Su casa, un caserón de los últimos que quedan en la ciudad, estaba siempre lleno de jóvenes, de poetas, de pintores. Era una promotora del arte.

 

¿Qué te parece que le sobra o que le falta a la poesía actual, pensándola en comparación con el lugar que ha ocupado en los primeros años del siglo XX?

No soy quién para indicar qué sobra o falta. Hay poetas que me agradan y otros que no me agradan tanto. No creo que sobre o falte algo.  Todo puede convivir armónicamente. Creo en la poesía como búsqueda de respuestas, como exploración espiritual y como oficio. Por eso, cada uno tiene su camino en esas búsquedas.

 

Estoy tomando prestada esta pregunta, que alguna vez se formuló Ivonne Bordelois y cuya respuesta, entiendo, puede llegar a ser controversial: ¿Qué te parece que es lo que no dice, lo que no llega a decir (o no puede o no quiere decir) un autor en su obra?

No dice lo que todavía no encuentra como respuesta verdadera. A veces uno mismo se miente, se engaña. Esto es, escribe algo, lo reescribe, está bien, es armonioso… pero uno sabe que no es la respuesta a la pregunta o a la inquietud inicial que suscitó ese poema. Ahí uno cae en la trampa. Pero íntimamente sabe que no llegó, que quedó a medio camino. Por eso seguimos escribiendo. Tal vez nunca lleguemos del todo a ningún lado.

 

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Teniendo en cuenta tu propia experiencia, ¿es el discurso del poema realmente un discurso involuntario?

No considero que sea involuntario. Al menos, desde mi experiencia, sé adónde apunto cuando comienzo a escribir un poema. Luego, si fallo, es otra cosa. Es como quien tira al blanco: dirige su fuerza a un punto. Luego, la suerte y la destreza harán el resto.

 

¿Qué libro de poesía nadie debería dejar de leer y por qué?

Nadie debería desestimar a los clásicos o darlos por muertos sin leerlos con detenimiento. El porqué es simple: si uno ignora que lo que se ha hecho antes, cree, en su ignorancia, que es original y que posee alguna que otra habilidad. Pero cuando uno lee a Petrarca, a Quevedo… (por decirte dos inmensos entre muchísimos otros que podríamos mencionar), se acerca con más humildad a la poesía.

 

Demersal

Dicen que cada línea de los troncos

es un año que pasa.

Que en las manos

está trazado el sino,

que una montaña es viento

y que una roca

va a ser arena pronto o tierra.

Hay quienes aseguran

la edad del universo y dicen

que en cada diente

tallados con agujas de relojes

se adivinan

días.

 

 

El tiempo tiene cuerpo y muta

repta, trepa, se yergue, desfallece

juega a nacer

finge su propia muerte

toca con sed, borda la piel,

raspa, desgasta, muerde.

El tiempo no sucede.

No es

sino en las cosas:

espejismos y formas, anclas

para que existan hoy, ayer, mañana.

Mañana es un invento

que arrastra hacia adelante,

una palabra dicha en broma.

 

[de Una casa no arde sola, 2018.]

 

Evangelina Aguilera (Mar del Plata, 1977). Profesora en Letras. En poesía publicó Fuga (2009), Memoria del silencio (2015) y Una casa no arde sola (2018). Coordina desde 2014 los talleres de escritura creativa «Fernando Pessoa».

 

 

Escrito por Vanesa Almada Noguerón

Vanesa Almada Noguerón (Buenos Aires, 1980). Tiene estudios en Letras y en Gestión Cultural. Su labor literaria ha recibido diversos reconocimientos tanto a nivel nacional como internacional, entre los cuales se cuentan el Premio Poesía de las Américas (2008), Premio Municipal de Cultura CMC (2012), Premio Latin American Intercultural Alliance (2013) y Premio Raúl González Tuñón (finalista, 2017). Parte de su trabajo se encuentra disponible en las revistas de creación literaria Desnuca2, La Avispa, SEA Digital (Arg.), Pangea (Ciudad de Salamanca), Ergo (Universitat de València) y El Humo (Querétaro, México), así como también en diversas antologías poéticas de Europa y Latinoamérica: Colectivo Literario Ó (Puerto Rico; Erizo Editorial, 2012), Poetas y Narradores Contemporáneos (Buenos Aires; De los Cuatro Vientos, 2013), FIPA (Mar del Plata; Editorial Martín, 2014), Entre realidades y poemas (CABA, Editorial Dunken, 2015), Poetas Argentinas (Euskadi; Biblioteca de las Grandes Naciones - Colección Digital, 2015), La Juntada-Festival de Poesía Joven Argentina (Buenos Aires; Ediciones La Guillotina, 2015-2018), El Círculo (Lima; Submarino Ediciones, 2017), Ahora que calienta el corazón (Madrid; Verbum, 2017) y Liberoamericanas: 80 Poetas Contemporáneas (Argentina-Uruguay, 2018), entre otras. Participó en FIPA (Festival Internacional de Poesía del Atlántico, 2014), La Juntada-Festival Internacional de Poesía Joven (2015 a 2018), 42º a 44º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, FIPMAD (Festival Internacional de Poesía de Madrid, 2017), Festival de Poesía de Acá (Mar del Plata, 2018), MardelPAN (SADE, 2018). Actualmente, reside en la ciudad de Mar del Plata y colabora en Liberoamérica, revista y plataforma literaria. De su autoría: Entre los ruidos© (Baldíos en la Lengua, 2015), Quemar el fuego© (Autogestivo, 2017), Los demás© (Liberoamérica,2019).