El Espectador:

El secretismo por parte de la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), conformada por organizaciones, y movimientos de la sociedad civil, es evidente. La mayoría de sus miembros son «aduladores» de un ordenamiento selectivo. Es preciso hacer hincapié en estos autoproclamados demócratas para que la población no retroceda, como en años anteriores, a la negociación de un futuro pacto, como el Pacto de los generales, Kupia Kumi, Ortega-Alemán, los cuales sólo beneficiaron a las partes enmarañadas.

Estos políticos de la nueva escuela, han consolidado una fuerza constatada, verdadera y únicamente, a través del pueblo. La población desde el inicio de la insurrección se inmoló por sí misma, sin apoyo de ninguna organización política. Hasta que de pronto, y por necesidad, se organizaron este grupo de salvadores, que no han hecho más que gastar saliva, con su discurso de una salida por medio del Diálogo, de dudosa negociación, con los traidores.

Dialogar ahora, es una completa falta de respeto a nuestros muertos. La oligarquía no ha ocupado más importancia que una mediadora insípida y oportunista, pareciéndose tanto a los personeros de partidos políticos como el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) o Ciudadanos por la Libertad (CxL). No es factible abrir una negociación, menos con genocidas, cuando todavía no ha sido puesto en libertad ningún preso político. Dialogaron, mientras acribillaban a fuerza bruta al pueblo inmolado en las calles. Ahora quieren reabrir el proceso mediático, ¿por qué? ¿quiénes? Es lo que se pregunta la gente. Pero no lo sabremos, hasta que este grupo aristocrático, cuyos nexos con la Empresa Privada, no nos dé una creíble respuesta.

Nicaragüenses, el pueblo se ha convertido en un espectador más de las negociaciones que suceden a puerta secreta. ¿Atol con el dedo? ya no, pero ¿no sienten un tufito a mierda?

Escrito por Salvador Zambrana Gutiérrez

Salvador Zambrana Gutiérrez (Managua, Nicaragua, 1997) es comunicador y poeta.