Venezuela se apaga

No se le está prestando mucha atención últimamente pero Venezuela lleva ya más de cuatro días sin electricidad, coincidiendo con un momento histórico en que el chavismo está más contra las cuerdas que nunca tras años de autoritarismo, incompetencia y atrofia. En mi opinión esto no es casual, y espero de corazón que el incidente precipite el final de esta extraña forma de plutocracia militar mal disfrazada de socialismo, donde un sector cada vez más amplio de la población se empobrece y pasa hambre mientras que una pequeña élite militar-chavista controla con mano férrea el dinero, el petróleo, las armas, la prensa y la burocracia de un país en quiebra técnica desde hace ya mucho. Ahora bien, esta no es la primera vez que Venezuela sufre restricciones energéticas. Esto ya ocurrió entre 2009-2011, cuando se impusieron fuertes racionamientos eléctricos en todo el país –salvo Caracas– por causa de la durísima caída del precio del barril Brendt en 2008. Esta caída vino promovida en parte por la crisis económica global que se desencadenó en 2007, y en parte por el intento de Arabia Saudí de hacer económicamente inviable la producción de crudo no convencional estadounidense. Y la ironía aquí es grande. La tremenda bonanza económica de la primera década chavista, que había tenido lugar gracias a la OPEP y al mayor boom del precio del petróleo desde 1973 (también promovido por la OPEP), fue herida de muerte por los intereses nacionales de otro miembro de la OPEP a miles de kilómetros de la costa y el horizonte cultural venezolano.

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Precio del barril Brendt con las etapas del chavismo superpuestas. En rojo, gobierno de Chávez hasta la crisis de 2009. En naranja, gobierno de Chávez hasta su fallecimiento. En amarillo, el gobierno de Maduro.

Desde esta perspectiva histórica es fácil ver que a Venezuela le fue bien mientras el precio del petróleo fue subiendo, y entró en colapso cuando el precio del petróleo cayó. Así, la economía venezolana nunca estuvo en manos de Venezuela, porque Venezuela nunca aprovechó la riqueza de su petróleo para diversificar su economía y generar más riqueza. Sin embargo, aquí quiero romper una lanza en favor del chavismo. Creo que Chávez estuvo muy acertado redistribuyendo gran parte de esa riqueza en la creación de escuelas, hospitales e infraestructura para su gente, y en especial para las clases más desfavorecidas. Chávez también compró cazas de combate y muchas propiedades en el exterior, pero no quiero entrar en esto. Mi punto es que Chávez se limitó a vender el petróleo de Venezuela, repartirle algo al pueblo y gastar el resto en una bandera venezolana gigante con la que tapar todo lo demás. El socialismo chavista en pleno estuvo construido siempre sobre una burbuja capitalista, y, como ocurre con todas las burbujas, terminó estallando en la cara de una población que ahora es víctima de su propia miopía.

En un mundo cada vez más interconectado y más global, cerrar la economía de un país es tremendamente necio, y hacerla dependiente de la exportación de un recurso en vías de la obsolescencia lo es muchísimo más. Por esto me opuse siempre a la regasificación de la economía en Argentina y a las prospecciones de Repsol en las costas de Canarias. ¿Gas? ¿Petróleo? ¿Para vendérselos a quién, durante cuánto? El gas y el petróleo son tecnologías del siglo XIX. Estamos en el siglo XXI. A Argentina y a España les sobran el sol, el viento, ¿por qué no invertir en solar, en eólica? ¿Tan urgente es la necesidad de exportar hidrocarburos, tan apremiante es la necesidad de ingresar esos dólares ahora que merece la pena hipotecar el resto de la economía del siglo? La exportación del petróleo y el gas no va a durar mucho más porque Occidente no es imbécil. EEUU aprendió que no debía depender del petróleo de Oriente Medio tras el boicot de la OPEP que siguió a la guerra de Yom Kippur, y actualmente es el primer productor de mundial de crudo. Alemania aprendió que no debía depender del gas ruso tras diversas maniobras de Putin en Ucrania e Irán, y ahora es el principal productor de energía solar de Europa gracias a la Energiewelde. Sí, Alemania. Sí, energía solar. Y sí, Alemania. ¿Quizá Venezuela o Argentina piensan en exportar su gas y su petróleo a China, entonces? Mejor que lo piensen dos veces. China es actualmente el principal productor de energías renovables de todo el planeta.

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Encuentro muy interesante esta contradicción: EEUU y la UE tratan de reducir su dependencia energética con el exterior, mientras que intentan potenciar su comercio en todo lo demás. Con Venezuela ocurre a la inversa. La exportación del petróleo ha sido siempre sagrada para un chavismo que no deja de restringir con mano férrea la entrada y flujo del resto de productos, incluso si eso supone herir de muerte el comercio, la industria y el avance tecnológico de la nación. La claustrofobia, la pobreza y la pérdida de derechos expulsan entonces a millones de personas venezolanas al exilio, que pasa a ser el principal feudo de la oposición antichavista. Y, frente al ‘enemigo exterior’, el chavismo opta siempre por el cierre de fronteras, especialmente cuando mira hacia Colombia y siente algo de aire tratando de entrar Venezuela. En las últimas semanas este aire parecía llegar en forma de una falsa ayuda humanitaria procedente de EEUU que, en mi opinión, constituyó un triste espectáculo y un movimiento torpe de injerencia por parte de la administración Trump, pero a pesar de todo creo que la escena de los camiones quemados sobre los puentes fronterizos dejó en evidencia una vez más al gobierno de Maduro. Y sí, de acuerdo, yo sé que Guaidó es un payaso que no tiene legitimidad, sé que la ayuda no era más que un show hollywoodiense y sé que Trump es un imperialista, un racista y un fascista. Pero si tu gente se exilia por millones y tu población se muere de hambre, ¿realmente es necesario quemar en su cara un camión lleno de arroz?

Maduro, como antes Chávez, utiliza mucho el término fascista para referirse a sus enemigos políticos, pero Maduro, como antes Chávez, comparte más cosas con el fascismo de las que quisiera reconocer. El fascismo de Mussolini luchó por la jornada laboral de 8 horas, expropió bienes estratégicos a las clases adineradas, expulsó capitales extranjeros del territorio nacional, promovió una economía autárquica y utilizó los recursos del Estado para perseguir a su oposición, cerrar medios de comunicación y juzgar y encarcelar a líderes disidentes, todo esto bajo la falsa premisa de un bien común envuelta en un ultranacionalismo cada vez más exacerbado. Toda esta lista ha sido y es central dentro del programa económico y político del chavismo desde hace más de veinte años, y se ha sostenido y se sostiene aún gracias al fantasma perpetuo del enemigo exterior, encarnado siempre en el imperialismo de los EEUU. Y yo no tengo problema en dar parte de razón a los chavistas y reconocer que las injerencias yankees no han cesado nunca ni en Venezuela ni en toda América Latina, pero los EEUU son densos e imperialistas por igual en todas partes, mientras que el desastre económico de Venezuela se está dando solo allí. Clinton, Bush, Obama y Trump no tienen la culpa del esperpento que es Venezuela hoy en día. Chávez y Maduro sí.

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¿Cómo puede tener un apagón de cuatro días un país autárquico sentado encima de la mayor reserva de petróleo no convencional en todo el planeta Tierra? Hay dos grandes tesis. Por un lado, los chavistas sostienen que es por causa de un sabotaje opositor patrocinado por los EEUU. Por otro, los antichavistas defienden que es por simple ineptitud. Yo claramente me posiciono como antichavista en este texto, pero creo que la razón es el sabotaje. La ineptitud ha estado siempre, siempre presente en los más de veinte años de chavismo en Venezuela, la fuga de cerebros ha estado siempre presente, la gestión nefasta de sus reservas ha estado siempre presente, pero su sistema energético nunca había quedado en ridículo hasta este extremo. ¿Un apagón general apenas días después de los camiones quemados en la frontera? Mucha, mucha coincidencia. Es un sabotaje, pero uno que busca despertar definitivamente a una población que durante décadas no ha alcanzado a ver otra solución al chavismo que la resignación o el exilio. Me molesta, me irrita sinceramente que EEUU esté detrás de este movimiento, me duele pensar que hay bebés muertos porque un yankee avispado pensó que era buena idea ‘apretar’ a la población venezolana para que tire abajo el gobierno de Maduro. Pero, sinceramente, ojalá lo hagan ya de una vez. Ojalá tengan elecciones limpias, una Asamblea legítima y un gobierno que los merezca. Ojalá asuman las riendas de su propio destino y dejen de ser títeres en manos de Maduro y Trump, victimarios perpetuos dentro de este juego infecto, inmundo del flujo global del petróleo.

Escrito por Darío V. Zalgade

Edgar Díaz Oval (Islas Canarias, 1983), más conocido como Darío Zalgade, es Licenciado en Letras Modernas (UNC) y Máster en Literatura Comparada (UAB). Se especializa en el estudio de la literatura latinoamericana contemporánea y el análisis estructural de la identidad. Es colaborador regular en las revistas literarias Quimera, Librújula y Oculta Lit, y fundador de la plataforma editorial Liberoamérica.
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